La libreta del hambre
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    Más precios topados: problemas a la vista
    [03-05-2016 12:40:26]
    Elías Amor
    Economista

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Alguien, en la dirección central de la
    economía castrista, ha llegado a la conclusión que para “aumentar de
    manera gradual la capacidad de compra del peso cubano” no hay medidas
    más adecuadas que topar los precios de los alimentos. Gran error.
    Esta decisión, que después analizaremos con detalle, parece ser
    respuesta a la posición más reaccionaria del VII Congreso del Partido
    único, cuando se planteó en relación con el comportamiento de los
    precios de los productos agropecuarios, la necesidad de aplazar las
    reformas hacia una mayor liberalización de los mercados por un
    intervencionismo estatal directo en la distribución. Dicho de otro modo,
    después de los experimentos de Mayabeque e Isla de Pinos, el régimen da
    marcha atrás. Lo ha venido haciendo desde 1959. Nada nuevo bajo el sol.
    Los principales dañados, como siempre, los cubanos. Veamos por qué.

    El propio régimen ha reconocido cuál es el motivo por el que aumentan
    los precios en Cuba: “el factor primordial en el crecimiento de los
    precios reside en un nivel de producción que no satisface la demanda”.
    Para adentrarse después en que los “avances en esta materia están
    condicionados por factores objetivos y subjetivos” sin especificar muy
    bien cuáles. A partir de ello, se concluye que “no podemos quedarnos con
    los brazos cruzados ante la irritación de los ciudadanos por el manejo
    inescrupuloso de los precios por parte de intermediarios que solo
    piensan en ganar cada vez más” y como conclusión, los precios se topan.

    Después de culpar a los intermediarios de un problema estructural de la
    economía, que es la baja producción, que tiene su origen en las
    instituciones existentes, inadecuadas para el funcionamiento eficiente,
    el régimen, el sector más duro, el que menos confianza tiene en la
    libertad económica, anuncia este conjunto de medidas de fijación de
    precios, cuyo objetivo es “incrementar el acopio de productos
    agropecuarios de alta demanda y su comercialización a la población a
    precios máximos establecidos”.

    Primera falsedad. Que con esta actuación se consiga la “protección al
    consumidor y a los productores agropecuarios, pues asegura estabilidad
    en los niveles de precios”. Falso. Ni protege ni asegura nada. A los
    consumidores les permite dar rienda suelta a una demanda contenida que
    termina siendo racionada por la escasez. A los productores, les obliga a
    malvender sus cosechas, no obtener la rentabilidad esperada de su
    trabajo y esfuerzo, y al año siguiente, casi seguro abandonar.

    Existe abundante literatura científica en la Economía que cuestiona este
    tipo de medidas por sus graves consecuencias sobre aquellos a los que se
    pretende proteger y defender. En vez de ello, lo que se tiene que hacer
    es crear un marco jurídico para que la actividad económica de
    producción, comercialización y venta se desarrolle libremente, poniendo
    en juego oferta y demanda en absoluta libertad bajo las señales de los
    precios. Esa es la única receta que funciona. Lo demás es perder el tiempo.

    Nunca ha sido bueno dirigir una economía con regulaciones y
    disposiciones publicadas en una Gaceta, como la Oficial de la República
    de Cuba. Aquí ahora, las Resoluciones 157-C y 162 del 2016, del
    Ministerio de Finanzas y Precios, vuelven a trasladar efectos negativos
    sobre el comportamiento de los agentes económicos, y previsiblemente, ni
    van a conseguir que se mantengan precios máximos de venta a la población
    de productos agrícolas seleccionados. Lo normal es que en unas pocas
    semanas, los productos escaseen y los cubanos vuelvan a padecer
    privaciones. Tiempo al tiempo.

    Tampoco está claro que estos precios máximos se vayan a establecer a los
    productos de primera calidad, de acuerdo con las regulaciones vigentes.
    Conforme los mercados se vacíen a resultas de una mayor demanda que
    oferta, los consumidores no tendrán más remedio que pagar precios más
    elevados por lo que quede en los anaqueles de las bodegas. Al final,
    este tipo de procesos de fijación de precios acaba siendo incompatible
    con la discriminación en términos de distinta calidad.

    Alguien se ha cubierto en salud, cuando se establece que “los precios
    tienen en consideración las épocas de cada cultivo: la óptima, donde los
    rendimientos son superiores; y fuera de esta, en que disminuyen”. Esto
    es absolutamente normal y en una economía de varias cosechas anuales en
    la agricultura, como la cubana, no se debería producir si la
    distribución comercial, los intermediarios, esos profesionales que se
    consideran los “enemigos” del régimen, tuvieran capacidad para almacenar
    y conservar en frío los productos. En tales condiciones, la oferta se
    mantendría sin tensiones durante el año.

    Excluir los mercados de oferta y demanda de la política de precios fijos
    es otro grave error, porque pretender que los vendedores de estos
    mercados no vayan a reaccionar a la política de precios del estado, es
    arriesgado. Al final, lo que puede acabar ocurriendo es que los
    mer­cados agropecuarios estatales e incluso los más pequeños, de los
    trabajadores por cuenta propia, terminen vaciándose en poco tiempo, y en
    tales condiciones a los consumidores no les quedará más remedio que
    aprovisionarse a precios más altos en los mercados de oferta y demanda.
    Todo el coste económico destinado a subvencionar la compra de alimentos
    tirado a la basura una vez más.

    El último error, la decisión adoptada de fijar, para el resto de los
    productos agrícolas que se acopian por empresas estatales, con precios
    no centralizados, márgenes comerciales no superiores al 40%. Otro grave
    error que producirá la desaparición de numerosos productos porque su
    coste de producción será superior al precio, desanimando el cultivo. Más
    ineficiencia, imposible.

    Enredado en estas cosas el Ministerio de Finanzas y Precios castrista da
    una de cal y otra de arena, e impone su ideología al funcionamiento de
    la economía. Mal consejo. Con este tipo de medidas de precios topados,
    las consecuencias son bien conocidas por los cubanos: escasez y
    racionamiento, colas, necesidad de recurrir a la economía sumergida o la
    “bolsa negra”, florecimiento de los especuladores que no intermediarios,
    y al final, precios que aumentan de forma desorbitada, además de un
    gasto público en aumento para subvencionar los productos, que se podría
    destinar a otros fines, como por ejemplo, las inversiones públicas en
    infraestructuras.

    Descontrol económico, déficit y efectos contrarios a los buscados. Así
    lleva la economía de planificación central estalinista del régimen
    castrista 57 años. Acabarán lamentándose de lo que han hecho.

    Source: Más precios topados: problemas a la vista – Misceláneas de Cuba

    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/572b231a3a682e127c8efb66#.Vys6Svl97ic

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