La libreta del hambre
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    En Cuba no se come para vivir, se vive para comer
    El gran debate en Cuba es conocer cuándo va aterrizar en la mesa de los
    cubanos el cacareado crecimiento macroeconómico
    SURREALISMO | 07 de Julio de 2015
    LA HABANA.- IVÁN GARCÍA
    ESPECIAL

    Juliana, 73 años, ama de casa, dedica gran parte de su tiempo a faenas
    relacionadas con la alimentación de su familia. “Pierdo ocho horas en
    limpiar arroz, escoger frijoles, que vienen muy sucios, comprar el pan,
    recorrer agros, carnicerías y bodegas, a ver qué llegó y preparar el
    almuerzo y la comida”, señaló, mientras preparaba un potaje de frijoles
    negros.

    El perfil de Juliana y los suyos no se corresponde con el patrón
    nacional: todavía en su casa se desayuna, almuerza y cena. “Mis hijas
    tienen buenos salarios y recibo dólares de parientes en Estados Unidos,
    que se esfuerzan en alimentarnos lo mejor posible”.

    En Cuba se vive para comer. La adquisición de alimentos devora el 90%
    del salario. “Y no alcanza. Si no gasto todo mi sueldo en la ‘jama’
    (comida) es porque debo pagar luz, agua y gas”, apuntó Reinier, obrero.

    El salario promedio en la Isla ronda los 23 dólares. A precios
    subsidiados, mensualmente el Estado vende por la libreta de
    racionamiento una reducida canasta básica consistente en 7 libras de
    arroz, 3 libras de azúcar blanca y 2 de azúcar prieta, 20 onzas de
    frijoles, una libra de pollo y medio kilogramo de picadillo de res
    extendido con soya. La cuota per cápita no sobrepasa los 20 pesos (menos
    de un dólar). Además, cada persona tiene derecho a un panecillo diario
    de 80 gramos por cinco centavos.

    “Esa cuota no alcanza más allá de diez días. El resto del mes es cuando
    comienza lo bueno. La gran tragedia del cubano es el asunto de la
    comida. Incluso teniendo dinero no encuentras lo que quieres. Ni en las
    tiendas por divisas ni en el mercado negro. El problema de la
    alimentación es súper estresante”, comentó un médico habanero.

    En las consultas de hospitales, a cambio de un trato esmerado, es
    habitual hacerle regalos a los galenos. “Los pacientes suelen darnos
    alimentos. Sándwiches de jamón y queso, muslos de pollos o una pierna de
    cerdo. Muchos médicos tenemos una vida más holgada gracias a esos regalos”.

    Misterioso crecimiento

    El gran debate en Cuba es conocer cuándo va aterrizar en la mesa de los
    cubanos el cacareado crecimiento macroeconómico. Desde hace 15 años,
    según el régimen, el PIB crece en flecha.

    Pero ese incremento no se revierte en una bajada de precios en los
    alimentos ni en el aumento de la producción. Cuando usted revisa los
    indicadores de producción cárnica, avícola, pesquera y agropecuaria, el
    aumento es ínfimo. Y en muchos casos ha habido retrocesos.

    La otrora fuente azucarera del mundo produce menos de dos millones de
    toneladas de azúcar. La leche de vaca es un lujo, igual que la carne de
    res, pescados y mariscos.

    Frutas como la guanábana, chirimoya, anón o naranja son un recuerdo
    lejano en el paladar del cubano. Tras el ligero crecimiento de ciertas
    leguminosas y hortalizas, se esconde una hábil manipulación. El gobierno
    vende humo.

    En ningún rubro alimenticio el crecimiento alcanza las cotas de 1989.
    Una época donde también existía escasez, pero la producción de pan,
    leche, huevos o papas compensaba la demanda.

    Ahora no. Dice un chiste que, antes de comenzar el noticiero, las
    personas sitúan jabas debajo del televisor, para recoger las frutas,
    vegetales y carnes cuyas cosechas sólo crecen en los medios oficiales.

    Una familia promedio en Cuba prepara una sola comida caliente al día.
    “En el almuerzo se calienta la sobra de la noche anterior. Los domingos
    se suele hacer un buen almuerzo, con carne de cerdo o pollo, y por la
    noche se come algo ligero. El menú habitual de lunes a sábado es arroz
    blanco o congrí, huevo en cualquiera de sus variantes y ensalada de
    pepino, col, aguacate o tomates”, dice Regla, profesora que en su casa
    cocina para su esposo y dos hijos.

    Excepto que haya una visita, para no tener que fregar demasiado, toda la
    comida se sirve en un mismo plato. La mayor cantidad es de arroz.
    Algunos no comen ya en la mesa. Lo hacen viendo el televisor.

    Los precios en tiendas en moneda dura son de espanto. Un kilogramo de
    queso blanco de producción nacional cuesta 3.75 cuc, que equivale a 3.75
    del salario promedio de 23 dólares al mes.

    Asimismo, el jamón supera los 8 cuc y medio kilogramo (kg) de bistec de
    res ronda los 10 cuc. Una bandeja con un kg de muslos de pollo cuesta
    2.40 cuc. Una lata de atún de mil gramos 8.90 y un litro de aceite, 2.10
    cuc.

    En los agromercados se puede comprar con pesos cubanos. Pero la
    inflación engulle también la moneda nacional. Una libra de bistec de
    cerdo, 45 pesos, que corresponde al 9.55% del salario medio estatal de
    471 pesos.

    La libra de frijoles negros cuesta 12 pesos y 14 pesos la de colorados.
    Los garbanzos son más caros: entre 18 y 20 pesos la libra. Una libra de
    tomates, 15 pesos. Un aguacate, 10. Una libra de mango, de 5 a 6 pesos,
    y una libra de maní, 16 pesos.

    “Una vez a la semana voy al agro y hago una factura para mi casa. Gasto
    unos 1,200 pesos (55 dólares) y alcanza para cuatro o cinco días. Por el
    camino que vamos, en cualquier momento nos comemos el dinero”, expresó
    Gerardo, trabajador privado.

    Las personas pobres, que son mayoría, o las de bajos ingresos que no
    tienen familiares al otro lado del charco, se alimentan poco y mal. “Mi
    plato fuerte suelen ser las croquetas de ‘averigua’ (pollo según el
    Gobierno), salchichas que venden a 1.10 cuc el paquete o huevo, el plato
    nacional por excelencia”, comentó Carmen, jubilada.

    Los de bolsillos amplios se alimentan mejor. Hacen compras en moneda
    dura y en el mercado negro o subterráneo adquieren mariscos, pescado
    fresco o carne de res. Pero todos, tengan más o menos dinero, la mayor
    parte de sus ingresos lo dedican en alimentarse. En Cuba no se come
    para vivir, se vive para comer.

    Source: En Cuba no se come para vivir, se vive para comer :: Diario las
    Americas :: Cuba –
    http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3207267_en-cuba-no-se-come-para-vivir-se-vive-para-comer.html

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