La libreta del hambre
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    El proteccionismo estatal contrajo una enfermedad terminal
    abril 30, 2015 1:44 am·

    Cuba actualidad, Capdevila, Boyeros, La Habana, (PD) Uno de los rasgos
    que caracterizaron el gobierno de Fidel Castro fue su naturaleza
    populista e igualitaria.

    La mayoría de los servicios que se brindaban a la población, como la
    educación, la salud, la seguridad y asistencia social, la cultura y el
    deporte, eran gratuitos.

    De igual forma, los alimentos básicos de la canasta familiar, las
    medicinas, el agua, la electricidad, el pago del alquiler, los servicios
    telefónicos, el pago de la trasportación pública, la radio y la
    televisión, todo era subsidiado por el Estado cubano.

    Debido al alivio que significaba para el bolsillo de los trabajadores la
    política de gratuidades y subsidios del gobierno, los salarios
    alcanzaban para hacerle frente a otros problemas menos perentorios.

    En sus largos discursos, Fidel Castro se esforzaba para que los que lo
    apoyaban se percataran de su preocupación de que ellos no pasaran
    necesidades.

    Fidel Castro nunca vaciló en recurrir a los métodos más despiadados con
    el fin de silenciar al costo que fuera necesario, cualquier disenso u
    oposición contra su personal estilo de gobierno. Lo único que siempre le
    interesó fue que sus criterios prevalecieran. Sus órdenes las hacía
    cumplir sin miramientos.

    Para que sus designios se cumplieran, Fidel Castro se valía del Partido
    Comunista, el parlamento y el gobierno, a los cuales nunca tuvo en
    cuenta, pero los utilizaba para que se ocuparan de dar una imagen que
    escondiera la naturaleza antidemocrática y dictatorial del régimen.

    El sistema igualitario y la política de subsidios a cambio del apoyo
    político del pueblo recibió un golpe mortal con la desintegración de la
    Unión Soviética, que provocó que desapareciera de un día para otro el
    caudal de miles de millones de dólares que los gobernantes del Kremlin
    le concedían a Cuba a cambio de su conversión en un portaviones a 90
    millas de los Estados Unidos.

    Con la excepción de la salud, la seguridad y asistencia social, la
    educación y el subsidio de los productos de la canasta básica, las demás
    actividades, como la cultura, el deporte y determinados servicios,
    empezaron a pagarse.

    Cientos de miles de trabajadores quedaron cesantes debido que sus
    centros laborales, al no disponer de los recursos y las materias primas
    que llegaban de los desaparecidos países socialistas y la desintegrada
    Unión Soviética, no hubo otro camino que cerrarlos definitivamente.

    Fidel Castro, para salvar su régimen, impuso el llamado “Periodo
    Especial en tiempo de paz”, con el cual se redujeron de manera drástica
    las asignaciones presupuestarias que garantizaban las gratuidades y
    subsidios a un elevado número de actividades.

    Tal fue la debacle económica que no quedó otra salida que disolver
    cientos de empresas agrícolas, cuyas tierras y recursos se asignaron en
    usufructo perpetuo a los integrantes de las nuevas formas de explotación
    agrícola, las “Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

    Fidel Castro se vio obligado a autorizar contra su voluntad los pequeños
    negocios privados, que eran la bestia negra de su particular e
    improductivo sistema socialista.

    Tan pronto como en 1999 Hugo Chávez asumió como presidente de Venezuela,
    se produjo un acelerado acercamiento entre Caracas y La Habana. Como
    resultado de la identificación política e ideológica de Chavez y Fidel
    Castro, ambos mandatarios firmaron diversos convenios de colaboración y
    asistencia recíproca que se materializaron con la compra de miles de
    barriles diarios de petróleo venezolano que el gobierno de Chavez le
    vendía a precio subsidiado.

    A costa prácticamente de la desaparición de los servicios primarios de
    salud en Cuba, comenzó la exportación hacia Venezuela de miles de
    médicos y paramédicos cubanos, lo que representó el ingreso de miles de
    millones de dólares con los cuales Fidel Castro salvó a su dictadura y
    reactivó su política voluntarista, reflejada nuevamente en las
    gratuidades y subsidios.

    Cuando Fidel Castro se percató de que en las arcas del Estado cubano
    había suficiente dinero, comenzó aplicar un desmesurado estatismo.
    Redujo a su mínima expresión la presencia de empresas extranjeras
    radicadas en Cuba, y prácticamente hizo desaparecer los pequeños
    negocios privados. Tales medidas las justificó con la aplicación de su
    demencial versión de la Revolución Cultural de Mao Tse Tung: la Batalla
    de Ideas.

    Fidel Castro, el 31 de julio de 2006, anunció que renunciaba por razones
    de enfermedad y traspasaba el bastón de mando a su vicepresidente, el
    General Raúl Castro, sin que mediara una sesión extraordinaria del
    parlamento, que era el único autorizado, de acuerdo al artículo 94 de la
    Constitución de la República, para aprobar dicha renuncia y autorizar el
    nombramiento provisional del nuevo presidente hasta las próxima
    elecciones, algo que el renunciante nunca tuvo en cuenta.

    En una pantomima parlamentaria realizada el 24 de febrero de 2008, los
    diputados unánimemente eligieron a Raúl Castro como presidente. Fue
    reelegido con los mismos procedimientos en la farsa electoral del año
    2013. En ninguna de las dos ocasiones Raúl Castro presentó su programa
    de gobierno.

    Aunque no se ha dicho oficialmente, dicho programa, de acuerdo al
    titular de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, está
    contenido de manera bastante general en los 313 Lineamientos Económicos
    aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista.

    El gobierno de Raúl Castro, en sus dos mandatos, se ha caracterizado por
    la aplicación una despiadada política de ajuste económico, que se ha
    materializado en el acelerado desmonte de toda la política de
    gratuidades y subsidios que aplicó Fidel Castro.

    Estos ajustes han provocado la miseria y la precariedad creciente de la
    población cubana.

    Dicha política de ajuste de Raúl Castro está dirigida a detener y
    superar -sin que lo haya logrado hasta el momento- el desastre en que
    dejó la economía su predecesor.

    Raúl Castro no ha vacilado en ponen fin de manera gradual pero
    indetenible, a todo lo que tiene que ver con las gratuidades, con la
    excepción de la salud y la educación. Ha suprimido los subsidios a un
    elevado número de productos, muchos de ellos de primera necesidad, que
    la población compraba a precios relativamente bajos.

    Esta salvaje política de eliminación de gratuidades y de subsidios, que
    ha sido aplicada de manera despiadada en los seis años que llevan en el
    poder los actuales gobernantes, cobra mayor dramatismo porque no ha
    resuelto los problemas que más afectan el estándar de vida de la población.

    No hay señal alguna de que vayan a subir los salarios a los
    trabajadores, que se han estancado en el equivalente a 18 dólares mensuales.

    Los trabajadores, con ese poco dinero, solo tienen la posibilidad de
    adquirir por la libreta de abastecimientos los pocos alimentos
    subsidiados, que solo les alcanzan -cuando más- para comer 10 días. Para
    terminar el mes, tienen que salir a buscar como sea el dinero para poder
    malcomer los restantes días del mes.

    El otro problema que se refleja en la creciente precariedad de la
    población es la doble circulación monetaria, vigente desde el 13 de
    agosto de 1993. Los cubanos solo podían comprar en las Tiendas de
    Recuperación de Divisas (TRD) en dólares, cuando su salario es en pesos
    cubanos. Hará ya un año que estas tiendas ya venden en las dos monedas,
    al canje de un dólar por 25 pesos, es decir que todo sigue igual, pero
    el precio de los artículos en estos establecimientos todavía mantiene de
    manera arbitraria la tasa del 240% sobre su precio minorista original.

    Un elevado por ciento de la población necesita reparar y construir sus
    viviendas, que por los muchos años de falta de mantenimiento, están en
    muy mal estado o presentan peligro de derrumbe.

    Todos aquellos que acuden a los establecimientos que venden materiales
    de construcción, se percatan de que los precios son de mercado, que
    ninguno está subsidiado. Un saco de cemento, por ejemplo, cuesta 4
    dólares. A aquellos cuyo salario no rebasa los 20 dólares mensuales les
    resulta bastante difícil adquirirlos.

    La población se queja de los altos precios de los productos de la
    agricultura. Con los míseros salarios que devengan la mayoría de los
    trabajadores, no pueden garantizar las compras de los alimentos
    liberados en la red minorista en dólares y pesos cubanos, lo que indica
    que la situación es insostenible, debido a la indetenible la subida de
    los precios.

    La producción de viandas y hortalizas en el año 2014 ascendió a 4 020
    900 toneladas, 171 000 toneladas de carne de cerdo y se acopiaron 497
    100 000 litros de leche. Las mayores producciones fueron reportadas por
    las cooperativas agropecuarias, los campesinos y usufructuarios de
    tierra, que en conjunto alcanzaron el 85,9% del total de lo producido. O
    sea, fueron las formas de propiedad no estatal en la agricultura las que
    produjeron las mayores cantidades de alimentos.

    Los precios continúan cada día más elevados, porque los productores se
    quejan de que los insumos que necesitan para garantizar sus cosechas
    tienen que comprarlos a altos precios en las tiendas del Ministerio de
    Comercio Interior (MINCIN) y en los 147 centros comerciales
    administrados por el Grupo Empresarial de Logística del Ministerio de la
    Agricultura.

    Los desproporcionados precios de los insumos sirven de justificación a
    los cooperativistas, los campesinos y los usufructuarios de tierra, para
    argumentar que no les queda otra salida que comercializar sus cosechas a
    altos precios para poder tener un margen de ganancia. Luego del mucho
    dinero invertido para lograr sus cosechas, rebajar los precios les
    acarrearía grandes pérdidas.

    El gobierno cubano no acaba de aplicar, como las circunstancia lo
    exigen, una política de subsidios a los productores agrícolas, como en
    muchos países. Es esa y no otra la causa de los altos precios en que se
    ofertan en el mercado minorista los productos del agro. El principal
    responsable de que esto ocurra son las autoridades, que contemplan
    indiferentes como las familias se ven obligadas a pagar los prohibitivos
    precios en que se venden estos alimentos.

    Para Cuba actualidad: origenesmadiba@gmail.com

    Source: El proteccionismo estatal contrajo una enfermedad terminal |
    Primavera Digital –
    http://primaveradigital.net/el-proteccionismo-estatal-contrajo-una-enfermedad-terminal/

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