La libreta del hambre
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    “En Cuba todos infringimos las leyes”
    Los pequeños empresarios del país caribeño aseguran que no hay otra vía
    para mantener sus negocios que recurrir a las viejas tácticas del
    mercado negro
    LAS PERIPECIAS PARA SOBREVIVIR
    LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
    Especial

    En una encuesta entre 18 personas, de los dos sexos y diferentes edades
    y oficios, todos afirmaron haber utilizado reiteradamente el mercado
    negro, o más de una vez, haber infringido las leyes.

    “No queda otra. Con los bajos salarios, si vives de la libreta y no usas
    el mercado subterráneo, te mueres de hambre. Todos los meses compro
    pescado castero a dos cuc la libra, dos dólares al cambio actual [8,69%
    del salario mensual promedio]. ¿Con qué dinero podría comprarlo
    legalmente al precio que lo venden?”, se pregunta el ingeniero Ignacio.

    José Alberto, dueño de una cafetería, donde confecciona sandwiches y
    comida criolla, dos horas antes del amanecer, en su bicicleta se llega a
    un hotel cuatro estrellas. Allí, el custodio le ha guardado un par de
    quesos, varios kilos de carne de cerdo y media docena de botellas de
    aceite vegetal.

    Compras por la izquierda

    “Quienes tenemos negocios privados nos vemos obligados a comprar
    alimentos e insumos por la izquierda. Es imposible que una cafetería
    prospere si las cosas las adquieres en el mercado minorista. Nos han
    llevado a hacer trampas financieras, no reportar las ganancias reales y
    a no inscribir en el registro a trabajadores temporales. Recordemos que
    a fin de año, en el informe Declaración Jurada, aquéllos que ganan más
    de 50.000 pesos [2.000 dólares] deben pagar el 50% en impuestos”,
    explicó José Alberto.

    Es en los pequeños negocios familiares donde las personas olímpicamente
    se saltan las normas prescritas. Esa indisciplina social, casi
    patológica, es provocada por la fuerte presión fiscal del Estado, un
    insaciable capataz con una plusvalía desmesurada, que ya desearía ganar
    el más desalmado empresario capitalista.

    A los viejos taxis colectivos en La Habana, considerados por la prensa
    internacional un ‘ejemplo de mercadotecnia’, el Estado no le subsidia ni
    un tornillo [ante la falta de recursos]. Los vetustos coches salidos de
    una factoría en Detroit hace más de seis décadas, son auténticos
    Frankesteins automotrices.

    “Si de verdad se cumplieran las leyes, todos los taxistas estuviéramos
    presos o pagando elevadas multas. Cuando el Gobierno no te vendía
    motores ni piezas de recambio, la gente armaba el auto con piezas que
    salían por la puerta de atrás de los talleres estatales. No te asombres
    si en un almendrón (auto americano antiguo) encuentras componentes de
    diez países. En el mío, el motor es alemán, la caja de velocidad es
    sudcoreana, el chasis es rumano, los frenos son japoneses, el timón de
    un Lada ruso, los asientos y los manubrios son holandeses y la pintura
    es española. Lo único viejo (auténtico) es la carrocería”, dijo risueño
    el taxista Raudel.

    Las piezas, que no son desfalcadas a empresas del Estado, llegan a Cuba
    a través de negocios sinuosos, varados en un limbo jurídico. Dos veces
    al mes, Daniel viaja a Panamá y Miami para comprar ciertas partes
    automotrices que fueron destinadas a añejos carros estadounidenses y rusos.

    “Ya perdí la cuenta del billete que he aflojado a los tipos de la Aduana
    cubana para poder pasar la mercancía. Es una cadena y todos se mojan con
    dinero. Esto no lo para nadie. Se beneficia mucha gente”, expresó.

    Mucho antes de que Barack Obama y Raúl Castro restablecieran relaciones
    diplomáticas, los adornos y decoraciones de cafeterías, bares y
    paladares llegaban desde Miami.

    Hay negocios gastronómicos donde la carne de res y hasta los condimentos
    también venían -y siguen viniendo- del país del norte. En teoría,
    violaban la ley de ambas naciones (aunque ahora, aparentemente, no la de
    Estados Unidos). Pero la corrupción desborda las ordenanzas.

    No solo los emprendedores privados compran mercaderías hurtadas a
    instituciones del Estado. Que levante la mano el cubano que no ha
    adquirido cinco libras de arroz en el mercado negro, una lámpara de luz
    fría robada de una oficina o medio kilo de carne de res de una vaca
    degollada la noche anterior de manera ilegal.

    Los bajísimos salarios no alcanzan para vivir con honestidad

    Adela, ama de casa, le paga 10 cuc mensuales (10 dólares) al empleado
    que revisa el contador de la luz para que manipule su factura eléctrica.
    “En mi casa tenemos dos aires acondicionados y un montón de artefactos
    electrónicos. Casi todos en Cuba lo hacen. Gana el cobrador y uno ahorra
    plata. Si fuera honesta, todos los meses pagaría casi mil pesos (40
    dólares) de luz. Los salarios que paga el Gobierno no alcanzan (para
    vivir con honestidad) y provocan que la mayoría de los cubanos seamos
    deshonestos”.

    En Cuba funcionan dos economías: la real es una broma, mientras la
    sumergida es más eficaz, siempre que tengas dinero para pagar.

    Source: “En Cuba todos infringimos las leyes” :: Diario las Americas ::
    Cuba –
    www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3447658_cuba-todos-infringimos-las-leyes-ivan-garcia.html

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