La libreta del hambre
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    Parques de diversión itinerantes, un negocio por cuenta propia en expansión
    ADRIANA ZAMORA | La Habana | 15 Ene 2016 – 8:24 am.

    Los parques de diversiones itinerantes, una modalidad de negocio por
    cuenta propia, se han expandido en La Habana en los últimos años.

    Algunos se componen de “inflables” para que los niños salten y corran
    sobre ellos. Pero otros han ganado en sofisticación e incluyen aparatos
    de metal que funcionan con energía eléctrica y pueden ser utilizados
    también por los adultos.

    De este tipo es el que se hace llamar simplemente “Parque Infantil” en
    las papeletas que vende para acceder a sus aparatos y que viaja por los
    barrios periféricos de La Habana.

    Por el precio de 5 pesos (moneda nacional) cada una, las papeletas, que
    contienen la imagen de Elpidio Valdés, abren el paso hacia los ocho
    aparatos, manufacturados por los propios dueños.

    “Allá quien se monte en eso”, dice Jesús. “Esas cosas son pedazos de
    metal soldados comoquiera. Fíjate si son frágiles que todas las mañanas
    tú ves a esta gente soldando otra vez el aparato que se usó anoche”.

    “A mí me parecen unos monstruos de película de terror”, comenta Vivian.
    “Hasta me parece que en cualquier momento van a salir caminando solos
    como los zombis… Es que son tan feos”.

    La decoración de los aparatos tampoco ayuda. La pintura está
    descascarada y los caballitos del carrusel viejos. Algunos tienen
    carteles rotulados con letras nada uniformes que rezan “Las locas no
    pagan”, y cosas por el estilo.

    Otras personas tampoco quieren montarse porque les parece muy violento
    el movimiento de los aparatos. “En ese yo he visto gente vomitar y hasta
    desmayarse”, asegura Eliany, refiriéndose a un barco que oscila en un
    ángulo de 180 grados a bastante velocidad. “Ni loca me monto”.

    Los gritos abundan en los dos aparatos para mayores de doce años. El
    otro, que las personas han bautizado “El exterminador”, oscila hasta
    poner al público cabeza abajo.

    “La idea de tener los pies para arriba y la cabeza para el suelo no me
    gusta ni un poquito”, comenta una muchacha. “No sé si me darán deseos de
    vomitar, pero no pienso averiguarlo”.

    Los cinco pesos por vuelta en cualquier aparato parecen muy caros a la
    mayoría, lo mismo cuesta una ración de rositas de maíz o un algodón de
    azúcar.

    “Esto es una renta”, se queja José Antonio, un padre que ha ido al
    parque con sus dos hijos. “Pero no puedo decirle que no a los niños”.

    Cuando el parque se asienta demasiado cerca de las casas los vecinos se
    quejan. “A mí me lo pusieron enfrente”, dice Julio. “La gritería era
    hasta la madrugada y la música la ponen altísima”.

    Sin embargo, para la mayoría de la gente el parque es un entretenimiento
    bienvenido.

    “Para mí es muy lindo, porque los niños se divierten una barbaridad”,
    dice Lidia, una maestra de primaria que lleva a sus hijos cada vez que
    el parque se instala cerca de su casa. “Ojalá que pusieran más aparatos”.

    Lo mismo piensan otros padres, que ven una ventaja en no tener que
    desplazarse grandes distancias para acceder a un poco de diversión.

    “Si vives en Guanabo o en el Camilo Cienfuegos (Hershey), tienes que
    hacer un viaje larguísimo para llegar al Parque Lenin o a Expocuba. A
    veces llegas y hay una pila de aparatos sin funcionar”, observa Carmen,
    quien asegura no tenerle miedo al barco ni al “Exterminador”.

    “Este parque se para en la esquina de mi casa y yo voy corriendo para
    allá y me divierto sin coger guagua”, añade.

    La mayoría de los trabajadores del parque son muy jóvenes y llevan una
    vida nómada. “Muchos somos de Sancti Spíritus”, explica uno de ellos,
    “pero aquí hay gente de varias provincias, hasta de La Habana. Y no
    somos el único parque, cada vez hay más”.

    Se mueven por todo el país en sus propios camiones y tienen un tráiler
    donde cocinan, se bañan y lavan la ropa. Duermen en el mismo tráiler o
    en una carpa que montan entre los aparatos.

    “Ahora queremos irnos para Matanzas, pero regresamos en febrero, para la
    Feria del Libro. Desde hace unos años venimos siempre y nos asentamos en
    los fosos de La Cabaña”.

    Aunque los precios puedan parecer caros a la población, este trabajador
    asegura que no ganan tanto. “Tienes que ver que andar en la calle no es
    barato. Tenemos que comprar la comida, la ropa y todas esas cosas. Yo no
    voy a mi casa en meses, así que no tengo la cuota de la libreta”.

    Para ellos es un trabajo duro. “No es fácil no tener un lugar fijo, te
    desgasta. Por eso aquí la gente es tan joven. No te puedes pasar la vida
    así, por eso la gente va y viene, sobre todo las mujeres, que en algún
    momento quieren tener hijos”.

    “Son como los circos de antes de 1959”, compara la maestra Lidia. “Pero
    claro, sin animales”.

    Source: Parques de diversión itinerantes, un negocio por cuenta propia
    en expansión | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1452778869_19481.html

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