La libreta del hambre
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    Ser celíaco en Cuba
    Existe solo un restaurante en Cuba que garantiza un menú ‘gluten free’,
    se encuentra en el Hotel Meliá Habana y está completamente fuera del
    alcance de un celíaco cubano
    REGINA COYULA, La Habana | Marzo 13, 2015

    En la fiesta de fin de curso de mi hijo en tercer grado, luego de gastar
    energías en el juego, los niños se abalanzaron codiciosos sobre la
    merienda que habíamos confeccionado entre los familiares con imaginación
    y esfuerzo: ensalada “fría” (base de coditos), pastelitos, pan con pasta
    de bocaditos, croquetas de pescado y cake.

    Casi todos los muchachos se atiborraron. Solo Eliseo se mantuvo distante
    y entristecido. Su mamá recogió un poco de merengue del cake y sacó de
    una bolsa la merienda para Eliseo. Aquella fue la primera vez en mi vida
    que escuché hablar del síndrome celíaco, una condición autoinmune que le
    impide al organismo procesar el gluten, proteína presente en casi todos
    los cereales.

    Esa es solo una manifestación de las limitaciones sociales que implica
    el padecimiento; el impacto dentro de la familia es enorme cuando la
    enfermedad es diagnosticada en la infancia. Si difícil es educar al
    enfermo para que sea consciente de la importancia de evitar las comidas
    con gluten, presente en casi todos los alimentos y chucherías del agrado
    de los niños, tanto o más difícil será darse a la búsqueda de alimentos
    libres de gluten.

    Conozco de cerca las dificultades porque tengo dos hermanos con la
    enfermedad diagnosticada tardíamente, lo cual sucede con frecuencia pues
    puede mantenerse latente hasta que el daño en la vellosidad intestinal
    es crítico. Ellos manifiestan padecimientos colaterales como síndrome de
    mala absorción, intolerancia a algunos alimentos aunque no contienen
    gluten, osteoporosis y dermatitis, entre otros.

    Por el diagnóstico de la celiaquía, en Cuba los menores reciben una
    cuota de maicena y la eventual venta de pastas sin gluten hasta los 18
    años, a pesar de ser un padecimiento de por vida. Una dieta específica
    para ellos no aparece registrada en el Ministerio de Salud Pública.
    También existe otro problema. Como los alimentos distribuidos por la
    libreta de abastecimientos se venden a granel, no puede saberse su
    composición, por lo que mis hermanos deben abstenerse de comer cosas
    como picadillo de soya, jamón y jamonada o de tomar café mezclado.
    También deben leer la etiqueta de todos los productos, pues el gluten es
    sutil y aparece en componentes como la salsa de soya, el jarabe de
    malta, en la proteína vegetal y el almidón modificado, en casi todos los
    conservantes y aglutinantes; así que también les está vedada la leche en
    polvo, muchos helados y un buen número de quesos.

    Las frutas y los vegetales frescos son perfectos para la salud del
    celíaco, pero no para su bolsillo. Los precios son una dificultad
    añadida a la larga lista de dificultades que debe afrontar cualquier
    celíaco. A diferencia de la mayoría, no puede apelar a opciones más
    económicas como un pan con croqueta, un perro caliente o una pizza.

    Como se ve, es un panorama complejo. Cuando en las tiendas recaudadoras
    de divisas mis hermanos logran dar con productos sin gluten, son muy
    caros. Mi hermana, con más complicaciones que mi hermano, recibe por
    dieta médica carne y viandas, el arroz y los frijoles se han constituido
    en la principal base de su dieta, cualquier otro alimento asimilable
    debe comprarlo muy caro. El desayuno le resulta difícil, obligada como
    estuvo a renunciar a la leche y el pan; picar entre comidas se ha
    convertido en su obsesión, revisa una y otra vez libros de cocina
    buscando recetas para adaptar y ha conseguido un éxito notable en hacer
    comida muy sabrosa y variada en medio de sus limitaciones.

    En España visité un supermercado con el objetivo de sorprender a mis
    hermanos con algunos productos sin gluten. Me impresioné de la amplia
    sección en aquel establecimiento dedicada exclusivamente a comidas
    especiales. Mi hermana luego de cuatro años todavía recuerda emocionada
    el baguette que le traje: ¡Sabía a pan de verdad! Además les traje
    pizzas, tortas, galletas, pastas, pero no pudieron probar los chorizos y
    el jamón serrano gluten free pues me los quitaron en el aeropuerto sin
    acta de decomiso.

    El único sustituto fiable que tiene el celíaco cubano es la maicena.
    Hace unos años un gastroenterólogo infantil en la ciudad de Santa Clara
    supervisó la confección de un recetario para elaborar panes y dulces a
    base de harina de sorgo, cultivado en la Facultad de Ciencias
    Agropecuarias de la Universidad Central de Las Villas, pero ese logro
    para los niños que pudieron degustar panes, galletas y dulces no
    trascendió y fue imposible localizar el recetario y al gestor de esta
    iniciativa, pues abandonó el país hace dos años.

    En casi todos los países con una población significativa, los celíacos
    han constituido asociaciones y han logrado que se legisle el etiquetado
    de los alimentos como es el caso de Argentina o la Unión Europea. No se
    puede perder de vista que los celíacos se ven obligados a evitar,
    aproximadamente, el 70% de los alimentos envasados o elaborados. En
    Cuba, al ser una iniciativa espontánea, la asociación celíaca se
    desintegró y no existe legislación para regular el etiquetado de los
    alimentos y el uso del símbolo internacional gluten free.

    Si el celíaco decide comer en un restaurante, debe ser muy cuidadoso
    pues la contaminación cruzada se produce al cocer alimentos para un
    celíaco en un recipiente donde con anterioridad se preparó un plato con
    trigo, digamos, un empanizado. Existe solo un restaurante en Cuba que
    garantiza un menú gluten free, se encuentra en el Hotel Meliá Habana y
    está completamente fuera del alcance de un celíaco cubano.

    En La Habana se acondiciona la panadería La Antigua Chiquita para el
    expendio de panes y dulces sin gluten. Las máquinas y hornos son nuevos
    y las harinas serán importadas, única manera de garantizar el 100 %
    gluten free, pues en Cuba los molinos procesan indistintamente cereales
    con y sin gluten, lo que produce también contaminación cruzada.

    Ya le he recomendado a mis hermanos que estén al tanto de la apertura de
    esta panadería remozada para que aprovechen la bonanza inicial, pues de
    acuerdo con la experiencia de tantos años, al principio habrá un surtido
    variado, luego la variedad irá languideciendo, después desaparecerán los
    dulces y posteriormente pegarán en la puerta un papel manuscrito:
    “Cerrado hasta nuevo aviso”.

    Source: Ser celíaco en Cuba –
    http://www.14ymedio.com/sociedad/celiaco-Cuba_0_1741625825.html

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