La libreta del hambre
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    El Documento para la estampida
    El pasado año las autoridades consulares de Estados Unidos otorgaron más
    de 57 mil visas a cubanos. Según cifras del Ministerio del Interior en
    la Isla, la tercera parte de nuestra gente que viajó al exterior en
    2014, lo hizo a EE.UU, y el 60 por ciento no habría regresado
    viernes, abril 17, 2015 | José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba. — Es posible que en el mundo real sea ordinario poseer
    un pasaporte. Pero en la virtual Comala donde vivimos constituye una
    conquista que no tuvo precedentes durante demasiado tiempo. El libre
    derecho a obtener un pasaporte (después que nos fue negado durante medio
    siglo) significa hoy para nosotros una luz al final del túnel. Es el
    primer paso para librarnos (aunque sea por unos días pero mejor para
    siempre) de la miseria, el atraso y la falta de oportunidades a los que
    nacemos condenados por destino histórico, llamémoslo así.

    Mientras el gobierno de Cuba intenta exigir al de Estados Unidos la
    derogación de la Ley de Ajuste como un requisito indispensable para el
    restablecimiento de relaciones políticas y comerciales, y al tiempo en
    que muchos de los gobiernos latinoamericanos apuntan hacia nuestra
    aberrante dictadura como un ejemplo a seguir, la gente de a pie en la
    Isla solamente cifra sus esperanzas en la estampida. Es otro de esos
    casos en que la realidad echa por tierra los discursos.

    Así pues, el temor de que más temprano que tarde sea abolida la Ley de
    Ajuste Cubano, no sólo ha vuelto a disparar los índices de los
    desesperados que huyen en frágiles embarcaciones. Todo lo que vuele o
    flote vuelve a ser buen vehículo y todas las variantes parecen pocas.
    Entre ellas la posibilidad de viajar legalmente, tanto a los Estados
    Unidos como a cualquier otra nación que sirva de trampolín. Y es ahí
    donde el pasaporte perdió su apelativo corriente para conquistar un
    nombre, sinónimo de exclusividad, como ya sucedió antes con el partido
    comunista, al que llamamos El Partido, descartando la cabida de los
    otros, o con la cuartilla de racionamiento, a la que eufemísticamente
    llamamos La Libreta.

    El pasado año las autoridades consulares estadounidenses en La Habana
    otorgaron más de 57,000 visas a cubanos que solicitaban viajar a su
    país. Según cifras de la Dirección de Inmigración y Extranjería del
    Ministerio del Interior en la Isla, la tercera parte de nuestra gente
    que viajó al exterior en 2014, lo hizo a E.U, y el 60 por ciento no
    habría regresado. 2,059 navegantes cuasi suicidas sobre diversas
    cáscaras flotantes fueron interceptados en el Estrecho de la Florida.
    815 lograron llegar para recibir refugio gracias a la Ley de Ajuste.
    22,567 accedieron a suelo estadounidense mediante sus fronteras por tierra.

    Según estimados recientes de la Oficina de Aduanas y Protección de
    Fronteras, en Estados Unidos, en el primer trimestre de 2015 se observa
    un incremento de 60 por ciento entre nuestros compatriotas que emigran
    hacia esa nación.

    A nadie debe extrañar entonces que en las oficinas habaneras del DNI
    (donde expiden El Documento), las colas de gente ansiosa compitan en
    estos días con las que hacemos para comprar papas en los agro-mercados.
    La diferencia, a favor de estos últimos, es que en las tarimas de papas
    sólo venden papas, mientras que en las oficinas del DNI las colas son
    para todo en uno, o sea, la misma para varias gestiones diferentes, por
    lo que el servicio resulta abusivamente lento y agobiante, a pesar de
    que, a diferencia de las papas, el pasaporte cuesta 100 cuc, una cifra
    muy por encima del salario medio del cubano.

    Constantes averías en las conexiones informáticas de estas oficinas,
    demoras injustificables en la atención, errores, fallas técnicas…
    coronan la única respuesta que al parecer puede dar el gobierno a una
    demanda de servicios tan masiva y que tan suculentas ganancias le está
    reportando. No obstante, la gente insiste, testaruda. Han hecho
    malabares económicos para pescar su pasaporte y no habrá cola larga ni
    indolencia burocrática que les desestimulen. El Documento es hoy aquí la
    buena noticia con la que todos esperan ponerse al día.

    Mientras, la mala noticia, tanto para el régimen de Cuba como para los
    cientos de miles de ciudadanos de la Florida que deploran la posibilidad
    de que nuestra gente de a pie (ansiosa por escabullirse de los horrores
    de la dictadura totalitarista y de la falta de esperanzas) emigre como
    pueda hacia tierras estadounidenses, es que con la Ley de Ajuste Cubano
    o sin ella, a través del mar o el aire, por terceros países o como tenga
    lugar, continuará haciéndolo, porque sus motivaciones, muy por encima de
    toda regulación y de toda política, no han cambiado ni una pizca: se
    trata del impulso defensivo, inherente a los seres humanos, de
    arriesgarlo todo en busca de un mínimo de seguridad para la vida.

    Bruce Springsteen afirma en una de sus canciones: “Aprendimos más con un
    disco de tres minutos que con todo lo que nos enseñaron en la escuela”.
    Aquí la máxima es aplicable a El Documento, cuyo nombre propio nos
    enseña más sobre la historia de la revolución cubana que los cientos de
    miles de libros y panfletos y discursos y textos para escolares que se
    han publicado en medio siglo.

    Source: El Documento para la estampida | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/opiniones/el-documento-para-la-estampida/

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