La libreta del hambre
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    El poder de la reconciliación
    Si queremos que nuestro país no se convierta en un Estado fallido y
    provoque una intervención extranjera que nos remonte al punto de partida
    de 1902, no hay otra alternativa que el dialogo y la reconciliación
    Rafael del Pino, EEUU | 30/03/2016 6:24 am

    Desde que comenzaron los debates en pro y en contra de las medidas
    tomadas por la administración norteamericana para restablecer los lazos
    diplomáticos con el Gobierno cubano deseaba exponer algunas experiencias
    personales que reafirmaron mi convicción de que un pueblo no puede sanar
    las heridas y salir adelante sin reconciliarse.
    Es imposible determinar si las iniciativas tomadas por el presidente
    Barack Obama logren conducir a ese objetivo. El propio mandatario ha
    reconocido que el camino será largo y difícil y públicamente ha afirmado
    que será el primero en reconocer su fracaso si este acercamiento no
    conduce a los cambios necesarios que empoderen al pueblo cubano y le
    sean devuelto todos los derechos que le han sido conculcados.
    La primera de las experiencias que mencioné anteriormente me vino de
    alguien que jamás me pasó por la mente que pudiera suceder; de mi mejor
    amigo en la fuerza aérea de la desaparecida Alemania del Este, el
    general Gerhard Reuschel.
    Durante la Guerra Fría las fuerzas armadas cubanas mantuvieron un
    acuerdo de turismo bilateral con las fuerzas armadas del resto de los
    desaparecidos países del “Pacto de Varsovia” intercambiando
    recíprocamente oficiales vacacionistas. Me tocó uno de estos
    intercambios en agosto de 1978 cuando fuimos seleccionados para pasar
    dos semanas en Hungría mientras los oficiales húngaros en reciprocidad
    disfrutaran del mismo tiempo en Cuba.
    Aproveché aquella oportunidad para sugerirle a mi mejor amigo alemán,
    compañero de estudios en la academia superior de la fuerza aérea
    soviética Yury Gagarin, entonces coronel Gerhard Reuschel, la
    posibilidad de encontrarnos en el centro turístico del lago Balatón.
    Eno, apodo cariñoso como lo llamábamos sus amigos cercanos, aceptó
    gustoso y condujo su automóvil más de ocho horas desde Cottbus en la RDA
    hasta el lago Balatón en Hungría, donde alegremente nos encontramos y
    compartimos durante varios días.
    En aquel momento yo todavía era un convencido creyente de que aquello
    que erróneamente llamaban socialismo era posible salvarlo a pesar de
    todos los indicativos de que el desastre no había Dios que lo arreglara,
    ni siguiera con el constante e ininterrumpido soporte económico que nos
    brindaba la URSS.
    Mis dudas se incrementaban constantemente y desde la primera noche en
    que pude compartir con Eno y su esposa Regina, en lugar de hallar
    respuestas a mi incertidumbre, estas se incrementaron.
    Aunque había visitado varias veces la RDA, lógicamente desconocía las
    interioridades de los problemas que ellos confrontaban. Al compararlos
    superficialmente con Cuba, me parecía que ellos no tenían la enorme
    disfuncionalidad que nosotros confrontábamos. Por lo que se me ocurre
    preguntarles como era que habían logrado un estándar de vida tan
    superior al de Cuba habiendo salido devastados de una guerra mundial y
    en solo treinta años los supermercados y tiendas estaban bien
    abastecidas sin necesidad de racionamiento.
    Mis anfitriones alemanes se miraron algo asombrados y sonriendo
    picarescamente Eno se anticipa a su mujer y me dice cariñosamente:
    —Hay Rafael, qué ingenuo eres. Pudiéramos estar diez veces mejor. El
    sistema es un fraude, no funciona tampoco en nosotros. frase bastante
    similar a aquella que Fidel Castro le dijera al periodista Jeffrey
    Goldberg de la revista The Atlantic en septiembre del 2010.) “El modelo
    cubano no funciona ni siquiera para nosotros”[1].
    En los pocos días que pudimos compartir, mis dudas se incrementaron y
    aunque fueron muy honestos conmigo, no exteriorice completamente la
    decepción que me embargaba. Todavía no me había liberado de las cadenas
    invisibles que impiden reconocer el error y el fracaso.
    Al despedirnos me pidieron que cuando pasara por Alemania los visitara,
    que deseaban mostrarme algo, pero si no podía pasar a verlos, que les
    pidiera a los oficiales que me atendieran que me llevaran a la Puerta de
    Brandeburgo, que allí me iba a dar cuenta de lo que hablamos en Hungría.
    Año y medio después se dio esa oportunidad cuando por motivos oficiales
    tuve que visitar la RDA. Si no hubiera sido que tanto Eno como yo éramos
    ambos militantes del Partido Comunista en nuestros respectivos países,
    no hubiera sido posible circunvalar los obstáculos de la STASI;
    institución de contrainteligencia copiada al dedillo por el Gobierno
    cubano y que velaba por cumplir la absurda prohibición implementada en
    ambos regímenes de proscribir que los militares tuvieran ningún tipo de
    contacto con extranjeros, cuando no se tratara de asuntos oficiales de
    asesoramiento. Aunque fueran del propio campo socialista.
    Tal como me había propuesto en el lago Balatón, Eno fue a recogerme al
    hotel en Berlín y me llevó a la Puerta de Brandeburgo donde existía un
    mirador que posibilitaba contemplar los dos Berlín separados por el
    famoso muro desaparecido años después. No fue necesario mediar una
    palabra. Observé en silencio aquella diferencia abismal entre las dos
    Alemania y mientras descendíamos del mirador le escuché en voz tenue:
    “¿Te das cuenta lo que te dije en Hungría?”
    Almorzamos juntos ese mediodía. No fuimos a ningún restaurant especial.
    Eno sabía como me gustaban las Bratwurst a la parrilla con mostaza y
    sauerkraut y acompañándolas con varias jarras de cerveza nos
    sacrificamos en un cafetín de la avenida Unter den Linden. Como ambos
    conocíamos el terreno que pisábamos conversamos fundamentalmente sobre
    nuestra mutua pasión por el vuelo, narrándonos diferentes anécdotas
    experimentadas en ese mundo fascinante del cielo en que nos toca vivir a
    los aviadores. Pero no podía despedirme sin hacerle la pregunta que me
    martillaba interiormente —¿Crees que algún día los de allá y los de acá
    serán así?— mostrándole mis dedos entrelazados de ambas manos. —¡Por
    supuesto! —me respondió sonriendo— y terminó dándome una breve
    explicación filosófica convincente de cuál era la base de su certidumbre.
    —Rafael, tú has estudiado igual que yo el materialismo dialectico.
    Desempolva tus manuales y busca si en la solyanka[2] política rusa, o el
    gulasch[3] nuestro, o los tacos de ustedes encuentras algún ingrediente
    de dialéctica materialista.
    Le prometí que lo haría, aclarándole siempre que nuestro pariente del
    gulasch y la solyanka en Cuba era el Ajiaco y no los tacos mejicanos.
    Cuando se produce la estrepitosa caída del muro de Berlín, dentro del
    caos y la conmoción de todo el país, algunos grupos de oficiales
    retirados de la fuerza aérea acudieron a la principal y más poderosa
    región militar de la aviación de Alemania del Este para solicitar armas
    y su incorporación para defender al régimen que se desintegraba. Gracias
    a la firmeza y convicciones de su jefe el general Gerhard Reuschel ni
    una sola bala ni ningún arma salieron de sus unidades. Pero además, sus
    insuperables dotes como jefe y sus convicciones ya claras y definidas de
    que aquel régimen debía terminar hizo posible que convenciera no solo a
    sus tropas regulares sino a todos los retirados y desmovilizados, que el
    deber era ponerse al lado de la decisión del pueblo alemán de terminar
    con la opresión, unirse y reconciliarse con todos sus hermanos. Hoy
    Alemania es el país más prospero y pujante de la Unión Europea.
    La otra experiencia convincente del enorme poder de la reconciliación la
    tuve durante los trabajos en mi libro de investigación histórica Los
    años de la guerra, cuando decidí viajar a Sudáfrica y encontrarme con
    quienes fueron nuestros enemigos en 14 años de lucha. Los jefes y
    pilotos con los cuales medimos nuestras armas en el África y esa fue la
    catequesis definitiva sobre la reconciliación. Aquel encuentro no solo
    me ayudo a aclarar innumerables dudas que fueron ocultadas al pueblo
    cubano, sino que me di cuenta del enorme liderazgo de Nelson Mandela y
    su decidido convencimiento de reconciliación cuando ascendió a general y
    nombró jefe de la Fuerza Aérea de Sudáfrica al piloto de combate que más
    misiones había cumplido contra nosotros durante la batalla de Cuito
    Cuanavale, el entonces capitán Carlo Gagiano.
    Paradójicamente el entonces capitán Gagiano fue el líder de una pareja
    de Migage F1 que sobre el campo de batalla se enfrentó a la pareja de
    MiGs-23 liderada por el mayor Alberto Ley Rivas con el primer teniente
    Chávez Godoy como wing man[4]. Este fue el único combate aéreo en 14
    años de hostilidades en que se logró una victoria por parte de los
    cubanos averiando el avión que volaba el capitán Arthur Piercy fungiendo
    como wing man[5] de Gagiano.
    El capitán Piercy intentando aterrizar el avión averiado en su base
    aérea en Namibia se le activó involuntariamente el sistema del asiento
    de eyección del piloto y al no poder abrírsele completamente el
    paracaídas sufrió heridas muy graves que lo dejaron paralitico para el
    resto de su vida.
    Después de varios años tratando de localizar a Ley Rivas para
    reconciliarse, Arthur Piercy le envía una hermosa carta que nunca fue
    contestada, y cuyo texto aparece más abajo.
    El jefe de esa pareja de Mirages, el capitán Gagiano como dijimos, llegó
    a general y jefe de la Fuerza Aérea de Sudáfrica cargo que ocupó desde
    2005 hasta 2012. La suerte del mayor Alberto Ley Rivas fue diferente y
    al ser pasado a retiro continuó honradamente ganándose la vida como
    chofer de alquiler.
    La soberbia y la arrogancia son las muestras más reveladoras de la
    incapacidad y el miedo. Si queremos que nuestra nación no desaparezca,
    si queremos deshacernos de una vez por todas del fantasma de una
    explosión social que culmine en un baño de sangre, si queremos que
    nuestro país no se convierta en un Estado fallido y provoque una
    intervención extranjera que nos remonte al punto de partida de 1902; no
    hay otra alternativa que el diálogo y la reconciliación.
    No se puede ignorar, como no ignoraron los alemanes, que sin la unión y
    la reconciliación con los hermanos al otro lado del oprobioso muro jamás
    hubiera sido posible lograr lo que han logrado hoy. De tierra arrasada
    por las locuras de un maniático psicópata a convertirse en la nación más
    prospera y pujante de toda Europa.
    Los gobernantes en la Isla, por mucho que pretendan ignorar las leyes
    dialécticas del movimiento y la evolución de la naturaleza, de la
    sociedad humana y del pensamiento, les será imposible evitar que
    volvamos a ser una sola nación.
    Soberanía no es entregarle el país a las grandes transnacionales,
    soberanía es hacer desaparecer todas las barreras que restringen la
    total liberación de las fuerzas productivas de los cubanos y se elimine
    el bloqueo interno impuesto por el régimen, restableciendo los derechos
    humanos fundamentales de nuestros ciudadanos.
    Creatividad, inteligencia, audacia y decisión les sobran a los cubanos a
    ambos lados del muro acuático que hoy nos separa para poder resurgir de
    las cenizas. Nuestra generación, los que tratamos de hacer una
    revolución que hace mucho tiempo fracasó, tenemos el compromiso y la
    obligación de propiciar ese rencuentro y reconciliación necesaria.
    El presidente de Estados Unidos de América, en un discurso histórico sin
    precedente, ha servido la mesa a los gobernantes cubanos frente a todo
    el pueblo de Cuba y la comunidad internacional. La suerte está echada.
    Se ha disipado la neblina de los subterfugios para justificar una
    dictadura elitista que nunca fue del “proletariado”
    La vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba el coraje y la
    voluntad de cambio. No podemos dejar que caiga el telón sin ejecutar ese
    último acto.
    CARTA DEL CAPITAN ARTHUR PIERCY AL MAYOR ALBERTO LEY RIVAS
    Buscando a Rivas
    Escrito por Arthur Piercy D
    Sábado, 08 de enero 2011 14:07
    Estoy tratando desesperadamente de encontrar al mayor Alberto Ley Rivas,
    un piloto de MiG-23 de la Fuerza Aérea Cubana.
    Mayor Rivas, nos hemos visto brevemente una vez y fue solo por un par de
    segundos a 30.000 pies de altura sobre el sur de Angola, en septiembre
    de 1987. El encuentro en ese momento no fue muy amable, pero espero que
    la próxima vez que nos encontremos sea con un montón de risas y sin
    arrepentimientos ni remordimientos.
    No estoy seguro de lo que estás haciendo ahora, pero si volar era una
    pasión tan grande para ti como lo es para mí, entonces estoy esperando
    que te pongas en contacto conmigo. Como puedes ver en este sitio web
    estoy ocupado construyendo mi propio avión. Tengo previsto volar este
    avión alrededor del mundo. Si no fuera por aquel encuentro en Angola
    hace muchos años creo que no estaría en esta posición de tener un reto
    tan apasionante delante de mí, y me gustaría que tú fueras parte de él
    también.
    Me gustaría que vinieras a volar conmigo. Aunque no sea por todo el
    recorrido por lo menos me gustaría pasar por tu casa e irnos a volar
    juntos. Como ves no te guardo ningún rencor o resentimiento, porque sé
    que ambos estábamos haciendo un trabajo.
    El toque interesante que encuentro más ocurrente es que allí estabas tú
    un piloto extranjero (cubano) en un país extranjero (Angola) volando una
    aeronave extranjera construida en Rusia (el Mig 23), contra mí, un
    piloto extranjero (sudafricano) en un país extranjero (Angola) volando
    una aeronave extranjera construida en Francia (el Mirage F1), y nos
    lanzábamos misiles unos a otros y ni siquiera nos conocíamos ni nos
    odiábamos. En fin, no quiero que nos enfrasquemos en ninguna discusión
    de quién tenía razón o quién estaba equivocado o quién ganó o quién
    perdió. En lo que a mí respecta eso es agua bajo el puente. ¡Solo quiero
    que vengas a volar conmigo!
    Así que por favor ¿podrías ponerte en contacto conmigo?
    Referencia:
    www.projectdreamwings.co.za/index.php?option=com_content&view=article&id=43:looking-for-rivas&catid=11:latest-news-p&Itemid=46
    [1]
    internacional.elpais.com/internacional/2010/09/08/actualidad/1283896812_850215.html
    [2] Solyanka – Una de las sopas más populares rusas, elaborada con
    variados ingredientes, carne, pescado, champiñones, aceitunas, rebanadas
    de limón nata acida, etc.
    [3] Gulasch – Una de las sopas más populares en Alemania. Originaria de
    Hungría se elabora también con variados ingredientes. También en Europa,
    principalmente Hungría y Austria, existe un estofado de carne con igual
    nombre.
    [4] “Wing man” en la fraseología cubana “Piloto número”. Es el piloto
    que vuela en formación con el líder de la pareja para apoyarlo durante
    el combate aéreo.
    [5] “Wing man” Idem

    Source: El poder de la reconciliación – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-poder-de-la-reconciliacion-325233

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