La libreta del hambre
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    Más sobre el bloqueo interno en la economía castrista
    [19-02-2016 03:25:47]
    Elías Amor
    Economista

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Otro experimento absurdo: producir y
    vender localmente materiales de la construcción.Lo acabo de leer en un
    artículo de Granma, que se hace eco del programa que lleva funcionando
    cuatro años y que es de aplicación en todos los municipios del país. En
    particular, se presta atención a la experiencia en las provincias de
    Guantánamo, San­tia­go de Cuba, Granma, Holguín, Las Tu­nas y Camagüey.
    Extrañamente, La Habana no forma parte de este primer análisis.
    Los participantes en la evaluación constatan una serie de aspectos que
    se derivan de este proceso, que ya es el que atiende a la octava
    edición. Ocho veces analizando algo que, simplemente, no tiene sentido.

    Primero, que el programa no funciona igual en todas partes. Normal. Por
    ejemplo, dicen que contar con una base de pequeñas empresas es
    importante. La existencia de innovadores es otro aspecto. Las
    condiciones de financiación también influyen, qué duda cabe. El
    aprovechamiento de “capacidades, reservas y potencialidades de cada
    lugar”, también. Lo que resulta imposible es conseguir que “en cada
    municipio se logre el equilibrio necesario entre las producciones de
    elementos de pared, de piso y de techo”. Tremenda conclusión. Esa
    autarquía municipal no es un beneficio, sino todo lo contrario. Limita
    las capacidades y potencialidades del mercado. Más aún, cuando se trata
    de un sector como el de la construcción.

    Surgen inmediatamente cuestiones: ¿A quién se le puede ocurrir que la
    producción y venta de material de construcción puede funcionar mejor
    cuando, y cito textualmente, “se garantiza la autarquía o autonomía
    municipal, es decir, bastarse a sí mismos, no de­pender de nadie a la
    hora de producir los materiales que necesita la población local para
    asumir por esfuerzo propio las acciones de construcción, rehabilitación,
    reparación y mantenimiento de sus viviendas”. Pero, ¿es que alguien
    puede creer que esa es la solución a los problemas de la vivienda en Cuba?

    Quiénes piensan en estos términos, no son conscientes de
    que especialización sectorial, que no territorial, y economía de
    escala son las claves de las empresas para funcionar de manera eficiente
    y dar servicio a los demandantes en los mercados. El territorio de
    operaciones desborda cualquier enfoque localista. Intentar que las
    empresas solo puedan producir y vender a nivel local es crear
    un rompecabezas en el que las piezas difícilmente pueden encajar. La
    especialización local es solo posible en determinadas actividades
    artesanales y de bajo nivel tecnológico, los denominados yacimientos de
    empleo. La actividad en la construcción exige empresas sólidas,
    potentes, con capacidad financiera y solvencia tecnológica, que actúen
    en distintos puntos del territorio adaptando sus procesos y servicios a
    las características de los mismos. Justo lo contrario.

    La vía autárquica es un grave error que supone despilfarro de recursos,
    duplicidades y al final, escasez, racionamiento o precios desorbitados.
    Además, tampoco sirve para potenciar el desarrollo económico local por
    el minifunidismo que propician. Por otra parte, lasempresas
    privadas funcionan con “inteligencia, per­­se­ve­ran­­­cia, motivación,
    iniciativa, es­pí­ritu emprendedor, sentido de la previsión y amor por
    lo que se hace”, y además, cuando lo consiguen compensan a sus
    trabajadores con sueldos elevados y satisfacen a sus clientes con los
    mejores productos.

    Que alguien explique como ese concierto de unidades locales de
    producción y venta de materiales de construcción pueden actuar de manera
    sostenible sobre “el má­ximo aprovechamiento de los recursos naturales,
    desechos y material reciclable, en la variedad de los surtidos, en la
    calidad de lo que se hace y en la adecuada comercialización, como último
    eslabón de la cadena”. Lo siento, no lo veo. Es imposible. No es
    extraño, en tales condiciones, que las “bases productivas se hayan
    desarrollado más rápido que la comercialización”. Es lógico. No
    existe mercado. Ni tampoco parece que se quiera conseguir un juego libre
    entre oferta y demanda. Si se quiere “dignificar” las tiendas y la
    atención al público, lo que se tiene que hacer es aumentar la escala de
    la producción y apostar por empresas que operen a escala geográfica
    superior, provincial o estatal, y que después, desplieguen sedes locales.

    De hecho, esto puede ocurrir en cualquier momento y acabará sucediendo.
    Cuando las estructuras económicas se adapten a las corrientes existentes
    en otros países del mundo, qué ocurrirá cuando los cubanos observen el
    establecimiento de establecimientos tipo “category killers”
    especializados en material de construcción en la periferia de sus
    ciudades, que comercialicen productos y materiales de construcción
    fabricados en México, Argentina o Estados Unidos. Pero es que alguien
    puede pensar que este modelo de “autarquía local” puede llevar a algún
    sitio en términos de eficiencia y racionalidad. Experimentos de este
    tipo son los que explican ese absurdo embargo interno que atenaza a los
    cubanos y les impide alcanzar niveles de vida comparables a los de otros
    países de su entorno.

    En tales condiciones, la experiencia tiene un recorrido limitado. Su
    existencia no se podrá mantener en el futuro. Que un ministerio, el de
    industrias, esté detrás de todo este montaje que no es otra cosa que un
    galimatías para intentar mantener una estructura que no sirve, es un
    grave error. Que incluso los órganos municipales de gobierno estén en el
    proceso de producción y venta sustituyendo la acción empresarial,
    tampoco es adecuado. Si la economía se quiere preparar para captar esos
    2.000 millones de dólares de los que habla Malmierca, hay que remozar
    estructuras de signo estalinista que se corresponden con modelos más
    propios de mediados del siglo pasado que de la globalización y la
    innovación tecnológica del XXI.

    Source: Más sobre el bloqueo interno en la economía castrista –
    Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/56c67d2b3a682e12909b706d#.VsceE_IrLjY

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