La libreta del hambre
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    Cuando se pierden los huevos
    REINALDO ESCOBAR, La Habana | 30/07/2015

    Un día es el aceite de cocina, otro las frazadas de limpiar el piso o el
    detergente de fregar, pero siempre hay un producto que de buenas a
    primeras se pierde de los estantes y no aparece ni en los mercados
    racionados, ni en las tiendas que venden en pesos convertibles, “ni en
    los centros espirituales” dicen algunos.

    Cuando se pierden los huevos, casi nunca es culpa de las gallinas, sino
    de una mala organización en la producción o la distribución. El huevo es
    un protagonista clave en la dramática situación alimentaria de los
    cubanos. Es, como dice mi vecina Magdalena, “el que no puede faltar”,
    por eso le dicen “el salvavidas”. Sin embargo se pierde, desaparece,
    hace ¡puf! como en los actos de magia y entonces se ponen a funcionar
    las formas alternativas de comercialización.

    En la libreta de racionamiento, a cada ciudadano le tocan cinco huevos
    al mes a un precio de 15 centavos cada postura. En los mercados
    liberados, un cartón de 30 piezas vale 33 pesos nacionales, en la
    shopping cobran 3,60 CUC, casi el triple comparado con el liberado de
    moneda nacional (CUP). En el mercado negro, que funciona bajo la
    estricta regla de oferta y demanda, siempre será más caro que el
    racionado y más barato que el de pesos convertibles y valdrá más o menos
    del que venden de forma liberada en dependencia de que esté presente o
    ausente.

    En marzo de este año, se destapó un sonado caso de corrupción en el que
    19 funcionarios de una empresa estatal fueron condenados a penas de
    entre 5 y 15 años de prisión, por su implicación en el desvío de más de
    8 millones de huevos al mercado ilegal, lo que ocasionó una afectación
    económica ascendente a 8.907.562 pesos. Pero nadie puede creer que una
    vez que fueron descubiertos esos infractores se dio por terminado el
    trasiego. Basta que vuelvan a escasear para que se arme un nuevo
    trapicheo en el que cada cual juega su rol de mayor o menor riesgo, de
    mayor o menor esfuerzo y, desde luego, con menos o más ganancia.

    En la época en la que no se habían autorizado las cafeterías y
    restaurantes particulares, el mercadeo clandestino de huevos se limitaba
    al puertapropismo consistente en ir de puerta en puerta ofertando la
    mercancía. Nunca olvidaré un día que a mi casa llegó una señora
    acompañada de un niño que llevaba una pelota de playa. “¿Quiere huevos a
    peso?”, me preguntó. “Deme diez”, le dije y entonces, como por encanto,
    sacó los huevos de la pelota. Ahora los dueños de paladares y
    especialmente los que hacen dulces monopolizan la compra. Los medios
    oficiales intentan que sean los emprendedores privados quienes carguen
    con la culpa de la escasez y hasta se les quiere responsabilizar con los
    frecuentes desvíos, que son casi secuestros, de lo que sale de los
    almacenes rumbo al mercado.

    El ciclista de la foto anduvo varios kilómetros por la avenida Rancho
    Boyeros de La Habana con su preciosa carga. Al principio intentó
    pedalear, pero la altura de su estiba le hacía perder el equilibrio. A
    lo largo de su recorrido sufrió todo tipo de bromas de taxistas y
    camioneros, pero tuvo suerte de toparse con una patrulla de la policía.

    Source: Cuando se pierden los huevos –
    http://www.14ymedio.com/blogs/desde_aqui/pierden-huevos_7_1825087474.html

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