La libreta del hambre
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Recent Comments

    La comida del Período Especial es la de hoy
    Nuestra mesa ha estado repleta de esos vacíos que dejaron aquellos
    alimentos, alguna vez comunes, que jamás retornaron
    Martes, septiembre 20, 2016 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Es necesario ser o haber sido cubano de a pie para
    comprender el significado de una frase en apariencias sencilla pero en
    realidad extremadamente compleja como es “Dar pollo por pescado”.

    Proviene del repertorio de restricciones y estrategias económicas
    gubernamentales que regulan desde hace más de medio siglo la venta de
    alimentos a la población y, por tanto, guarda escasa correspondencia con
    aquel viejo refrán, referido al engaño, a la estafa, de “Dar gato por
    liebre”, pero en su esencia lo recuerda.

    Se trata de una frase capaz de resumir toda una larga e interminable
    historia de racionamientos y carencias porque describe ese pobre
    panorama culinario, harto dramático y absurdo, vivido a diario al
    interior de nuestros hogares. Y, además, retrata esa mesa, habitualmente
    despoblada, sobre la que nunca aparece el alimento que deseamos comer
    sino la ración de circunstancia, la comida azarosa, incierta, el sucedáneo.

    Panorama dramático por los sucesivos desabastecimientos y por ese dilema
    que afecta a quienes viven de un salario estatal: comer o vestir, comer
    o morir, comer o tantas cosas más que sin ser comida también alimentan
    al ser humano.

    Panorama absurdo porque tanto mar bordeando nuestra isla y tanta tierra
    fértil, cultivable, no dan sentido a estos años de penurias que no se
    reducen a la hambruna de los 90, esa que fue nombrada eufemísticamente
    como “período especial”, y que aunque para algunos ya es cosa del
    pasado, para una inmensa mayoría fue el capítulo “piloto” de una serie
    de terror con infinitas temporadas y aun en trasmisión.

    Esperar por el pescado, abundante en nuestras costas, y terminar
    recibiendo, una sola vez al mes, un trozo de pollo importado desde
    Brasil, es parte de esa distorsión (¿económica?, ¿gastronómica?,
    ¿psicológica?) que afecta a los cubanos desde mucho antes que
    inventáramos el “bistec de toronja”, el “picadillo de gofio”, la
    “hamburguesa de cáscara de plátano”, la “pizza de condones”, el
    “colquito”, el “café de chícharo”, o toda esa variedad de simulacros y
    escamoteos que produjeron las carnes de tiñosas, garzas, ratas, perros,
    gatos y hasta despojos humanos que muchos comieron desde la
    desesperación o desde la ingenuidad.

    No fue exclusivamente la crisis de los años 90 quien inauguró y clausuró
    nuestra fiebre nacional de “trampantojos”, que si bien alcanzó su apogeo
    cuando cierto pícaro logró transformar un trapo de limpiar pisos en una
    suculenta pieza de carne, hizo su debut en la culinaria cubana en el
    instante en que apareció ese cuadernillo de naturaleza inmortal que
    todos conocemos como “libreta de abastecimiento”.

    Desde la creación de la cartilla de racionamiento, todo el universo
    culinario cubano, popular y rico en influencias externas, fue obligado a
    reducirse a un acto de sobrevivencia, marcado por la simulación y
    derivado, sí, de la necesidad pero, además, del deseo por retornar a
    un tiempo pasado, ahora demasiado lejano, que siempre será mejor.

    Nuestra mesa, paradójicamente, siempre ha estado repleta de esos vacíos
    que dejaron aquellos alimentos, alguna vez comunes y tan familiares,
    que jamás retornaron tal cual.

    Los cubanos que residimos en la isla hablamos de la carne de res, de los
    pescados, de los mariscos, del banquete de Nochebuena, incluso de los
    alimentos enlatados “rusos”, con el mismo duelo con que se habla de un
    pariente fallecido y con la misma desesperanza que infunde la certeza de
    un reencuentro casi improbable.

    La “realidad gastronómica” de nuestros hogares está compuesta (y por
    desgracia actualizada) por un espantoso glosario de términos
    “anti-apetitosos” donde las palabras más nobles diría yo que son
    “croqueta” y “fritura” pero que, si estuvieran acompañadas por ese
    lastre de “criollas” o “a la cubana”, o “de Mercomar” (que refiere este
    último a los comercios estatales donde las venden), revelarían un
    verdadero atentado al paladar.

    “Texturizado”, “MDM”, “extendido”, “masa de ¿…?” son de las
    denominaciones más intrigantes referidas a los alimentos más frecuentes
    en nuestros hogares. Se refieren a mezclas de subproductos de apariencia
    cárnica que la mayoría usamos siempre que encontremos una forma de
    simular su aspecto repulsivo y de transformar su sabor original
    desagradable.

    En las calles, en los mercados, en los centros de trabajo, durante el
    tiempo en que hacen fila para adquirirlas, las personas intercambian
    trucos, más que recetas, sobre cómo “matarles” el sabor a rancio o a
    “falta de frío”, otro de los tantos eufemismos que usamos en Cuba, y
    este para evitarnos la vergüenza de reconocer que hemos comido, o al
    menos comprado, carne podrida.

    Casi todo cuanto logramos comer los cubanos de a pie responde a esa
    triquiñuela de no ser lo que realmente anhelamos, a esa maldición que se
    resume en el milagro del Ministerio de Comercio Interior que logra
    transformar los peces de nuestras costas tropicales en cuartos de pollos
    congelados.

    “Pollo por pescado” pudiera ser el resumen de toda una cultura del
    invento y de la transformación. Esa misma cultura que —no logro dar
    crédito a lo que recién he escuchado a un amigo— ha transformado los
    extintores de incendio a base de CO2 en objetos muy controlados en
    nuestras empresas.

    Me ha dicho este señor que, en los últimos tiempos, ha habido un
    incremento de los robos de los extintores de CO2 debido a que los
    vendedores particulares de “refresco gaseado”, un sucedáneo muy popular
    de las gaseosas enlatadas, los usan para impregnarle gas a las bebidas
    que elaboran de manera casera, de modo que parezcan “originales”.

    Al compás del anuncio de un posible retorno del “Período Especial”, es
    cierto que los cubanos se preparan para rehabilitar aquellas viejas
    fórmulas del “bistec de toronja” y los “dulces de col”, sin embargo, eso
    pudiera ser solo parte de esa desmemoria que pareciera afectarnos como
    pueblo y quizás como consecuencia de un trauma nacional, puesto que eso
    que llamamos “comida de período especial” no ha sido otra cosa que
    nuestra comida de todos los días.

    Source: La comida del Período Especial es la de hoy | Cubanet –
    www.cubanet.org/destacados/la-comida-del-periodo-especial-es-la-de-hoy/

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    Calendar
    September 2016
    M T W T F S S
    « Aug   Oct »
     1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    2627282930  
    Archives