La libreta del hambre
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    ¿Estará lista Cuba para la democracia?
    JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 13 de Julio de 2016 – 08:54 CEST.

    Algunos continúan preguntándose si los cubanos de la Isla estarán
    preparados para una futura convivencia en democracia. Las respuestas
    —porque sin duda hay más de una— no han de ser tan sencillas ni tan
    convencionales como la pregunta. Para empezar, tal vez sería válido que
    reformuláramos la interrogante: ¿Estará lista la democracia para
    establecer debidamente sus normas en un futuro próximo para los cubanos?

    Porque si bien la democracia, como el pan de la libreta de
    racionamiento, aguantó siempre los más violentos estirones sin perder la
    forma, parece que en los últimos tiempos se resiente y va exteriorizando
    las secuelas de tanto maltrato. Hoy, en los países que viven bajo
    sistemas democráticos (o cuyos gobernantes por lo menos resultan
    elegidos mediante escrutinio público), se mezclan paradójicamente, sin
    la menor salvedad, Suiza e Irán, Bélgica y Rusia, Holanda y Ecuador, o
    Costa Rica y Nicaragua…

    Así que una segunda respuesta para la interrogante en cuestión podría
    ser otra pregunta: ¿Cuál es el tipo de democracia para la cual se supone
    que Cuba deba estar preparada?

    Los propios representantes de la dictadura cubana afirman que allí se
    practica la democracia participativa. Y a nadie debiera sorprender que
    la sucesión de la segunda dinastía de los Castro se oficialice en el
    momento anunciado, y hasta quizás mediante algún mecanismo sensible a la
    pirueta democrática, que a la larga puede resultar bien visto por los
    gobiernos, instituciones, observadores y analistas del mundo.

    Creemos estar seguros de lo que puede suceder en Venezuela si ahora
    mismo lanzan un referendo revocatorio contra Maduro. Pero, ¿estamos
    seguros en el caso de Cuba? ¿Se hallarán preparados nuestros paisanos
    para enfrentar civilizadamente, o sea, en paz y haciendo valer los
    principios de la democracia, cualquier trampa que tenga como objetivo la
    prolongación de la tiranía castrista, con o sin la figura de un dictador
    en jefe?

    Lo que está en el corazón del ñame solo el cuchillo lo sabe. Así es que
    resulta difícil anticipar una respuesta categórica. Pero en principio,
    un vistazo a ojo de buen cubero sobre la composición psicosocial de
    nuestra gente, arroja muchas más dudas que certezas.

    Descontando a los militantes comunistas de palo y pedrada, que conforman
    minoría cada vez menor, así como a otros cómplices o comprometidos con
    la dictadura, quedan en el país tres grupos específicos de ciudadanos
    que son los que pudieran incidir mayoritariamente a través de elecciones
    “democráticas” o de algún tipo de referéndum.

    Primero, están los ancianos, que son los que más le temen al régimen y
    los más fáciles de manipular, ya que con el transcurrir de los años
    fueron reduciendo aspiraciones, planes y esperanzas, hasta un punto que
    hoy son capaces de dormir tranquilos solo con saber que disponen de una
    mísera jubilación, de un techo que no les pertenece y de una cama que es
    la misma que acomodó, hace 50 o 60 años, sus sueños de adolescencia.
    Sucede también que muchos de estos ancianos que aún viven en Cuba tienen
    garantizado el sustento gracias a las remesas que les envían sus
    parientes del exterior. No sería dable entonces cifrar esperanzas en sus
    decisiones.

    En un segundo grupo se pueden ubicar aquellos cuyas edades oscilan entre
    40 y 60 años. Es posible que a este grupo pertenezca la mayoría de los
    miembros de la oposición interna, pero también aglomera en alta
    proporción a los funcionarios estatales de diversos rangos. Son
    individuos que nacieron y crecieron a merced del régimen. Si, como
    dijera Chesterton, el signo dominante en nuestra época es un signo de
    interrogación, en Cuba las mayores incógnitas gravitan en torno al
    comportamiento que en un futuro más o menos próximo puedan asumir estos
    paisanos que hoy median entre la juventud y la vejez, más definidos y
    activos que los ancianos, aunque menos desprejuiciados y más pícaros y
    conservadores que los jóvenes.

    Otra es la historia con la juventud de la Isla, la cual se siente hasta
    el pelo de que les señalen lo que no deben querer, en tanto no les atrae
    ni les convence lo que quieren que quieran. Más bien les atrae todo lo
    contrario, no solo porque es lo contrario sino porque sencillamente les
    atrae cualquier cosa cuyo atractivo no les sea impuesto. Aunque no lo
    pregonen (ya que les impartieron bien el arte de la simulación), a los
    jóvenes de la Isla les gusta el dinero y los bienes materiales muchísimo
    más que a sus mayores.

    También son más emprendedores, más arriesgados y despiertos a la hora de
    agenciarse lo que les gusta. Asimismo este grupo reúne, por un lado, las
    cifras máximas de empleados en las shopping y otras instancias donde se
    mueven divisas; mientras que, por otro lado, acumula los más altos
    porcentajes de desocupados formales, bisneros, buscavidas,
    contrabandistas, jineteros, parias y pupilos de las cárceles.

    Más hábiles o más decididos que sus antecesores para hacer lo mismo que
    hacen los mandamases (en lugar de hacer lo que les dicen que hagan),
    estas últimas generaciones carecen por lo general de ideología, por más
    que en esta materia, como en todas, dejan siempre abierta una brecha
    para la negociación. Es verdad que entre ellos se registran las más
    frecuentes incidencias de hechos violentos. Sin embargo, tampoco en su
    caso la violencia es necesariamente sinónimo de una particular valentía.
    Por más que sus motivaciones son bien puntuales, y nunca están
    relacionadas con temas ideológicos, ni siquiera con la reclamación de
    derechos civiles o legales.

    En una palabra, las nuevas generaciones de la Isla pueden tener una idea
    mejor o peor formada acerca de lo que no les gusta en materia de
    sistemas políticos, pero, como conjunto social, carecen de conceptos en
    torno a aquello por lo cual les gustaría apostar.

    Estos son nuestros bueyes, y, tal como sentencia el refrán, con ellos
    tendremos que arar. También resultan imprescindibles a la hora de hacer
    pronósticos sobre el futuro de Cuba.

    Source: ¿Estará lista Cuba para la democracia? | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1467665176_23587.html

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