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    El futuro de Cuba y de su economía
    [13-05-2016 00:06:53]
    Elías Amor
    Economista

    (www.miscelaneasdecuba.net).- En las economías de mercado con derechos
    de propiedad privada, el establecimiento de sistemas fiscales por parte
    de los estados para recaudar impuestos con los que desarrollar sus
    funciones de asignación de recursos, redistribución y fomento del
    crecimiento, ha sido aceptado de forma bastante generalizada. Existe una
    amplia literatura científica que sostiene y defiende la intervención
    estatal en la economía privada como mecanismo corrector de los efectos
    negativos del mercado. El capitalismo ha hecho una transición
    haciafórmulas mixtas en las que el estado alcanzó cuotas crecientes de
    participación en la actividad económica general.
    Sin embargo, y pese al grado de desarrollo de estos procesos de aumento
    de la gestión pública que han elevado la participación del estado a más
    del 40% en el PIB de los países (Escandinavia fue un buen ejemplo de
    ello), la naturaleza jurídica de los derechos privados de propiedad se
    mantuvo inalterada, el mercado continúa siendo el instrumento básico de
    asignación de la mayor parte de los recursos económicos, las empresas
    privadas y el enriquecimiento y la acumulación están aceptados por los
    sistemas de regulación e intervención estatal, y en tales condiciones
    el carácter más o menos mixtode las economías se consigue sin alterar el
    marco jurídico.

    A la vista de este proceso observable en numerosos países, la economía
    castrista parece haber iniciado una vía en la misma dirección, pero
    en sentido contrario, con el objetivo aparente, porque unas veces dicen
    unas cosas y en otras dicen lo contrario, de aumentar la participación
    de la actividad privada en la economía. El punto de partida es distinto.
    En la economía castrista, los derechos de propiedad de los agentes
    privados son prácticamente inexistentes, marginales, los medios de
    producción, de forma masiva, pertenecen al estado, que interviene en la
    planificación, gestión y control de la actividad económica, penalizando
    al mercado como instrumento de asignación de recursos y cuestionando los
    procesos de generación y acumulación de riqueza. Por ahondar en la
    cuestión, ni siquiera se llama a las cosas por su nombre, empleando el
    término cuenta propista para erradicar del lenguaje social el término,
    mucho más atractivo, de emprendedor o empresario.
    Y esta es la cuestión. Se pretende generar actividad económica
    privada sin reducir los activos en manos del estado y el grado de
    control de la producción. La base del sistema económico castrista, como
    se estableció en el VII congreso del partido comunista, único autorizado
    en el país, es la empresa estatal socialista, que articula el resto de
    agentes que operan en la economía, las cooperativas, los cuenta
    propistas y en la medida que resulte viable, la inversión extranjera en
    cualquiera de las tres modalidades autorizadas por la reciente Ley 118.

    La cuestión es si esta estrategia puede llevar a algún resultado
    concreto en línea con lo esperado, y deseado. Mientras que las economías
    de mercado funcionan relativamente bien cuando establecen sistemas
    fiscales para generar recursos con los que financiar la actividad
    estatal, en la situación opuesta en que se encuentra la economía
    castrista, reducir el aparato productivo del estado y trasvasar gestión
    económica de la producción a los agentes privados, no está dando los
    resultados apetecidos. Y lo que es peor, no lo puede dar. Es una vía que
    no se ha probado aún y que no sólo es contraria a los principios con que
    funciona la Economía, sino que parece en buena medida, contraria a la
    condición humana. El sistema estatal castrista de intervención en la
    economía, un remiendo de los textos de Marx y de algunos de los primeros
    marxistas, es inviable en pleno siglo XXI.

    No es capaz de funcionar con eficiencia, no atiende las necesidades de
    la población ni tampoco su capacidad de libre elección después de 57
    años de intentos, funciona a base de toscos golpes cuantitativos de
    precios topados y racionamiento, genera salarios miserables con muy bajo
    poder adquisitivo, empresas que funcionan con exceso de capacidad y
    cuestan al estado cuantiosos subsidios que incrementan el déficit
    corriente, sin generar así recursos para las inversiones en
    infraestructuras. Una economía incapaz de encontrar una posición
    competitiva en la economía mundial y que se ve obligada a importar
    alimentos para evitar hambrunas en la población, con un deficit
    estructural en la balanza comercial que se cierra a duras penas con las
    transferencias recibidas por el pago de los médicos, el turismo o las
    remesas familiares.

    Una economía así no tiene futuro. El paso fundamental es, como dicen
    algunos expertos en ingeniería, deconstruir para volver a edificar sobre
    nuevas bases. ¿Y quién pone el cascabel al gato? Buena pregunta que al
    menos, hoy por hoy carece de respuesta. Sin duda, el régimen castrista
    debería asumir el fracaso (ya lo está haciendo cuando acepta pases de
    modelo de Chanel o actividades capitalistas que hace años habrían sido
    objeto de la contundente represión de la seguridad del estado) de su
    modelo económico e iniciar el proceso de deconstrucción. Chinos u y
    vietnamitas ya dieron el paso. Los Castro dicen que nunca van a adoptar
    las políticas neoliberales a las que consideran un desastre allí donde
    se han aplicado. Conviene recordar, alternativamente, que
    muchas economías de mercadotampoco aceptaron de buen grado la fiscalidad
    y los sistemas impositivos y la regulación estatal, hasta que
    descubrieron las relativas bondades de una política pública adecuada.

    Desde esta perspectiva, las reformas de la economía cubana son de
    envergadura y de gran alcance. Requieren cambios en la estructura de la
    propiedad, previsiblemente privatizaciones y compensaciones a los
    expropiados como las producidas en otros países que optaron por la misma
    vía estalinista. Exigen una clara apuesta por el mercado y laasignación
    libre de recursos, suprimiendo la tosca intervención estatal en
    la asignación planificada de los recursos. En suma, aire fresco que
    devuelva a los agentes privados la capacidad para dirigir los destinos
    de la economía sin restricciones burocráticas ni prácticas desfasadas
    más propias de los tiempos de la guerra fría.

    Los cubanos deben estar preparados para ello. La diáspora ofrece
    extraordinarias oportunidades de éxito empresarial y directivo que
    pueden ser trasladadas al país. Si las cosas se hacen bien, Cuba y su
    economía tienen futuro. Hay que ponerse seriamente a trabajar en ello.

    Source: El futuro de Cuba y de su economía – Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5734fe7d3a682e141c1e0fda#.VzXgpZF97ic

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