La libreta del hambre
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    Cubanos en Miami: las malas costumbres
    Algunos no logran aprender lo que el castrismo no les enseñó
    miércoles, octubre 7, 2015 | José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba – Siempre se dijo que al cambiar las condicionantes
    políticas y económicas en Cuba, cambiaría también, por gravedad, el
    pedestre modo en que los nuestros actúan y se expresan públicamente. Tal
    vez sea cierto, puesto que en algunos detalles se aprecian cambios, muy
    menudos, a tono con los también muy menudos cambios económicos y los
    nulos cambios políticos que seguimos sufriendo.

    En cualquier caso, donde con mayor claridad se notan hoy las
    transformaciones que experimenta nuestra gente al cambiar sus
    condiciones de vida es en el exterior. Y particularmente en Miami,
    aunque no sólo. Con frecuencia escuchamos aquí anécdotas acerca de
    individuos que nunca trabajaron ni se preocuparon por nada que no fuese
    sentarse en la esquina desde la mañana a la noche, a contar chistes y a
    opinar sobre todo lo humano y divino. Sin embargo, les bastó con poner
    un pie en tierra extranjera para que el poder de las circunstancias les
    obligara a darle un giro radical a ese comportamiento.

    También corren anécdotas sobre otros que no se adaptan a las reglas del
    juego en el mundo real. Entonces, en lugar de asumir como es debido el
    nuevo escenario, pretenden ajustar el escenario a las reglas de su
    malformación existencial. Pero como allá todo está inventando, terminan
    por lo general presos, o viviendo miserablemente o queriendo venir de
    vuelta a sus predios de inmundicia.

    Pocas veces como en el caso de estos pobres sujetos se manifiesta tan
    nítidamente el significado de la expresión “accidente antropológico” con
    que un lúcido compatriota (Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba)
    conceptualizó la debacle educacional, moral y espiritual ocasionada por
    la dictadura fidelista. Pero es obvio que su conducta no tipifica a la
    generalidad de los nuestros que hoy viven en el exterior, ni aún a los
    más jóvenes. Claro que al tratarse de una postura tan descollante como
    repudiable, da pie a que en ocasiones surjan criterios generalizadores
    que meten a todos los cubanos en el mismo saco.

    Eso sí, hay algunas otras malas costumbres que hemos estado exportando a
    Miami y a distintas partes del mundo, que si bien no son tan repulsivas
    ni dañinas como la mencionada anteriormente, sí son más extendidas, y
    también nos demeritan en tanto no dejan de tipificar el “accidente
    antropológico” en cuestión.

    Tuve a bien consultar a varios amigos residentes tanto en Miami como en
    Europa en torno a este asunto de la extrapolación de usanzas y
    expresiones poco adecuadas o poco habituales que nuestra gente ha
    llevado a esos predios, y a partir de los cuales suelen ser
    caracterizados hoy los cubanos, más y menos injustamente. La lista en la
    que trato de resumir a continuación tales manifestaciones parecerá sin
    duda insuficiente, sea por defecto o por exceso, por lo cual queda
    disponible para ser completada o descalificada por los lectores:

    -Generalmente los cubanos de las nuevas hornadas de emigrantes no hacen
    uso de elementales normas de educación como dar los buenos días o las
    gracias, o como compartir en tono bajo y mesurado las conversaciones de
    carácter privado.

    -Al parecer, les ha resultado difícil saltar de la libreta de
    abastecimiento a la tarjeta de crédito sin que pierdan la perspectiva.
    Incurren entonces en la tontería de creer que en los bancos son
    imbéciles dispuestos a dar lo que se les pida sin prever consecuencias.
    Igualmente exigen gratuidades sin aportar nada.

    -Han entendido mal el valor social que para el prestigio de una persona
    representa conducir un automóvil caro, y en este afán no dudan en
    endeudarse.

    -Son frecuentes las quejas de los vecinos por el volumen de sus
    televisores o equipos de música o por sus discusiones hogareñas, que
    desentonan con las normas.

    -Se han tomado en serio el falso mito de nuestra “supremacía sexual”, lo
    cual les lleva a creer que pueden importunar a cualquiera con la
    seguridad de ser irresistibles “ligadores”.

    -Tienden a fumar en lugares inapropiados y a llevarse productos sin
    pagar de las tiendas y supermercados.

    -Se presentan en las casas de amigos y conocidos sin previo aviso. Y
    como para disculparse por la intempestiva visita, llevan una botella de
    ron, la cual suelen beberse ellos mismos, haciendo aún más inoportuna e
    incómoda su irrupción.

    -Conducen generalmente a exceso de velocidad. Las películas del sábado
    con sus persecuciones espectaculares han hecho de la velocidad entre los
    cubanos un indicador de valor personal y potencia machista, que ahora
    trasladan al exterior.

    -Rechazan toda cultura alimentaria que no tenga entre sus principales
    platos el potaje, el bistec de puerco, la pizza y los espaguetis, los
    que, contra todas las “buenas maneras”, cortan en minúsculos pedacitos,
    como se hacía en las becas de la Isla.

    -Muchas mujeres gustan vestir dos tallas por debajo de la que requiere
    su anatomía, de modo que se les marque el hilo dental. Mientras, muchos
    de los hombres pueden ser identificados desde lejos por sus
    indumentarias y sus ademanes.

    Desde luego que no existe el menor riesgo de que estas y otras malas
    costumbres llevadas al exterior por las nuevas generaciones de
    emigrantes cubanos logren hacer mella en el discurrir cotidiano de las
    naciones que los acogen. En términos de procederes sociales, es bastante
    improbable que lo retrógrado se imponga al desarrollo. Lo natural es que
    ocurra exactamente lo contrario.

    Lo malo es que mientras el palo va y viene, no nos queda otra que seguir
    presentándonos allá y acullá como genuinos frutos del “accidente
    antropológico”.

    Source: Cubanos en Miami: las malas costumbres | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/cubanos-en-miami-las-malas-costumbres/

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