La libreta del hambre
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    El paquete
    septiembre 3, 2015 12:46 am·

    Santos Suárez, La Habana, Frank Cosme, (PD) Hace poco apareció un
    artículo sin firma en el blog dedicado a la propaganda comercial
    Marketing Directo. En él se hace un resumen de lo que fue la propaganda
    comercial en Cuba antes de 1959.

    Si bien es cierto que en ese año el nuevo gobierno promovió empresas,
    industrias y el mercado nacional frente a los productos extranjeros,
    también desconocieron o pasaron por alto algunas cosas que vale la pena
    tener presente.

    Dice el articulista que esta promoción estaba precedida por dos slogans:
    1-Consuma productos cubanos, así también se hace patria.
    2- Conozca a Cuba primero y al extranjero después.

    El segundo era el estribillo de una canción de Eduardo Saborit, que
    enumeraba las bellezas de distintos lugares de Cuba, como el valle de
    Yumurí y la playa de Varadero. Era justamente una publicidad contra la
    tendencia de los que en aquellos años viajaban a otros países sin
    conocer el suyo en primer término.

    Recuerdo haber tenido una gorra con ese estribillo y unas litografías en
    la misma gorra que recordaban la Estatua de la Libertad de New York y la
    Ermita de la Caridad del Cobre de Santiago de Cuba.

    En el citado artículo tampoco apareció lo que fue el clímax de aquella
    publicidad, la Primera Exposición de Productos Cubanos, en abril de 1959
    y de la que se hicieron eco los estudiantes de medicina influidos por
    esta resonancia publicitaria.

    Echando a un lado estas omisiones, las cuales ya estamos acostumbrados a
    leer en la prensa foránea, coincido con el artículo en que la industria
    publicitaria -que empleaba más de 100,000 personas, según el Nuevo
    Herald- dejó su función comercial para convertirse en la principal arma
    de propaganda del nuevo régimen.

    Tampoco menciona el citado artículo que muchos de los antiguos
    promotores comerciales en la TV, con una alta profesionalidad
    reconocida, como Manolo Ortega, Consuelo Vidal, Odalys Fuentes, Cepero
    Brito, etc, pasaron a convertirse en voceros del nuevo gobierno.

    Esta función de propaganda comercial cesó justamente cuando vino el
    racionamiento de alimentos y productos comerciales con el advenimiento
    de la Libreta de Abastecimientos.

    Transcurridos más de 56 años de régimen socialista, ha resurgido la
    publicidad en Cuba. Primero fue casi underground. En estos momentos,
    está en pleno desarrollo. Como antaño, aparece ya en las páginas
    amarillas de la guía telefónica.

    Como en este país la gente se la pasa inventando, hace algunos años que
    comenzó a circular lo que aquí les dio por llamar el Paquete. Es una
    especie de internet sin internet donde a través de las USB se
    distribuyen películas, novelones, documentales, así también como algunos
    pésimos programas de broncas familiares y otras, expuestas al público
    como entretenimiento, recogidas de las televisoras hispanas de Estados
    Unidos. Convoyado con esto, asoman muchos anuncios comerciales de
    cuentapropistas. Cualquier extranjero que vea dichos anuncios se
    llevaría una falsa idea de cómo es la vida real de Cuba.

    El costo de los servicios que se dan en estas publicidades de los
    paquetes no está al alcance de la mayoría de la población, con un
    ingreso promedio de $16 USD al mes, suponiendo que el promedio de
    salario sea de $400 pesos cubanos, cifra que tampoco es real, pues nunca
    se ha hecho una estadística seria sobre este asunto del que tanto se
    especula.

    A los que tenemos algo más de 56 años la palabra paquete nos hace
    recordar los tiempos en que siendo niños, lo mismo abucheábamos a un
    mentiroso -que por aquella época los llamábamos paqueteros- que a una
    película en los cines, donde el protagonista después de una buena pelea,
    ni se despeinaba, la ropa no se le rompía, y si era un cowboy, no se le
    caía el sombrero.

    Cada vez que se veían estas escenas, como si se hubieran puestos de
    acuerdo previamente, todos gritaban en los cines: ¡que paquete!

    Ciertamente, ya la palabra paquete no tiene el mismo significado que en
    otros tiempos. Las películas modernas tienen más paquetes que las
    antiguas, desde chinos voladores hasta súper-mujeres que acaban en un
    dos por tres con cuatro tipos a lo Arnold Schwarzenegger. Muchos parecen
    tragarse esto, porque ya no se oye a nadie decir: ¡que paquete! También
    parecen asimilar a los modernos paqueteros instalados en la política,
    sobre todo en América, que desde los Apalaches hasta los Andes, hacen olas.

    glofran864@gmail.com; Frank Cosme

    Source: El paquete | Primavera Digital –
    http://primaveradigital.net/el-paquete/

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