La libreta del hambre
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Recent Comments

    ¿Cómo no me voy a reír de La OEA?
    Entre la cobardía de unos y la complicidad de otros, Maduro ha recibido
    la señal de que tiene carta blanca para hacer lo que quiera con
    Venezuela, considera el autor de este artículo
    Carlos Manuel Estefanía, Estocolmo | 16/06/2016 9:03 am

    Los venezolanos le han robado la consigna a Pánfilo y han salido
    reclamar su “jama” frente a las mismas puertas del palacio de Miraflores.
    La escena ha dado la vuelta al mundo, si bien algunos medios matizan
    diciendo que se trata de una protesta de las “clases medias”. Lo cierto
    es que los que se ven gritando en pantalla tienen cara de todo menos de
    “niños bien”, se trata gente humilde, trabajadora, reclamando un derecho
    tan simple como el de comer. Al parecer han dejado atrás —no por
    satisfecha la demanda— aquella etapa “prosaica” de exigir papel
    higiénico; también la otra de falta de azúcar, por no hablar de la de
    broncas por un par de cebollas en los mercados. Por cierto, con la que
    se veía venir bien pudo demorarse el desmantelamiento de los centrales
    de azúcar en Cuba; por muy poco rentable que estos fueran, al menos
    habrían servido para garantizar, al “hermano pueblo venezolano” el
    refresquito que haga pasajero el calentamiento global, retribuyendo con
    la sacarosa tanto petróleo regalado, además de mantener la dignidad
    laboral del trabajador azucarero cubano hoy desempleado.
    Maduro lo está haciendo muy mal la verdad, no porque sea incapaz de
    garantizar un buen de vida de la población, lo cual es pedir peras al
    olmo de un sistema que hace de la miseria un medio de dominación, sino
    porque mantiene el totalitarismo parado en la mitad de la construcción,
    en el mismo punto en que lo dejó Chávez antes de que “lo murieran”.
    Es que en Cuba, tras 17 de Revolución (recordemos que la Bolivariana
    comenzó oficialmente en 1999), no se daban esos espectáculos tan
    bochornosos de multitudes de gente gritando “Queremos comer”, y de los
    que, hasta la televisión sueca, tan poco interesada en Latinoamérica, se
    ha hecho eco en estos días. Para esa época, digamos 1976, el empleo
    había sido debidamente monopolizado por el Estado, la oposición
    suprimida (lo mismo armada que pacífica), en cada barrio establecido un
    Comité de Defensa que lo vigilaba todo y la pobreza convenientemente
    repartida para que doliera menos con la ayuda de la libreta de
    racionamiento.
    Pero como en Venezuela no hay nada de esto, la gente sale a la calle y
    grita, y lo hace de manera tan desesperada que a veces dice cosas de las
    que pueden valerse sus enemigos. Por ejemplo, cuando piden que alguien
    desde afuera a salvarla. Con esto están sirviendo en bandeja la idea de
    que no quieren a su patria, como decía el 2 de junio pasado, a sus
    oyentes Edmundo García desde su programa digital en Miami La tarde se
    mueve, algo que choca un poco cuando acababa de retransmitir un programa
    de Rusia Hoy en el que Fabián Escalante alababa a una agencia de
    inteligencia extranjera —la KGB— por su rol en la formación de la
    contrainteligencia cubana, la misma que hoy controla la “seguridad”
    venezolana.
    La fórmula venezolana para enfrentar las protestas es otra, la de acusar
    al sector privado de la escasez, como si los capitalistas —quienes para
    serlo están dispuesto a perder todo menos el dinero, y que hacen
    política a través de sus políticos profesionales— se guiaran por la
    misma lógica de un Estado socialista, donde la propiedad sobre los
    medios de producción subordina la cantidad, la calidad y la ganancia de
    lo que se produce a la política, aunque esta nos lleve a la ruina.
    Para conseguir este resultado los medios de propaganda gubernamentales
    en Venezuela y sus aliados se ayuda de casos puntuales, sabrá Dios si
    fabricados por los mismos agentes oficialistas infiltrados en las
    empresas, como es el del Complejo Industrial Ovomar, acusado en estos
    días por el diputado del Bloque de la Patria, Ricardo Molina, de tirar
    “tres millones de huevos” a la basura. Vaya forma de hacer dinero que
    tienen sus dueños.
    Pase o no pase el cuento, al Gobierno venezolano siempre le quedará La
    Habana para emendar sus faltas. Recordemos cuando le sacó las castañas
    del fuego organizándole aquel autogolpe de Estado de 2002, que salvó a
    Hugo Chávez, de un linchamiento popular, de un ajuste de cuentas en “su
    propia madriguera”, ese palacio de Miraflores, hoy mejor reguardado por
    los escudos de la policía frente a los “escuálidos” que, sin la fuerza
    de antaño para la acción política de masas, solo les queda pedir comida,
    como si merecieran el triste apelativo que les dio el teniente coronel
    golpista cuando ya era presidente. Aquel operativo militar —al que tanta
    lasca le sacaron los propagandistas del chavismo— sirvió de paso para
    hacer caer en la trampa a todos lo que creyeron que un ejército tan
    penetrado desde fuera como el venezolano (la trayectoria conspiradora de
    propio Chávez lo demuestra), se pondría al final del lado de su pueblo.
    Catorce años después La Habana (o quienes están detrás de ella) vuelve a
    mover hilos para salvar a sus protegidos en Caracas, y ha tirado tan
    duro que obligó a recular a ese paladín liberal de Mauricio Macri, desde
    ahora “Micro”, para los opositores venezolanos.
    El mejor resumen de este último servicio cubano lo tenemos en la
    declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) del mismo
    2 de junio. Aquí se nos habla de que Venezuela (entiéndase el Madurato)
    “libró una dura y victoriosa batalla diplomática en la Sesión
    Extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados
    Americanos, celebrada el miércoles primero de junio, contra el plan
    injerencista del imperialismo y las oligarquías”. Y como la madre que no
    repara en daños para salvar a un hijo se arremete contra el secretario
    general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro,
    olvidando sus declaraciones de marzo en las que decía que “corazón
    siente que Cuba debería estar de vuelta” a ese organismo, las palabras
    fueron dicha por el exministro de Asuntos Exteriores uruguayo en una
    conferencia realizada en el Instituto de América Latina de la Academia
    China de Ciencias Sociales (ILAS CASS) de Pekín.
    El caso es que no puede haber piedad en la declaración con Almagro, cuyo
    amago de tratar de aplicar el artículo 20 de la Carta Democrática
    Interamericana, dirigido a lidiar contra las rupturas o alteraciones
    graves del orden constitucional, sería la base del presunto plan
    imperialista y oligárquico. De paso se recuerda que dicho artículo no
    fue invocara cuando “el golpe militar de 2002 contra el presidente Hugo
    Chávez Frías”, “a buena hora mangas verdes”, cuando fue precisamente ese
    “dale palante y dale patrás” de los gorilas venezolanos lo que mantuvo
    en el poder a un personaje imprescindible para Cuba en aquellos
    momentos. Otra cosa sería cuando llegara la hora de sustituir al payaso
    amigo de Fidel, pero demasiado creído de sí, por el burócrata oscuro y
    amaestrado por Raúl que recordando sus tiempos de chofer de autobús
    conduce a Venezuela, por la ruta exacta que se le dicta desde Cuba, sin
    desviarse ni una cuadra, por más que griten “PARAAA” las masas
    apretujadas en su “guagua”.
    Al final, hoy con los venezolanos, como ayer contra cubano, se pone en
    evidencia que el problema no es exclusivamente interno, y solo puede
    solucionarlo el mismo pueblo, nadie más hará nada y mucho menos esa
    organización dejada de la mano de los norteamericanos desde hace décadas
    y maniatada por los gobiernos del ALBA-TCP, esos que tiraron una vez más
    la toalla al régimen bolivariano, a decir del MINREX, con los “serenos
    argumentos de los que han elegido el diálogo, el respeto entre naciones
    y la paz como normas de su diplomacia, y la mesurada pero clara
    resistencia caribeña”. Entre la cobardía de unos y la complicidad de
    otros, Maduro ha recibido la señal de que tiene carta blanca para hacer
    lo que quiera con Venezuela. ¿Cómo no me voy a reír de La OEA?

    Source: ¿Cómo no me voy a reír de La OEA? – Artículos – Internacional –
    Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/internacional/articulos/como-no-me-voy-a-reir-de-la-oea-325793

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    Calendar
    June 2016
    M T W T F S S
    « May   Jul »
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930  
    Archives