La libreta del hambre
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    Entre equivocaciones y temores
    HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 6 Ene 2016 – 2:27 pm.

    Bastó lo que según una nota del diario Granma fue “Un intercambio
    imprescindible”, para que los mercados permanecieran vacíos los últimos
    días de 2015. Durante la sesión de la Asamblea Nacional correspondiente
    al martes 29 de diciembre, un diputado manifestó inquietud por los altos
    precios de los productos agropecuarios e hizo énfasis en la urgencia de
    resolver el asunto para que los niños cubanos no pierdan la sonrisa (sic).

    A partir de ahí, se desataron los demonios del centralismo y la
    planificación, la marcha atrás con bandera de populismo se hizo sentir y
    todos aplaudieron, Raúl Castro dio su aprobación y de paso comprometió a
    Marino Murillo a tomar medidas para ponerle freno “a un grupo de pillos
    que cada día se está enriqueciendo más”.

    Lo que siguió a la jugada de sacrificio de peón realizada por Castro,
    fue un gambito de Murillo que no dudó en declinar el ofrecimiento y
    dejar que las cosas, como siempre, las decida el de arriba aunque las
    sufran los de abajo.

    A pesar de que el propio presidente de los Consejos de Estado y de
    Ministros reconoce en su intervención que no tiene la fórmula para
    resolver lo que consideran un grave problema, al día siguiente camiones
    cargados con productos agrícolas fueron detenidos, decomisada la carga y
    advertidos transportistas, campesinos y comerciantes, de la obligación
    de bajar los precios.

    Qué regocijo sintieron los enemigos del mercado al poder tomar una
    medida revolucionaria que los transportó a los heroicos tiempos de las
    nacionalizaciones y la instauración de la libreta de racionamiento, qué
    emoción al saber que gracias a ellos ni los productores ni los
    intermediarios se enriquecerán más.

    Lo ocurrido en la Asamblea y su repercusión en las ollas este fin de
    año, nos dice con claridad que el comunismo no se puede remendar con
    tímidas medidas de mercado, el sistema debe ser cambiado
    estructuralmente y los campesinos, comerciantes, transportistas y cada
    uno de los eslabones que participan en la cadena productiva y de
    abastecimiento, deben tener en primer término la tranquilidad de saberse
    dueños de lo que ganan sin el temor a ser despojados de todo en un
    arrebato revolucionario. Quizás si así fuera la carrera de ganar mucho
    en el menor tiempo posible dejaría de tener sentido.

    Sobre lo de subir tres y cuatro veces el precio que se supone deberían
    tener los productos, las tiendas estatales que comercializan en divisas
    cometen el mismo pecado con artículos de primera necesidad como la leche
    en polvo y los aceites comestibles; pero en última instancia, lo que
    provoca el desmadre de los precios es que los productos que se ofertan
    son insuficientes, no hay productividad, y la improductividad es
    consustancial al sistema económico estatal centralizado que los
    comunistas insisten en defender a pesar de las evidencias.

    De acuerdo con lo que nos permitieron ver de los debates asamblearios,
    todo se resumió en una competencia para demostrar quién era más
    revolucionario, es decir, más aferrado al inmovilismo y a la misma
    retórica antinorteamericana y chovinista. El resultado más visible del
    fracaso de esta reunión de los parlamentarios cubanos es la ausencia de
    productos en los agro mercados, ni baratos ni caros.

    La vara mágica del populismo ha logrado desestimular un mercado que
    comenzaba a dar signos de recuperación. Si la ignorancia en los asuntos
    económicos es una falta grave en los encargados de dirigir el país, la
    irresponsabilidad al emitir declaraciones que comprometen el desarrollo
    es peor.

    Raúl Castro no debe perder de vista que su gobierno es una dictadura, y
    la palabra del líder en los sistemas totalitarios pesa enormemente, su
    aceptación o rechazo tienen fuerza de ley aunque como él mismo prevé
    sin darle demasiada importancia, se agregue otra equivocación a la larga
    cadena de 56 años de equivocaciones.

    El Gobierno sigue improvisando un sistema económico que no acaba de
    tomar forma porque está mal concebido y los líderes no tienen pudor en
    mostrar toda su incapacidad. En momentos de crisis como la que afronta
    Cuba desde hace décadas, se impone tomar medidas que pueden verse como
    impopulares, pero constituyen la única solución.

    La solución radica en aceptar de una vez por todas a la economía de
    mercado como única fórmula válida para crear riquezas y la libertad
    política como antídoto contra la simulación y la falta de criterios que
    se evidenció en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es perder el tiempo.

    Source: Entre equivocaciones y temores | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1452086851_19291.html

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