La libreta del hambre
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    “La letra, con política, entra”
    LILIANNE RUIZ, La Habana | Diciembre 15, 2015

    “Por la ruta de Martí, con la guía de Fidel, por la patria y el
    socialismo: moncadistas siempre listos”. Con ese lema comienza cada
    mañana la jornada docente para Claudia Martínez, una escolar que cursa
    el quinto grado en el habanero municipio Plaza y cuyos padres intentan
    paliar en casa los excesos ideológicos de la educación pública cubana.

    La niña aprendió a leer con historias de combate, biografías de
    guerrilleros de la Sierra Maestra y consignas antiimperialistas. De las
    222 páginas que tiene la actual edición del libro de lectura de primer
    grado, 21 están dedicadas a enseñar la versión oficial de la Revolución
    cubana y de sus figuras políticas. Fusiles y uniformes verde olivo
    abundan en sus ilustraciones, aunque pocos reparan ya en tal profusión
    de temas militares en un manual infantil.

    Cuando llegó a cuarto grado, Claudia ya era diestra en repetir consignas
    y frases sacadas de discursos de Fidel Castro. El libro con el que
    perfeccionó su lectura en ese curso comenzaba con unas palabras dichas
    por el expresidente cubano y otro fragmento similar la esperaba en la
    página 215 del mismo volumen. El 10% del manual está dedicado a narrar
    las proezas de las figuras en el poder o cantar loas al sistema. Aquí,
    “la letra, con política, entra”, asegura la madre de Claudia con ironía.

    La educación en Cuba es “función del Estado y es gratuita”, según la
    Constitución, que llama, además, en su artículo 39, a “promover la
    educación patriótica y la formación comunista de las nuevas generaciones
    y la preparación de los niños, jóvenes y adultos para la vida social”.

    “¿Por qué la educación promueve valores asociados al comunismo?”, se
    cuestiona en voz baja el padre de Claudia, que sueña con poder elegir la
    enseñanza que recibe su niña, pero lo ve “como algo imposible por el
    momento”.

    Con 34 años y también formada bajo el mismo sistema educativo, la madre
    de esta pionera reconoce que “es cierto que los maestros tienen un
    programa que cumplir”. Sin embargo, los padres no han podido reunirse
    nunca con los metodólogos “para influir en esos programas”, se queja.
    Está consciente de que, en las actuales circunstancias, los padres “no
    tienen ninguna intervención en el diseño del contenido escolar”.

    Daniela, una joven maestra de primaria que prefiere no dar su apellido,
    sostiene que utilizar la escuela para promover la ideología, “es normal”
    y asegura que se orienta a los docentes para “incluir en cada clase
    elementos que formen políticamente al estudiante”. En su aula les habla
    “del socialismo, la Revolución, de todo ese pasado que ninguno de ellos
    ha vivido.”

    Con la contratación de maestros privados y de los repasadores, muchas
    familias no sólo intentan mejorar el desenvolvimiento académico de sus
    hijos, sino también restarle grados de ideología a la enseñanza. “He
    hablado con el maestro de matemáticas que viene aquí a la casa”, cuenta
    la abuela de Claudia, “para que en los problemas matemáticos no le siga
    poniendo ejemplos políticos a la niña”.

    En una libreta escolar del curso pasado, la estudiante escribió un
    problema de aritmética cuyo enunciado decía: “Si a René González, el de
    los cinco héroes, lo condenaron a prisión en el año 2001 y fue liberado
    en 2011, entonces ¿cuántos años estuvo en la cárcel?”. “Nosotros le
    damos muchas lecturas de fantasía, cuentos de hadas y libros de
    manualidades, para aminorar lo que recibe en la escuela”, asegura su abuela.

    Claudia sueña con graduarse de abogada algún día, peros sus padres
    parecen más atentos al presente. “Tememos que se convierta en una
    gritadora de consignas y que pierda ese deseo de debatir y de buscar la
    verdad que le enseñamos en casa”, explica su madre. “Tengo un dilema”,
    confiesa, “sé que la estamos criando para meterse en problemas”.

    En la medida que se avanza en los niveles de enseñanza, la ideología se
    vuelve aún más presente. Leo estudia en un tecnológico en Pinar del Río
    donde, hace un par de semanas, la maestra la emprendió contra un
    disidente. Lo tildó de “millonario, apátrida y enemigo del país”, aunque
    no contó con que Leo conocía al hombre a través de su familia. El joven
    se paró en medio de la clase y gritó que todo aquello era mentira.
    Cuando se lo contó a sus padres, estos lo apoyaron, pero es un caso aislado.

    Por regla general, los adolescentes escuchan pasivamente los arranques
    políticos que les administran en el aula y los familiares los llaman a
    no contrariar el discurso oficial. “Le advierto que diga que sí a todo
    lo que le cuenten, porque ¿para qué va a marcarse?”, cuenta Layren
    López, madre de Harold, un niño de siete años que ya sabe leer y
    escribir. “Esto está a punto de terminarse”, asegura la mujer.

    Recientemente, los padres de Harold obtuvieron la nacionalidad española,
    a través de la llamada Ley de Nietos. “Tengo un contacto que me va a
    ayudar a matricular al niño en la escuela para hijos de diplomáticos”,
    explica la madre. El colegio, en una zona exclusiva del municipio Playa,
    tiene sus propios programas de estudio, que en nada se parecen al
    sistema educativo de la Isla.

    “Tendremos que pagar una matrícula en pesos convertibles y la abuela lo
    llevará en el carro hasta el lugar, que es lejos para nosotros. Pero ahí
    sí que no va a tener que decir ¡Viva Fidel!”, comenta aliviada López,
    quien recibirá apoyo económico de su padre, radicado en Barcelona, para
    evitar lo que llama “el lavado de cerebro del niño”.

    En la enseñanza de la historia, la ideología alcanza sus dosis más
    altas. En el décimo congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC),
    varios delegados llamaron a impartir la asignatura “de manera creativa,
    en aras de hacer de la clase el lugar idóneo para fomentar sentimientos
    patrióticos y revolucionarios”. En especial, para formar dirigentes en
    la organización juvenil que tengan una buena “preparación
    política-ideológica”.

    Las clases sobre la historia nacional no admiten matices. La República
    cubana fue “mediatizada” y “corrupta”; Martí es el “autor intelectual”
    del asalto al cuartel Moncada; la lucha armada en la Sierra Maestra es
    “una continuidad de las guerras de independencia” y, “antes de 1959, los
    niños en Cuba no tenían escuela ni zapatos”. Salirse del guion puede
    resultar en una nota de desaprobado.

    Source: “La letra, con política, entra” –
    www.14ymedio.com/sociedad/letra-politica-entra_0_1907809209.html

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