La libreta del hambre
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    ALEJANDRO RÍOS: Nochebuena

    Fuimos aceptando que un “lunático en jefe” determinara hasta las recetas
    tradicionales de la cocina cubana
    Durante los años sesenta, desaparecieron los navideños turrones, las
    uvas y las manzanas
    Melchor, Gaspar y Baltasar se exiliaron con sus camellos
    ALEJANDRO RÍOS

    Al comienzo del documental de Chris Marker, Cuba sí, del año 1960, unos
    niños habaneros les piden a los Tres Reyes Magos por teléfono sus
    juguetes para el Día de los Reyes. Todo ocurre en plena calle, como un
    moderno recurso comercial, en las vidrieras de una gran tienda. Los
    pequeños solicitan muñecas, carritos y trenes pero también
    ametralladoras, que ya veían en las calles portadas por los milicianos.

    En ese mismo filme, del famoso director francés, uno de los primeros
    fellow travelers de la revolución, se ve en la calle una enorme valla
    con la imagen de un infante y el texto siguiente: “¿Este niño será
    creyente o ateo? De usted depende. Rece por él y coopere con el catecismo”.

    Luego se ve otro cartel con la respuesta del régimen a un primer intento
    de la iglesia católica por hacerse valer antes de ser barrida del mapa
    social cubano durante aquella primera década de definiciones y augurios
    de lo que sobrevendría: “¿Este niño será patriota o traidor? De ti
    depende. Enséñale la obra de la revolución”.

    En Fiel Fidel, otro documental que recoge testimonios reveladores de los
    comienzos, dirigido por Ricardo Vega y producido por Zoé Valdés, un
    enfático y ridículo locutor lee su texto: “Se acercan las Navidades y
    Cuba, como todos los países se prepara para celebrarlos. Este año con
    más alegría porque miles de cubanos tienen recursos para hacerlo. ¿Quién
    dijo que faltarían en la mesa cubana los tradicionales turrones
    españoles? Desde Alicante arriban al puerto millón y medio de turrones
    de diversos tipos que son la mejor respuesta a los infundios
    contrarrevolucionarios, según los cuales no comeríamos este año los
    dulces de Navidad”.

    Luego afirma el mismo locutor que aunque Fidel Castro quería reservar la
    cría de puercos para garantizar la grasa, se había logrado tanta
    producción porcina que “ni el típico lechón asado nos faltará”.

    De tal modo fuimos aceptando que una suerte de “lunático en jefe”
    determinara minuciosamente hasta las recetas tradicionales de la cocina
    cubana que ya comenzaba su descenso a la escasez crónica que se extiende
    a nuestros días, no obstante los llamados cambios, apertura y relaciones
    con el vecino del norte.

    Aunque la Nochebuena y la Navidad fueron oficialmente canceladas por el
    régimen para que las festividades no entorpecieran el buen curso de la
    fracasada zafra de los 10 millones, durante el transcurrir de los años
    sesenta, desaparecieron los navideños turrones, las uvas y las manzanas.
    La carne de puerco hacía su aparición en magro racionamiento
    coincidiendo con lo que fueran las fiestas religiosas, pero sin ser
    mencionadas.

    Los juguetes de los niños –un básico y dos adicionales– comenzaron a
    distribuirse en julio, durante la nueva efemérides patriótica. Melchor,
    Gaspar y Baltasar se exiliaron con sus camellos y Santa Claus terminó
    siendo un símbolo nefasto del capitalismo.

    En mi hogar de La Habana del Este, luego de haber vivido en Hialeah
    hasta 1962, yo iba a la vieja fortaleza española frente al edificio 29,
    cortaba un arbusto, lo más parecido a un pino, y lo preparaba con las
    bolas y guirnaldas traídas de los Estados Unidos, en componenda con mi
    madre.

    Puede ser que la familia ya estuviera dispersa, mi padre en la zafra, un
    hermano en Rusia y el otro en la flota pesquera, sin embargo, los que
    quedábamos hacíamos lo posible por resistir la desnaturalización de
    nuestra cultura.

    Hoy faltan seres queridos en la familia pero otros la han hecho crecer.
    La pesadilla quedó atrás. El árbol lleva semanas encendido y la mesa
    espera por los comensales libres y felices.

    Source: ALEJANDRO RÍOS: Nochebuena | El Nuevo Herald –
    www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article51146000.html

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