La libreta del hambre
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    Papa Francisco llegará a Cuba como “Misionero de la Misericordia”
    Así lo anuncia el Obispo de Guantánamo-Baracoa, Monseñor Wilfredo Pino
    Estévez.
    Martinoticias.com
    septiembre 05, 2015

    El Obispo de Guantánamo-Baracoa, Monseñor Wilfredo Pino Estévez, escribe
    un mensaje a los fieles en el que agradece al Obispo del Roma por su
    visita a Cuba.

    En su mensaje, divulgado en el sitio web de la Conferencia de Obispos
    Católicos de Cuba (COCC), el Obispo destaca que la visita de Francisco
    se realizará en medio de dos acontecimientos importantes de la vida de
    la Iglesia en Cuba: La celebración de la Solemnidad de la Virgen del
    Cobre el 8 de septiembre, y los cien años de la carta que los generales
    y soldados que luchaban por la independencia de Cuba enviaron a
    Benedicto XV para que proclamara a esta devoción mariana como Patrona
    del país.

    La carta fue firmada el 24 de septiembre de 1915 en el Santuario del
    Cobre. Benedicto XV accedió a la petición y el 10 de mayo de 1916 firmó
    el decreto que proclamó Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad.

    En el mensaje el Monseñor Wilfredo Pino asegura que los obispos de la
    isla rezan para que las enseñanzas del Papa Francisco “nos muevan a
    todos a crecer en la fe y la esperanza, y podamos aprender a tener un
    corazón lleno de misericordia para con todos”.

    Mensaje completo de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Obispo
    Guantánamo-Baracoa

    Queridos hijos e hijas: Se acercan tres acontecimientos que marcarán
    nuestra vida nacional: la fiesta de la Virgen de la Caridad, el
    centenario de la Carta que nuestros mambises escribieran al Papa
    pidiéndole que la nombrara Patrona de Cuba, y la esperada visita, dentro
    de 14 días, del Papa Francisco.

    El Papa Francisco nos visitará del 19 al 22 de este mes. Celebrará misas
    en La Habana, Holguín y en El Cobre. Tendrá encuentro con las
    autoridades, familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas, diáconos,
    seminaristas y, sobre todo, con mucho pueblo. Con el Mensaje que dimos a
    conocer los Obispos de Cuba por ese motivo, les reitero que, con esta
    visita, el Santo Padre quiere mostrarnos su cercanía en un momento en
    que, gracias también a su mediación, se respiran aires de esperanza en
    nuestra vida nacional por las nuevas posibilidades de diálogo que están
    teniendo lugar entre Estados Unidos y Cuba. ¡No es fácil vivir peleados
    con el vecino de al lado! ¡Por eso es muy importante lo que viene
    haciendo el Papa, como Pastor universal de la Iglesia, en la búsqueda de
    la reconciliación y la paz entre todos los pueblos de la tierra!

    Francisco será el tercer Papa que nos visita en los últimos 17 años. El
    próximo día 19, Cuba y Brasil serán los dos únicos países del mundo que
    tendrán el privilegio de haber sido visitados por tres Papas. ¡Y esto es
    un regalo de Dios! A la mente vienen tantos hijos de nuestra Iglesia:
    obispos, sacerdotes, religiosas y laicos que soñaron con esto y
    trabajaron por esto, pero su vida no les alcanzó. Ellos trabajaron, como
    dice el evangelio: “desde la primera hora” (Mt. 20, 1). Y a ellos los
    admiramos por haber sido verdaderos titanes de la fe. Ahora nosotros
    somos los privilegiados a quienes se nos invita, con el salmo de la
    Biblia, a cosechar cantando lo que ellos sembraron entre lágrimas (Salmo
    126, 6).

    Todos recordamos cómo al Papa San Juan Pablo II lo recibimos como
    “Mensajero de la Verdad y la Esperanza” y no olvidamos nunca sus
    palabras ni el gesto de coronar la venerada imagen de la Virgen de la
    Caridad. El Papa Benedicto XVI, por su parte, fue entre nosotros el
    “Peregrino de la Caridad”. Él quiso unirse a nuestras celebraciones por
    los 400 años del hallazgo y la presencia de la Virgen en nuestro pueblo
    y fue al Santuario del Cobre para, como un cubano-peregrino más,
    arrodillarse ante la bendita imagen de Nuestra Señora, encenderle una
    vela y regalarle una flor. Ahora vamos a recibir al Papa Francisco como
    el “Misionero de la Misericordia”.

    Queridos hijos e hijas: el Papa Francisco no se cansa de hablar de la
    misericordia. Y la misericordia no es otra cosa sino “lanzarle nuestro
    corazón” a los demás, no una piedra, un insulto o un golpe. La
    misericordia es también “ponerle corazón a la miseria”. ¡Y hay tanta
    miseria a nuestro alrededor! A veces parece que vivimos en un mundo sin
    corazón. Por todas partes encontramos miserias morales, espirituales,
    sociales, intelectuales, síquicas, materiales… y encontramos también
    gente que se insensibiliza ante el dolor humano. Muchos se quejan de la
    dureza con que los tratan los demás. Aumenta entre nosotros un lenguaje
    sin misericordia. La violencia está a flor de piel. Hay agresividad en
    las familias, centros de trabajo, comunidades, etc. Y el Papa Francisco,
    Misionero de la Misericordia, quiere invitarnos a que no nos cansemos de
    practicar la misericordia.

    Recientemente, en su Carta Pastoral sobre el próximo Año de la
    Misericordia, el Papa ha recalcado que Jesucristo nos reveló la
    misericordia de Dios. Y explica que nuestro Dios, a lo largo de toda la
    Biblia, se nos muestra cercano, paciente y “rico en misericordia” (Ef.
    2, 4) y que “no nos trata como merecen nuestros pecados” (Salmo 103, 10)
    porque “su misericordia es eterna” (Dan 3, 89). Que Jesucristo nos dio,
    con sus gestos y palabras, muchos ejemplos de misericordia: en el
    capítulo 15 del evangelio de San Lucas, nos propuso tres parábolas o
    comparaciones maravillosas: la del buen pastor que buscó, hasta
    encontrarla, a la oveja que se había perdido, la de la ama de casa que
    hace fiesta porque encontró la moneda que se le había extraviado, y la
    del Padre misericordioso que organiza una fiesta por haber recuperado a
    su hijo que andaba por malos caminos. Jesucristo llamó a todos a
    perdonar “setenta veces siete”, o sea, siempre (Mt. 18, 22). Dio de
    comer a hambrientos (Mt. 9, 36) y curó leprosos (Lc. 17, 11-19),
    paralíticos (Mt. 9, 1-8), ciegos (Jn 9, 1-41), sordos y mudos (Mc. 7,
    31-37), etc. Se conmovió ante el llanto de una viuda que llevaba a
    enterrar a su hijo único (Lc. 7, 11-15). Invitó a Mateo, un hombre del
    que todos hablaban mal, a formar parte del grupo de los doce apóstoles
    (Mt. 9, 9-13). Perdonó a los pecadores (Jn. 8, 1-11) y él mismo ofreció
    el perdón y rezó por aquellos que lo llevaron a la muerte de cruz (Lc.
    23, 34). Fue en el sermón del Monte donde él proclamó: “Dichosos los
    misericordiosos porque alcanzarán misericordia” (Mt. 5, 7).

    Todos en este mundo, cubanos incluidos, necesitamos la misericordia.
    Para nosotros y para los otros. Hay gente que no se perdona haber
    cometido un error o no perdona a quien lo ofendió. Y debemos recordar
    que, en forma no opcional sino imperativa, Jesucristo nos exigió: “Sean
    misericordiosos como el Padre del cielo es misericordioso” (Lc. 6, 36).
    Y el apóstol Santiago nos advierte que “a los que no tienen misericordia
    les espera un juicio sin misericordia” (Stgo. 4, 32).

    ¡Cuán bueno sería que, en estos días previos a la visita del Papa, le
    pidiéramos al Señor tener “entrañas de misericordia” (Col. 3, 12). Y que
    repitiéramos muchas veces al día aquella sencilla oración que muchos
    aprendimos de niños: “Sagrado Corazón de Jesús, haz mi corazón semejante
    al tuyo”. Oportuno sería también el proponernos todos repetir gestos de
    misericordia en nuestro obrar cotidiano, como visitar enfermos, ayudar a
    otros a cargar el agua, compartir lo que tenemos, perdonar y pedir
    perdón, consolar al triste, amar más y mejor a los demás, etc. ¡Ojalá
    que en estos días y siempre nuestros hogares sean lugares de paz y
    acogida para todos los que lleguen buscando misericordia!

    A la Virgen de la Caridad, Madre de Cuba, y a quien también invocamos
    como “Reina y Madre de misericordia”, le suplicamos su cuidado maternal
    sobre ésta tan deseada visita. Coincidirá que el Papa Francisco visitará
    su Santuario del Cobre en la misma semana en la que se cumplirán cien
    años de que los mambises de las guerras por la independencia de nuestra
    Patria escribieran al Papa pidiéndole que la declarara patrona de Cuba.
    Ella, que ha acompañado a nuestro pueblo en las buenas y en las malas,
    consiga del cielo una gran bendición para Cuba y sus hijos, estén donde
    estén, piensen como piensen y crean como crean.

    Quisiera ahora invitarte a rezar conmigo tal como lo hicimos cuando la
    imagen peregrina de la Virgen de la Caridad llegaba a nuestros poblados,
    o cuando fuimos en alguna de las peregrinaciones de los viernes al
    Cobre. ¿Recuerdas que lo primero que hacíamos era darle gracias? Porque
    las madres no se cansan de amar a sus hijos. ¡Cuántos dulces, cuántos
    helados, caramelos, bombones… no se comen ellas para guardarlos para sus
    hijos! ¡La alegría de una madre es que su hijo viva! Y, además, bueno es
    recordar que las madres trabajan en secreto. No les gusta hacer
    propaganda de todo lo que hacen por sus hijos. Una madre nunca le dirá a
    su hijo que se está comiendo el pedacito de pollo que le tocaba a ella
    por la libreta… ¡De cuántos peligros nos habrá librado el amor de
    nuestras madres!

    La Virgen de la Caridad es también nuestra madre. Ningún cubano debe
    sentirse huérfano. También ella ha hecho mucho por cada uno de nosotros
    y nuestras familias. ¡Sabrá Dios cuántas maravillas nos ha conseguido
    con su intercesión! Por eso, ahora, te invito a repetirle unas palabras
    maravillosas. Reza conmigo: ¡Gracias, Virgencita de la Caridad! ¡Cuba
    entera te está agradecida! ¡Gracias por lo que has hecho, y quizás yo no
    me he dado cuenta, por mí, por mi familia, por Cuba!

    También ese día te invitaba, como segundo paso, a pedirle su ayuda. ¿Hay
    alguien que no necesite su ayuda maternal? En la Biblia se nos habla de
    cómo ella le pidió un milagro a su hijo Jesucristo para ayudar a dos
    novios que pasaban por una dificultad material en la celebración de su
    matrimonio. Hoy quizás tú, o tu familia, estén pasando también por
    dificultades: el salario no te alcanza, se ha enfriado el amor en tu
    matrimonio, tu casa está en mal estado, no logran tener un hijo, tu
    salud se ha debilitado, tu hijo quiere dejar de estudiar, no encuentras
    trabajo, un vecino se ha enemistado contigo, no logras perdonar a quien
    te ofendió… Ahora, preséntale a la Virgen tu dificultad, del cuerpo o
    del alma. Pídele que así como ella ayudó a aquel matrimonio, interceda
    también ante Jesucristo por ti y los tuyos. Reza conmigo: ¡Virgen de la
    Caridad, cuento con tu ayuda! ¡Ruega por nosotros en la hora de nuestra
    muerte, pero también ahora!

    Y por último, como tercer paso, te sugería prometerle algo a la Virgen.
    Y recuerdo concretamente que todos le prometimos esforzarnos por ser
    mejores padres y madres, mejores esposos y esposas, mejores hijos y
    hermanos, mejores vecinos y compañeros de trabajo o de estudio, mejores
    cristianos. Le prometimos no dejarnos vencer por el mal, sino vencer el
    mal a fuerza de bien. Le prometimos arreglarnos con aquellos a los que
    no les hablábamos. Le prometimos nunca más llamarle “loca” a una
    mujer que ha querido quedar embarazada, ni “guanajo” a quien se negó a
    coger algo que no era suyo. Le prometimos tener una conciencia limpia y
    no aprobar nada defectuoso. Le prometimos cuidar la educación religiosa
    de nuestros hijos y nietos. Y le prometimos luchar contra la envidia que
    crece y se extiende entre nosotros como el marabú. ¿Hemos cumplido?
    Repítele ahora tu deseo de mejorar en algo tu amor a Dios y a los demás.
    Reza conmigo: ¡Virgen de la Caridad, ayúdame a ser mejor, a cumplir lo
    que he prometido!

    ¡Qué bueno sería pedirle a nuestra Madre del cielo, en el día de su
    fiesta, que nos lleve a conocer mejor a su Hijo Jesucristo, el único que
    tiene palabras de vida eterna!

    No tengamos miedo de confiarnos a ella. Y por eso quiero compartirles
    esta anécdota personal. Hace ya cinco años veníamos unas 30 personas en
    peregrinación caminando desde la Bahía de Nipe, donde fue encontrada la
    imagen de la Virgen en 1612, hasta El Cobre. Al llegar al entronque de
    Mella, escuchamos en la parada de la guagua unas palabras por parte de
    uno de los “amarillos” que allí estaban. Éste, al conocer que íbamos
    hacia el Santuario de la Virgen de la Caridad, dijo una verdad muy
    grande en alta voz: “Jesucristo es el único Dios”. Lo cual es muy cierto
    y los católicos lo afirmamos también. Pero es fácil suponer que lo decía
    porque él pensaba que nosotros adoramos a la Virgen como si se tratara
    de otro Dios, y no es así porque nosotros sabemos muy bien que la Virgen
    no es Dios. Pero también tenemos claro que ella está muy cerca de Dios.

    Allí nos detuvimos a descansar y comprar algo de comer. Luego, merienda
    en mano, me acerqué al “amarillo”, y le pregunté: “¿Cuál es el trabajo
    de ustedes, los amarillos?”. Su respuesta mejor no pudo ser para lo que
    yo quería explicarle sobre la Virgen. Me contestó: “Nosotros ayudamos a
    que la gente que está viajando llegue a su destino”. ¡Exactamente lo
    mismo que hace la Virgen con nosotros: ayudarnos a llegar al lugar que
    Dios nos tiene preparado!

    Termino invitándolos a las celebraciones que habrá en cada iglesia en
    honor de la Virgen de la Caridad. Este año tendremos en la provincia,
    Dios mediante, siete Procesiones. En Costa Rica, mañana domingo a las 9
    de la mañana, y en Imías, también mañana domingo, pero a las 6 de la
    tarde. En la ciudad de Guantánamo será pasado mañana lunes, a las 7 de
    la noche, saliendo de la Iglesia de la Milagrosa, en la calle Paseo,
    hasta la Iglesia Catedral, en el Parque Martí. Y el martes 8 en
    Caimanera a las 5.30 de la tarde, en San Antonio a las 7 de la noche, en
    Baracoa, a las 7 de la noche, y en La Máquina de Maisí, a las 8 de la
    noche. ¡La Virgen esperará por ti y tu familia!

    Los obispos de Cuba rezamos para que las enseñanzas que el Papa
    Francisco nos deje nos muevan a todos a crecer en la fe y la esperanza,
    y podamos aprender a tener un corazón lleno de misericordia para con
    todos. Que nuestro buen Dios nos quite, como leemos en el profeta
    Ezequiel (11, 19-20) nuestros “corazones de piedra” y nuestros “viejos
    espíritus” y nos dé corazones de carne y espíritus nuevos para que
    vivamos según sus enseñanzas. Y también rezamos para que las bendiciones
    de Dios lleguen igualmente a los que no podrán participar en las misas
    que el Papa Francisco celebre en Cuba por estar lejos de la patria, o
    por motivos laborales o de salud, de transporte, o por estar presos.

    Rezo ahora la oración pidiendo a Dios el regalo de la lluvia que tanto
    necesitamos y, finalmente, les daré la bendición.

    “Oh, Dios, Padre de todos, en quien vivimos, nos movemos y existimos,
    concede a nuestros campos la lluvia necesaria, a fin de que, asegurado
    nuestro sustento diario, podamos dedicarnos, con mayor tranquilidad, a
    conseguir los bienes eternos. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
    Amén.”

    Y la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo
    descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre. Amén.

    Source: Papa Francisco llegará a Cuba como “Misionero de la
    Misericordia” –
    http://www.martinoticias.com/content/papa-francisco-llegar-a-cuba-como-misionero-de-la-misericordia/103713.html

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