La libreta del hambre
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    El atractivo internacional de Cuba con Raúl Castro
    El mundo se embelesa por visitar La Habana
    Eugenio Yáñez, Miami | 21/05/2015 11:37 am

    Cada vez son más los visitantes de naciones desarrolladas o
    tercermundistas, y no me refiero a turistas, interesados en pasar por La
    Habana y conversar con Raúl Castro sobre oportunidades comerciales.
    Algunos desean, además, visitar el Parque Jurásico Punto Cero y
    fotografiarse con el tiranosaurio. Y ninguno muestra demasiado interés
    en conversar sobre libertades individuales, derechos humanos o respeto a
    opiniones divergentes.
    Ya han desfilado por La Habana este año, y cito de memoria, el
    presidente francés, el presidente serbio, el canciller japonés, la jefa
    de la diplomacia de la Unión Europea, un Secretario de Estado español,
    otro italiano y otro holandés, altos funcionarios del Vaticano,
    ministros rusos, gobernadores y alcaldes americanos, jefes de gobierno
    caribeños, una delegación de empresarios británicos, funcionarios de la
    ONU, UNESCO, OPS y FAO, el presidente venezolano para recibir
    instrucciones, cabilderos americanos, el vicepresidente angoleño,
    ministros chinos, árabes, vietnamitas, mexicanos, uruguayos,
    ecuatorianos, brasileños, argentinos, guyaneses, argelinos, panameños,
    costarricenses, millonarios norteamericanos, canadienses y europeos, el
    ex-presidente del gobierno español, “celebridades” intrascendentes,
    inversionistas, artistas de fama mundial, rectores universitarios, y
    burócratas de lujo. Pronto visitará Cuba el presidente salvadoreño. El
    Papa Francisco arribará en septiembre, y están en “la cola”, para
    futuras visitas el Secretario de Estado de Estados Unidos para reabrir
    la embajada americana en La Habana, otros miembros del gabinete en
    Washington, y hasta el mismísimo presidente Barack Obama antes de
    culminar su mandato.
    ¿Qué atractivo tiene la empobrecida Cuba de Raúl Castro para tantas
    personas decentes y otras no tan decentes? En parte por la supuesta
    “nueva” ley de inversiones; por el “paquete” de proyectos para
    inversionistas foráneos que el ministro Rodrigo Malmierca presenta a
    todo el que desee oírlo; por el publicitado superpuerto de Mariel donde
    ahora sabemos que no garantiza el calado requerido para buques súper
    PostPanamax, problema para el cual una solución realista y efectiva es
    extremadamente compleja, demorada y costosa; o por la bochornosa oferta
    de fuerza de trabajo calificada y dócil, controlada por empresas
    estatales encargadas de esquilmar cubanos y pagar a inversionistas
    extranjeros, quienes se evitan reclamos sindicales, problemas de
    disciplina laboral o personas sin calificaciones adecuadas. Pero no para
    ver un remozado Capitolio cuya renovación tarda más que su construcción
    original hace más de ochenta años.
    El atractivo, ante todo, es porque se trata de un país en venta,
    ofrecido sin remilgos ni pruritos al mejor postor, con prisa y sin
    pausa, buscando asegurar la tajada que añoran los presuntos herederos
    del desmadre cubano, pensando que su momento no demora demasiado. Así
    que quien pague mejor y más rápido tendrá preferencia, sean rusos,
    americanos, árabes, chinos, españoles, japoneses o marcianos. Ese es el
    principalísimo atractivo de la isla esclava en estos momentos. Que no es
    poca cosa.
    Más allá de eso, queda una morbosa y enfermiza nostalgia por una isla
    arcaica, anclada en la Guerra Fría y el “antiimperialismo consecuente”,
    la libreta de racionamiento, la ineficiente propiedad estatal, un
    partido comunista reaccionario, excluyente, machista y troglodita,
    aferrado a un poder que se desmorona diariamente, una ideología quebrada
    y sin brújula que venera a Lenin, Mao, el tío Ho y Fidel Castro, y una
    gerontocracia opuesta al progreso, la Internet y wi-fi, la televisión
    satelital, la propiedad privada, el deporte profesional y la libertad de
    comunicaciones, pensamiento, expresión y prensa.
    Lamentablemente, entre los atractivos más destacados para visitantes
    extranjeros de todo tipo, recursos y concepciones de la decencia, se
    mencionan insistentemente los “almendrones”, fósiles de automóviles
    americanos de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, que
    funcionan y brindan servicio todavía gracias a la inventiva cubana y la
    adaptación de piezas y repuestos de todo tipo y procedencia, no siempre
    legal. El otro lamentable atractivo que Cuba ofrece a quienes la
    visitan, y no me refiero ahora a dignatarios, es esa antiquísima
    profesión conocida en la Isla como “jineteo”, que hace tiempo dejó de
    limitarse a servicios sexuales de mujer a hombre, por pago, para abarcar
    todo tipo de relaciones sexuales, sin importar la cantidad ni el sexo de
    los participantes, ni como se combinan en las “acciones” eróticas. Esa
    lacra supuestamente eliminada por la revolución tiene más fuerza y
    alcance que antes de 1959, y cuenta además con aportes sofisticados de
    la tecnología al servicio de la lujuria.
    Como mercado interno de interés para potenciales inversionistas o
    exportadores, Cuba tiene poco que ofrecer. 11,2 millones de personas
    empobrecidas hasta niveles mínimos de subsistencia por políticas
    gubernamentales criminales y fracasadas, que no se reproducen y
    envejecen inexorablemente, conforman una demanda potencial abstracta e
    inoperante, en una sociedad donde el paradigma, sobre todo de los
    jóvenes, es irse a cualquier lugar del mundo y escapar del paraíso de
    los Castro. País con industria obsoleta, sin créditos ni financiamiento,
    tecnología desfasada, y cultura empresarial más propia del capitalismo
    europeo del siglo 19 que del 21. Y una aberrante dualidad monetaria que
    imposibilita calcular costos o entender cuentas, que ni conviene ni
    resuelve nada a nadie, más allá de a miles y miles de corruptos que
    aprovechan el río revuelto para multiplicar sus ingresos.
    Ante estas realidades, ¿cuál es el verdadero atractivo de la Cuba de
    Raúl Castro que atrae visitantes extranjeros como miel a las moscas,
    además de los tres millones de turistas anuales que ya recibió el año
    pasado?
    Quizás asistir a un bazar nacional donde todo está en liquidación. Tal
    vez conocer una máquina del tiempo que funciona solamente hacia atrás. O
    pretender observar en vivo el camino hacia el medioevo.
    O las tres cosas a la vez.

    Source: El atractivo internacional de Cuba con Raúl Castro – Artículos –
    Opinión – Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-atractivo-internacional-de-cuba-con-raul-castro-322868

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