La libreta del hambre
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    La perenne huelga de brazos caídos en Cuba
    El derecho a la reivindicación obrera está prohibido en la isla de los
    Castro pero la ineficiencia de los trabajadores es prueba del paro
    perenne contra el sistema autocrático
    EL DISEÑO DE LA SOCIEDAD CUBANA
    LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
    Especial

    Si usted es un cubano que cree que el tiempo es oro y después de una
    cola de hora y media para comprar un cartón de huevos, el dependiente le
    dice, ‘venga luego, que es mi hora de almuerzo’, ¿cuál es su reacción?

    ¿Recordarle la madre, mandarlo a freír tusas, desear que el almuerzo le
    produzca una indigestión? ¿O es capaz de sonreír y hasta traerle una
    jarra de agua fría de la casa?

    No es aconsejable que asesinos en serie y sicópatas incorregibles
    residan en Cuba. Si cualquier chiflado en Estados Unidos arma un tiro al
    blanco en una sociedad donde el agua potable e internet funciona las 24
    horas y la comida no es un problema, no podría imaginarme a un killer
    yanqui, esperando dos horas para que el carnicero le venda, por la
    libreta, una raquítica cuota de pollo por pescado. O bajo un sol de
    plomo hacer una cola de medio día para pagar la factura del teléfono.

    A veces sospecho que la burocracia, con su improductividad y horarios de
    servicio que son letra muerta, es una estrategia del régimen cubano para
    que a sus desconsolados ciudadanos, por el ajetreo y las penurias, no le
    queden energías ni ganas de reclamar un cambio de gobierno.

    Pudiera ser. El comunismo es científico. Y ha quedado probado que las
    sociedades marxistas son incapaces de satisfacer el consumo personal. En
    un país totalitario, es improbable que alguien gane un premio global por
    diseñar una sociedad competitiva, moderna y eficiente.

    En Cuba, socialismo es sinónimo de feo, de cosa mediocre, sea
    publicidad, programación televisiva o arquitectura. Cuando el país se
    arrime a la democracia, habrá que demoler decenas de barrios de pésima
    factura y edificios que son ejemplos palpables de lo que nunca se debe
    hacer en materia arquitectónica.

    Los trabajadores, con su indiferencia y sus chapucerías, sostienen un
    paro disimulado, dañino

    Las huelgas obreras están prohibidas por ley en la isla de los Castro.
    Ni falta que hacen. A cualquier hora, la mayoría de sus trabajadores,
    con su indiferencia y sus chapucerías, sostienen un paro disimulado,
    dañino y estacionario. Les cuento tres momentos de un día en la vida
    habanera.

    Escena número uno: Escuela de Odontología, en la calle Carlos III con
    Boyeros. Luego de la operación en la boca a una menor y tras 40 minutos
    de espera en una cola, para los padres recoger el certificado médico, la
    encargada de acuñar el documento alega que el cuño está guardado en una
    gaveta con un candado. Y aclara que “la persona que lo guarda, quizá no
    viene a trabajar mañana”.

    Escena número dos: Un señor tiene suerte y pesca un taxi estatal en
    pesos a la salida de la terminal de trenes. “Te doy 50 pesos (dos
    dólares) para que me lleves a casa”. El chofer le pregunta si está
    apurado. “Bueno, imagine, después de un viaje de 22 horas en tren desde
    Santiago de Cuba deseo llegar pronto a la casa y bañarme”. Jovial, el
    conductor, responde: “Mire, amigo, el asunto es que para recibir 19
    litros de gasolina en mi base de taxis, tengo que tener 190 kilómetros
    recorridos. Si usted quiere lo llevo, pero debo dar unas cuantas vueltas
    para acumular kilómetros”.

    Escena número tres: Algo habitual en La Habana. Compras un paquete de
    salchichas de pollo, un refresco y una caja de fósforos. Total a pagar,
    2 cuc con 90 centavos. La cajera, irritada porque el cliente interrumpió
    su cháchara con una amiga, con una mirada que mete miedo, indaga si
    tienes el dinero exacto. “No, contesta el usuario”. Molesta le dice:
    “Entonces tiene que esperar a que realice varias ventas pues no tengo
    menudo”.

    Créanme, no son chistes de Pepito. La sociedad cubana está diseñada para
    que las personas se enfaden desde que se despiertan. Una hora de espera
    en la parada del ómnibus. Medio día para pagar el teléfono. El motor de
    agua del edificio roto o un imprevisto apagón de 8 horas.

    El Gobierno de los Castro siempre se la ha puesto difícil a sus
    ciudadanos. No entiendo por qué la disidencia le reclama a la autocracia
    el derecho de huelga de los trabajadores. Como si no fuera suficiente el
    paso de tortuga y la huelga de brazos caídos que hacen a diario.

    Source: –
    www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3437665_huelga-cuba-regimen-cubano-cuba-ivan-garcia.html

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