La libreta del hambre
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    Cuba y la crisis de las ideas comunistas
    HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 25 Nov 2015 – 6:17 am.

    Mientras las instituciones del Estado continúen bajo el control de
    personas que piensan igual o al menos simulan pensar igual que la
    dirección del Partido Comunista, no habrá cambios en Cuba. La simulación
    y la corrupción son dos aptitudes comunes a los dirigentes, tan
    extendidas que muchos aparentan no verlas o lo que es todavía peor, las
    justifican e imitan. El propio gobernante actúa como si no pasara nada,
    no le interesa saber que un país empobrecido requiere de medidas de
    carácter institucional que aumenten el interés de los inversores y la
    participación del pueblo.

    Dado que el carácter estatal de la economía cubana es la causa
    fundamental del atraso tecnológico, la baja productividad, la inflación
    a pesar de los salarios sumamente bajos, y en general de los pésimos
    resultados económicos del país, es evidente que permitir e incentivar la
    privatización de los diferentes sectores productivos estimulará la
    conciencia de autorresponsabilidad de los ciudadanos a la vez que
    restará poder a los círculos cercanos a la élite política, que
    constituyen el vórtice de la dañina corrupción administrativa.

    La ineficiencia obvia y sostenida de las administraciones estatales se
    debe entre otras razones, a que como regla general estas
    administraciones son impuestas desde arriba, dando preferencia a la
    fidelidad política por encima de los méritos relacionados con los
    buenos resultados.

    El problema mayor que confronta el régimen no es entonces la disidencia
    interna o el embargo norteamericano, sino su propia incapacidad para
    romper con los mitos de carácter ideológico que destrozaron el país con
    el pretexto de salvarlo.

    Ha llegado el momento de librar a Cuba de la improvisación de los
    iluminados líderes populistas que comenzaron su obra expropiando a
    nacionales y extranjeros y han terminado por quitarles la piel a los
    trabajadores como si se tratara de cebollas, capa a capa.

    Mientras esto ocurre, proclaman el discurso de una supuesta igualdad
    donde los de abajo ven cada vez más distantes a los dirigentes, y los
    magros servicios de educación y salud no son suficientes para convencer
    a nadie de las bondades del comunismo.

    Paralelo al discurso de la igualdad ciudadana nos encontramos con el
    discurso de la soberanía nacional, igual de falso y demagógico, pues
    solo sirve para que el Estado (Partido Comunista, Gobierno
    “revolucionario”) lo utilice de escudo y así pueda regir con total
    impunidad, sin críticas incómodas a su gestión.

    Así las cosas, y a pesar de todo, los movimientos de izquierda en
    América Latina y otros lugares del mundo, muy opacados y disminuidos de
    un tiempo acá, dedican sus menguadas fuerzas a defender las ideas de
    Fidel Castro y los logros de la Revolución cubana, lo cual sería digno
    de risa sino fuera porque las susodichas ideas y los supuestos logros
    constituyen una de las tragedias más dramáticas en la historia de Cuba,
    solo comparable a la explotación de los negros esclavos durante la etapa
    colonial.

    Para el comunismo no hay regreso; tuvo suficiente tiempo para demostrar
    sus virtudes y no es por gusto que en la República Popular China,
    Vietnam, Rusia y las otras 14 exrepúblicas soviéticas, o Europa del
    Este, a nadie en sus cabales se le ocurriría volver a la economía
    estatal planificada, ni siquiera a los más trasnochados bolcheviques que
    sumidos en el vodka y la nostalgia suspiran por los viejos tiempos, pero
    solo mientras dura el efecto del alcohol.

    Ya quisiera ver a esos jóvenes izquierdistas de visita en La Habana por
    estos días, sobrevivir con una libreta de racionamiento que les da el
    derecho a comprar un mínimo pan diario que no cubre la palma de la mano,
    cinco libras de arroz, un puñado de frijoles, doscientos gramos de
    aceite y cuatro libras de azúcar como canasta básica para un mes. Lo
    demás, a buscarlo en el mercado negro o en las tiendas estatales en
    divisas con sus precios triplicados. Sus hijos perderán el derecho a
    tomar leche a los siete años y serán educados por maestros y profesores
    faltos ellos mismos de educación, en tanto que los médicos, magníficos
    profesionales en su mayor parte, los atenderán pensando en la falta que
    les hace una misión en el extranjero para terminar de echar la placa del
    techo o traer una laptop.

    Es innegable que en el capitalismo hay ciudadanos ricos, muy ricos,
    pobres y extremadamente pobres, pero aun los más pobres se levantan cada
    mañana pensando en un futuro mejor y de hecho muchos lo logran. En el
    comunismo en cambio, todo el mundo es pobre, muy pobre, menos la clase
    dirigente, y nadie tiene la más mínima esperanza de que algo vaya a
    cambiar jamás, la resignación sustituye al emprendimiento y los jóvenes
    llamados a ser los líderes futuros se aborregan o prefieren huir que luchar.

    El presente de Cuba es el destino de los países que adopten las ideas
    comunistas, aunque de pronto y a tenor de los tiempos que corren,
    prefieran llamarse izquierdistas democráticos para enmascararse y
    sobrevivir a la debacle teórica y práctica a que están condenados.

    Source: Cuba y la crisis de las ideas comunistas | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1435960490_15506.html

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