La libreta del hambre
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    Registro Civil, OFICODA: el burócrata cubano es inmortal
    Iván García Quintero

    En un país con exceso de control ciudadano, llama la atención la pérdida
    de tiempo que padecen los cubanos para efectuar un trámite legal, por
    simple que sea.
    Nueve de la mañana en La Habana, Cuba. Llueve a intervalos, los charcos
    y el barro se acumulan en la calle y el calor provoca que las personas
    siempre tengan el ceño fruncido.

    Registro Civil del municipio Cerro. Afuera, una decena de hombres y
    mujeres, mosqueados, tensos y con mal talante, que ni siquiera atinan a
    responder un cortés saludo de “Buenos días”.

    Una mujer, a la que al parecer la prisa no le permitió arreglarse, abre
    las puertas de un local desconchado, empercudido y con un lamparón de
    humedad en paredes y techo que delata filtraciones de agua.

    Los notarios y trabajadores acomodados en viejas butacas giratorias de
    madera revisan con calma en anacrónicos archivos metálicos. Una empleada
    corpulenta, con tono cuartelario, anuncia al público: “Hoy solo
    trabajamos hasta las doce de día, pues mañana, 8 de junio, es el día del
    jurista”. “Pero si el día del jurista es mañana, ¿por qué hoy solo
    trabajan media jornada?”, pregunta un señor canoso en la cola. “Son las
    disposiciones”, responde, y fulmina al ciudadano con una mirada que mete
    miedo.

    Aunque se supone que estamos en el siglo XXI, esta institución estatal
    aún parece anclada en los años 50 del siglo XX. Aquí usted no ve un
    ordenador, y si tienen conexión a internet no está a la vista del público.

    Obtener un certificado de nacimiento puede demorar de quince días
    hábiles a un mes. Y si no aparece, debes peregrinar por todos los
    Registros Civiles de La Habana en su búsqueda.

    Olga Lidia, funcionaria, alega que la informatización en los archivos de
    los Registros Civiles marchan a paso de tortuga. “Los nacidos después de
    1980, parcialmente, tienen sus datos computarizados. Los que nacieron
    entre 1940 y 1970 es difícil, de manera manual, encontrar sus
    certificados de nacimiento si no se tiene el tomo y folio”.

    Las causas son variadas, ningunas imputables al usuario. El culpable de
    ese colosal disparate burocrático es el régimen de Fidel y Raúl Castro.

    En el Registro Civil de Puentes Grandes, al oeste de La Habana, un
    incendio provocó el cierre del local. En el del Cerro, muy cerca del
    hospital Covadonga, las condiciones de trabajo son pésimas.

    Las filtraciones han deteriorado miles de papeles y documentos. Los
    salarios son bajos, el personal no tiene almuerzo y los destartalados
    ventiladores chinos no amortiguan el espantoso calor.

    “Pero en vez de quejarse a su organismo superior, el disgusto de estos
    burócratas lo paga el público, al que atienden mal, como si uno fuera el
    culpable. Y todos saben quién es el culpable del desastre nacional, pero
    nadie quiere señalarlo en voz alta”, comenta una señora que dice llevar
    año y medio haciendo gestiones para legalizar su vivienda.

    En un país donde el exceso de control ciudadano no es un déficit, llama
    poderosamente la atención la pérdida de tiempo de los cubanos para
    efectuar un trámite legal, por simple que sea.

    “Los ciudadanos no deberían demorar varios meses para realizar un
    trámite, porque el Ministerio del Interior todo lo tiene controlado.
    Bajo su responsabilidad tienen, entre otros, el Carnet de Identidad, los
    Pasaportes y la Dirección Nacional de Identificación. Además, fiscalizan
    el Registro de Direcciones, a cargo de los CDR en todas las cuadras de
    los 168 municipios existentes en Cuba. Lo ideal sería que cada cubano,
    en su carnet de identidad, tuviera los datos necesarios para cualquier
    gestión legal”, explica un notario.

    Entidades comerciales como ETECSA, el monopolio de las
    telecomunicaciones en la isla, exigen a sus clientes una serie de
    documentos legales para mantener el servicio de telefonía fija.

    “Existe un grupo de instituciones, como el Instituto de la Vivienda o la
    OFICODA, la oficina donde se registran los consumidores de las libretas
    de racionamiento, que no tienen sentido en Cuba. Esos papeles que pide
    una empresa que presta servicio comercial como ETECSA están fuera de sus
    funciones. El Estado debe garantizar otros mecanismos más efectivos. Ese
    exceso de control y documentación legal para cualquier trámite ocasiona
    corrupción y molestia ciudadana”, acota Diana, abogada de un bufete al
    sur de la capital.

    Poner el teléfono o una casa a nombre de un nuevo propietario, obtener
    una licencia para hacer arreglos en tu vivienda o legalizar un terreno
    incluye, en el mejor de los casos, varios meses de gestiones y decenas
    de horas innecesariamente perdidas haciendo cola.

    “Ni pagando con moneda dura por debajo de la mesa consigues que se
    agilice el papeleo”,confiesa una enfermera que acaba de regresar de una
    misión médica en el exterior.

    En 1966, el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea dirigió el filme La
    muerte de un burócrata, una sátira sobre la absurda gestión que se ve
    obligada a hacer una viuda para cobrar la pensión de su esposo fallecido.

    Cincuenta años después, un extranjero tal vez reirá por lo surrealista
    del argumento. Un cubano constatará que, a pesar del tiempo
    transcurrido, la realidad ha logrado superar a la ficción cinematográfica.

    Source: Registro Civil, OFICODA: el burócrata cubano es inmortal –
    www.martinoticias.com/a/cuba-burocracia-sistema-/123834.html

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