La libreta del hambre
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    El arte de ser feliz en Cuba
    ISABEL HOLGADO

    ACTUALIZADO 10/10/201508:50
    Beatriz, enfermera jubilada de 72 años, aguarda su turno para adquirir
    una tarjeta de internet en el Vedado habanero. Su única hija, “que se
    quedó” en Europa hace seis años, se casa en unos días, y ella verá la
    ceremonia a través de una tableta que le ha prestado un vecino. “Nunca
    creí que soportara tanto tiempo sin verla. Pero sí, los cuerpos resisten
    lo que tú no eres capaz de imaginar. El corazón, bueno, ese siempre lo
    tengo extrañando”, dice. De añoranzas, colas interminables, solidaridad
    y grandes sacrificios saben mucho las mujeres cubanas. Todas ellas, sin
    distinción, son maestras en resistencia y creatividad ante la escasez
    sostenida y la falta de oportunidades reales de desarrollo en un país
    fuertemente empobrecido. A principios de los 90, la desaparición de la
    URSS sumió a Cuba en un gravísimo estado de deterioro social, una brutal
    escasez de alimentos y combustible y una ‘guerra mental’ de tal
    dimensión que su recuerdo aún anuda las gargantas: “Ese Período Especial
    sí que fue una terrible lección de vida. Y ahí estuvimos las mujeres, al
    frente de las familias, para inventar y resolver la supervivencia”,
    rememora Beatriz. En realidad, llovía sobre mojado. La isla ha estado
    sometida a un durísimo embargo comercial por parte de Estados Unidos
    desde 1960 que empieza a ver su fin ahora. Si recientemente ambos países
    restablecían sus relaciones diplomáticas, a finales de septiembre el
    presidente Obama y su equipo diplomático tomaban la decisión inédita de
    no oponerse a una condena de Naciones Unidas al embargo. La reciente
    visita del Papa Francisco a ambos países también ha contribuido a limar
    sensibilidades contrarias a la reconciliación.Pero queda mucho por
    hacer, y muchísimo, respecto a las mujeres cubanas. Con una de las tasas
    de fecundidad más bajas del mundo (1’7 hijos por mujer), una esperanza
    de vida de 78 años y una participación laboral y política a escala
    europea, el nivel educativo y el elevado poder personal de las mujeres
    en Cuba no tiene parangón en el ámbito latinoamericano; tampoco en
    materia sexual. Mariana, bioquímica de 35 años, cree que la suerte que
    han tenido “es que el catolicismo no ha impregnado la educación, porque
    la represión sexual femenina ha sido muy dañina en otros países. Y
    también nuestra ley del aborto, nuestro derecho a decidir”.Otro tema
    bien distinto es el poder adquisitivo de sus salarios. La doble moneda y
    el irreversible encogimiento de la libreta de alimentos subsidiados han
    dado al traste con el proyecto de equidad social. El sueldo mínimo
    estatal es de 250 pesos cubanos (10 euros) y los precios de la mayoría
    de productos básicos están al nivel español o superior: la carne de
    cerdo cuesta 4 euros el kilo y un litro de aceite de soja, 2’5 euros.
    Marilú, ingeniera hidráulica reconvertida en operadora turística,
    explica cómo en esa situación es imposible vivir solo con el salario en
    pesos. “Si no recibes remesas de la migración o haces algún ‘bisnesito’
    o trabajas en el sector turístico, no hay forma humana de mantenerte
    como una persona”.Las mujeres optimizan sus saberes femeninos y su
    formación en busca de otras vías de ingresos, más allá de su jubilación.
    Aunque todavía son solo el 20% de las titulares del trabajo por cuenta
    propia, todas, incluidas profesionales de prestigio, llevan adelante
    diferentes iniciativas, ya sea legalmente o ‘por la izquierda’: ofertan
    comida y refrescos, alquilan habitaciones, limpian y planchan para
    extranjeros o familias cubanas prósperas, organizan eventos, son
    manicuristas o peluqueras, dan clases particulares de repaso escolar,
    gestionan ‘círculos’ (guarderías infantiles) privados, etcétera.”Aquí
    hay profesionales con una enorme preparación y un sentido de la
    responsabilidad y la entrega que a uno le emociona, como ocurre con los
    médicos”, relata Judy. En 2013, el Estado dobló el salario al personal
    sanitario, insuficiente aún para acceder a una vida confortable.
    Daniela, médico intensivista con dos especialidades, cobra 1.520 pesos
    (64 euros) mensuales. Ingresa un dinero extra haciendo ‘cakes’ de
    cumpleaños. Mariela, trabajadora estatal, explica que las cubanas tienen
    “afán de aprender y aspiraciones altas, pero es que el no reconocimiento
    en cuanto al salario, te mata. Es lo que obliga a las profesionales a
    trabajar como taxistas o poniendo uñas, y lo que hace que mucha gente
    sea indolente frente al trabajo”.La devaluación de la educación es una
    de las mayores preocupaciones de las mujeres. Año tras año, baja el
    número de personal docente preparado. Los profesionales renuncian por
    las difíciles condiciones y el inexistente poder adquisitivo de sus
    salarios, que no han aumentado pese a la carestía de la vida y a la
    tarea fundamental que realizan.Fuentes oficiales reconocen que el nuevo
    escenario socioeconómico ha provocado un alarmante aumento de la pobreza
    y las desventajas sociales, que afectan principalmente a las mujeres, a
    las personas no blancas, a la zona oriental del país y, más
    trágicamente, a los ancianos. Mayra Espina, socióloga cubana, lo
    denomina “la reforma incompleta”. Cerca del 20% de la población tiene
    más de 60 años y cada día es mayor el número de personas solas, sin
    recursos propios, mientras el gasto público asistencial se ha reducido
    drásticamente: si en 2008 fueron 328.000 individuos los que recibieron
    pensiones sociales, en 2013 solo alcanzaron a 170.674. María, de 92 años
    y sin familia, recibe 147 pesos (seis euros) al mes. Vive gracias a la
    solidaridad vecinal y a la amistad.La emigración es otra de las
    estrategias femeninas para buscar ingresos y oportunidades,
    especialmente para su prole. Entre 2000 y 2010, más de medio millón de
    cubanos salieron del país. Laly, graduada en Economía, reconoce que su
    tierra se está quedando sin jóvenes. “Temo por mis hijos, que son de una
    generación que ya no se conforma con la recompensa moral. La juventud
    quiere conocer el mundo, desarrollar su capacidad, dar un sentido propio
    a su vida. Y para eso aquí hay muchísimas limitaciones”, reflexiona.”Se
    cree que los cambios profundos llegarán cuando se elimine el bloqueo, y
    no: aquí hay un autobloqueo terrible también. Las reformas desde arriba
    son positivas pero sigue habiendo mentes y estructuras ineficaces a
    nivel intermedio que dificultan las verdaderas transformaciones”. Quien
    habla es Niuska Miniet, cantautora y propietaria del restaurante
    Decamerón, uno de los más antiguos ‘paladares’ [restaurantes montados y
    dirigidos por cuenta propia] de La Habana. “Inaugurado en enero de 1995,
    tres años después me lo cerraron y estuve en una disyuntiva muy grande:
    irme o no del país. Decidí quedarme y seguir trabajando de manera ilegal
    durante 14 años más, hasta 2009, cuando volvieron a dar licencias. Lo
    hice sin afán de desafiar a nadie, sino con el de la supervivencia,
    desde el derecho que toda persona tiene a vivir. Ahora cumplimos 20
    años, y el reto es seguir creciendo con alegría y ayudando al país”.
    Pese a tanta dificultad, no cesan las iniciativas formales e informales
    que crean nuevos discursos y aperturas al conocimiento en clave
    femenina. Mirta R. Calderón, reconocida periodista y una imprescindible
    de la Revolución y de la historia reciente del feminismo cubano, impulsó
    en 1993 el grupo Magín, espacio de aprendizaje y reflexión compuesto por
    mujeres comunicadoras sociales y otras profesionales que introdujeron la
    categoría de género en el análisis social y propuestas muy valiosas para
    abordar la discriminación femenina. La herencia de esa hermosa, valiente
    y truncada iniciativa puede verse en trabajos en diferentes ámbitos,
    como el Proyecto Palomas, productora de audiovisuales para el activismo
    social dirigida por Lizette Vila.El 17 de diciembre de 2014 fue una
    fecha histórica para la normalización de las relaciones diplomáticas
    entre Cuba y EEUU. La sociedad cubana vive el deshielo político con el
    poderoso vecino entre la esperanza de una mejora económica a corto plazo
    y el escepticismo por la previsible lentitud en los cambios. Sí hay
    consenso en la alegría por el cese de la intransigencia política desde
    ambas orillas, lo que permitirá aliviar el dolor de tantas familias
    divididas por la ideología y la crisis económica.Niuska, que conoce el
    ‘mundo desarrollado’, concluye: “Ojalá podamos prosperar sin perder la
    alegría de vivir y nuestro compromiso. He visto mucha aridez ahí fuera,
    con tanto desarrollo tecnológico que cada vez aísla más a las personas.
    Es malo no tener internet (Cuba tiene la tasa más baja de acceso de
    América Latina) porque te privas de cosas importantes, pero quizá por
    eso aún no hemos perdido la comunicabilidad, el encuentro de verdad. Ese
    nivel de vacío personal ahí fuera… No quiero un futuro así para mi
    Cuba bella”.

    Source: El arte de ser feliz en Cuba | yodona | EL MUNDO –
    www.elmundo.es/yodona/2015/10/10/56168f6d46163ff24f8b45f0.html

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