La libreta del hambre
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    Balance de los diez años
    La consigna de “sin prisa pero sin pausa” hunde al país
    Marlene Azor Hernández, México DF | 13/06/2016 9:44 am

    En agosto del presente año se cumplirán diez años de la sustitución del
    Fidel Castro por su hermano el General Raúl Castro en la presidencia del
    país. Los funcionarios cubanos hacen un balance laudatorio de todos “los
    cambios” de la década y hasta personalidades extranjeras “compran” el
    cuento. La población opta por macharse del país. ¿Por qué existe esta
    disparidad tan abismal sobre las percepciones de las políticas públicas
    del gobierno?
    Los cambios administrativos no rinden frutos
    Desde 2006 hasta 2011, la única medida adoptada en función de
    “actualizar” el modelo fue la repartición de tierras en usufructo, sin
    permitir que los campesinos pudieran construir sus casas en las tierras
    dadas en gestión. Cuatro años después se les autoriza la construcción de
    sus viviendas en su lugar de trabajo. Disminuyen abruptamente los
    subsidios sin medidas compensatorias para los sectores más vulnerables y
    se incrementan exponencialmente las desigualdades y la pobreza. El resto
    son medidas administrativas de compactación de ministerios, reducción
    mínima de la inmensa burocracia y cambios de funcionarios “fidelistas” a
    los “raulistas”. Un quinquenio perdido en el desarrollo del país[1].
    En la segunda parte de su mandato, Raúl Castro sigue los cambios
    administrativos sin ningún resultado práctico positivo. Los Lineamientos
    se incumplen en un 79 % y nadie rinde cuentas ni se responsabiliza por
    su impresionante incumplimiento. Aún hoy, no se han publicado los
    informes sobre el cumplimiento de los Lineamientos entre 2011-2016, ni
    los Lineamientos aprobados hasta 2021.
    Se incrementa la burocracia al doble creando las OSDE, organismos
    intermedios entre los ministerios y las empresas de base que significa
    para la burocracia “un paso de avance en la descentralización en la
    economía” cuando en la práctica es la duplicación de la burocracia para
    crear nuevos “cuellos de botella” en la producción y comercialización de
    las empresas. La separación de las nuevas provincias de Mayabeque y
    Artemisa con su experimento de separar las funciones del partido de las
    funciones del estado, no ha dado ningún resultado tangible para los
    ciudadanos de esas provincias. Sin embargo los funcionarios encargados,
    los únicos que son entrevistados en la prensa oficial, dicen que existen
    “grandes avances” que no logran explicar.
    Las “reformas” ni hacia la “derecha” ni hacia “la izquierda”: el
    inmovilismo en el sistema económico y político soviético.
    Utilizo los términos de “derecha e izquierda” en el sentido en que se
    utiliza por los funcionarios cubanos[2]. La derecha significa
    liberalizar la economía, la izquierda pasar a la autogestión empresarial[3].
    El economista Pavel Vidal hace un análisis de lo que significa para la
    agricultura cubana, la consigna “sin prisa pero sin pausa”[4] cito: “El
    crecimiento promedio anual del sector agropecuario cubano del año 2008
    hasta el año 2014, según las cuentas nacionales de la ONEI, ha sido de
    apenas un 0,9 por ciento”. En contraste, las reformas en Vietnam
    arrojaron crecimientos significativos. Cito: “Vietnam, país referenciado
    en el Informe Central del VII Congreso, es un ejemplo donde las reformas
    de mercado resultaron favorables para la agricultura. El crecimiento
    promedio del sector agrícola vietnamita en los primeros siete años de
    transformaciones fue de 3,2 por ciento, luego se aceleró a 3,9 por
    ciento como promedio en la década de los noventa. Ello permitió
    incrementar las exportaciones, eliminar la libreta de racionamiento y
    mejorar los ingresos reales de las familias”
    Vidal nos reseña “¿Cómo lo hizo Vietnam? Pues eliminó las restricciones
    para el acceso directo a los bienes de capital e insumos importados. La
    devaluación y unificación de las tasas de cambio, la eliminación de los
    monopolios estatales en el comercio externo y la flexibilización a las
    restricciones a la importación fueron la fórmula” Tres medidas nos
    propone el autor:
    1. Se deja que inversionistas extranjeros y cubanos abran mercados
    mayoristas de insumos y bienes de capital para los agricultores y
    comercializadores. Deben ser varios y de diferentes tamaños, para lograr
    competencia. También pueden establecerse empresas mixtas con el Estado.
    Pero ninguno debe contar con poder de monopolio.
    2. Se permite que este mercado incluya crédito comercial para que los
    agricultores y comercializadores puedan pagar en plazos. Los bancos
    estatales también ofrecen crédito para comprar en estos mercados. Se le
    da también entrada en el experimento a los proyectos internacionales que
    desde hace años han manifestado interés en apoyar las micro-finanzas
    cubanas.
    3. Se establece un mecanismo cambiario para que las empresas que operen
    los mercados de insumos y bienes de capital puedan comprar dólares a la
    tasa de cambio de 24×1. Los dólares provendrían del ahorro que tendría
    el país por la sustitución de importación de alimentos y de las ventas a
    los turistas.
    Por su parte el economista Juan Triana señala cinco problemas claves no
    resueltos[5]: “La Planificación centralizada” como obstáculo al
    desarrollo, las empresas estatales siguen siendo perdedoras en los
    márgenes de autonomía hasta ahora acordados, las pequeñas empresas
    privadas y las cooperativas siguen teniendo todas las restricciones para
    funcionar por los controles estatales y la ausencia de acceso a los
    mercados nacionales y extranjeros para insumos y capital directos. Los
    profesionales siguen estando “cautivos” en las empresas presupuestadas.
    Miriam Leyva nos señala algo insólito luego de diez años de
    “cambios”[6]. Cito “Los almacenes abarrotados de mercancías y tres
    barcos esperando ser descargados en el puerto de La Habana son noticias
    impactantes, pasados 5 años de la implantación de los Lineamientos del
    Partido Comunista efectuado en abril”. De las 26 brigadas de estibadores
    sólo funciona una, por la ausencia de camiones para sacar las mercancías
    del puerto. Y agrega “La cadena puerto-transporte-economía interna no
    logra mejorar su eficiencia tras decenios de consignas, reportajes y una
    película de la década de 1980. La acumulación de productos continúa
    favoreciendo el descontrol, los robos y la venta en el mercado
    subterráneo. Los trabajadores sienten desvirtuado el trabajo y
    disminuido el salario, y la economía del país pierde por estadía de los
    buques, el deterioro de los productos importados al mínimo de lo
    necesario, la distribución tardía para la producción y el abastecimiento
    a la población”. Una foto de lo que bien podría llamarse efectos de una
    “economía de guerra”.
    El balance político y económico de los diez años del presidente Raúl
    Castro es negativo. La ausencia de cambios estructurales en la política
    económica, pero también en el sistema político, obstruyen las reformas y
    las convierten en resultados negativos para todos los actores económicos
    menos para los funcionarios del Partido y el Estado que las diseñan.
    “Sin prisa pero sin pausa” se ha convertido en la práctica, en el
    principal escollo de la política económica y de las posibilidades hacia
    el desarrollo. Esto tiene que ver con la ausencia de democracia y
    transparencia en el país, pero eso piensan los ciudadanos. Los
    funcionarios insisten en que estamos en “el mejor de los mundos
    posibles”, confirmando la ausencia de voluntad política para realizar
    los cambios necesarios.

    [1] No me voy a referir a los supuestos crecimientos del PIB porque la
    dualidad monetaria y cambiaria falsea los índices de crecimiento
    económico, y en segundo lugar porque estos datos refrendan un ingreso
    promedio per cápita de más de 5.900 dólares anuales, algo francamente
    disparatado. Al cambio actual el ingreso promedio per cápita es la
    friolera de 141.600 pesos cubanos.
    [2] Según el economista José Luis Rodríguez la autogestión yugoslava fue
    un disparate, sin embargo la “Batalla de Ideas” época en la que cual fue
    Ministro de Economía es un “hallazgo” en la estrategia de Fidel Castro.
    Para este autor las reformas de mercado “del socialismo real” fueron
    igualmente nefastas.
    [3] Ver el análisis de Pedro Monreal “Empresa estatal, política y
    democracia socialista: ¿la función determina la forma?” En
    Cubaposible.com 31/05/2016.
    [4] Pavel Vidal “Un peligroso repliegue de las reformas en la
    agricultura cubana. Una propuesta para que continúe el experimento” en
    Cubaposible.com 16/05/2016.
    [5] Juan Triana Cordoví “Los costos de oportunidad” en
    Oncubamagazine.com 06/06/2016.
    [6] Miriam Leiva “El puerto de la Habana se desborda” en Cubanet 07/06/2016.

    Source: Balance de los diez años – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/balance-de-los-diez-anos-325759

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