La libreta del hambre
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    La congelada Revolución Cubana
    septiembre 27, 2016
    Por Tad Boniecki

    HAVANA TIMES — Escribí este texto, porque me fascinó leer en Lonely
    Planet una versión de la historia de Cuba. Con el deseo de compartirla
    hice un resumen de esta. Me di cuenta, sin embargo, de que algo
    fundamental faltaba en el extracto de Lonely Planet, específicamente una
    síntesis de cómo es Cuba en la actualidad.

    Este articulo no puede llenar ese vacío. Más bien, es una reflexión
    personal de alguien que nació en un país comunista que ha viajado a Cuba
    para tratar de entenderla. Cuba se sentía como entrar en el interior de
    un anacronismo, un museo vivo del comunismo. También es una isla
    compleja, paradójica, fascinante y amable.

    Obviamente, estos pensamientos reflejan mis prejuicios, aunque mientras
    estuve en Cuba sí me replanteé mis ideas con respecto al Che y a Castro.
    Allí, ellos dos son considerados santos que no podían equivocarse,
    mientras que en Occidente son vistos generalmente como violentos
    apóstoles de una ideología en quiebra. Dejando los juicios morales
    aparte, traté de evaluar lo que los revolucionarios crearon, así como
    los aspectos negativos.

    En el lado positivo se puede citar la eliminación de un dictador brutal,
    los logros en los servicios de atención médica y en la educación, además
    de la eliminación de la extrema pobreza. El lado negativo es que Cuba se
    ha quedado atrapada en el pasado.

    Incluso se puede dudar de los tan cacareados logros del comunismo
    cubano. La medicina cubana está paralizada por la falta de tecnología
    moderna y la escasez de medicamentos. La educación es gratuita, incluida
    la universitaria, pero un fuerte contenido ideológico está presente, con
    una Constitución que indica que la política educativa y cultural está
    basada en la ideología marxista. Mientras que la alfabetización es
    extremadamente alta, existen pocos textos disponibles dignos de ser leidos.

    En cuanto a la vivienda, gran parte de ella es muy básica, sin mencionar
    que se están cayendo a pedazos. En general, Cuba es uno de los países
    más pobres de la región. En cuanto a lo político, lo intelectual y lo
    material se queda muy por detrás de naciones latinoamericanas más
    avanzadas, tales como Chile y Costa Rica.

    Así que, ¿los cubanos son mejores gracias a Castro? Cincuenta años atrás
    él hizo un gran bien al eliminar un tirano y al erradicar la extrema
    pobreza, pero ahora en el siglo 21, parece que Cuba estaría en mejores
    condiciones sin el comunismo.

    Antes de la Revolución, Castro tomó el control autocrático de la
    organización rebelde MR-26-7, con algunos disidentes que lo etiquetaron
    como un caudillo (dictador). Él alegó que una revolución exitosa no
    podía ser dirigida por un comité y que requería de un líder fuerte, y ha
    mantenido ese nivel de control.

    Para los de fuera puede parecer que Cuba es un feudo personal de Castro,
    sin embargo, el Comandante parece ser muy popular. Por supuesto, es
    imposible conocer el estado real de la opinión pública, pues no hay
    manera de expresarlo o de medirlo, debido a la falta de libertad
    política. Un lema de carretera dice, “Fidel es Cuba”, y, de hecho, pocos
    cubanos pueden imaginar una Cuba sin Fidel y sin su hermano. Lo que los
    cubanos de a pie desean no es libertad política, sino un mayor nivel de
    vida.

    Al igual que en otros lugares, donde todo el poder se concentra en un
    solo órgano (es decir, el Partido), los cubanos carecen de ciertos
    derechos humanos básicos. Las dos instituciones más respetadas del mundo
    en cuanto a derechos humanos critican con regularidad al gobierno cubano
    por su negativa a respetar los derechos de reunión, asociación y expresión.

    En 2008 Cuba tenía el segundo mayor número de periodistas presos de
    cualquier nación (China tenía el más alto). Cuando los cubanos hablan de
    una Cuba libre, no se refieren a libre en el sentido habitual, sino
    libre de la dominación extranjera.

    Las personas temen hablar abiertamente sobre la política y solo se puede
    leer lo que el gobierno quiere que ellos lean. Pueden estar libres de la
    interferencia extranjera, pero no de la injerencia del siempre presente
    Partido, con sus miles de locales Comités para la Defensa de la
    Revolución, cuya función es, en gran parte, controlar e informar sobre
    la disidencia.

    Me parece que la ingeniería social implica, inevitablemente, la
    supresión de la disidencia. No se puede imponer un modelo socialista y
    permitir la democracia al mismo tiempo. Castro tampoco permite barcos.
    Extrañamente, la costa cubana está vacía, porque a los nacionales no se
    les permite poseer barcos por si intentan cruzar hacia la Florida.

    El filósofo e historiador Arnold Toynbee escribió que el fascismo es el
    intento de vivir en el pasado, y que el comunismo es el intento de vivir
    en el futuro. Él cree que una sociedad progresa cuando la creatividad
    humana es ejercida sobre los problemas del presente. Para ello es
    necesaria la libertad. En Cuba la libertad es un bien limitado, no solo
    para el cubano promedio, sino también para aquellos que dirigen el barco.

    Los hermanos Castro están encadenados a las ideas de un filósofo del
    siglo 19 llamado Karl Marx. Marx no vivió para llevar sus ideas a la
    práctica. Sin lugar a duda él se habría horrorizado por los crímenes de
    Stalin, Mao y Pol Pot. ¿Qué habría pensado sobre Fidel y Cuba? es una
    pregunta muy interesante. Incluso, ¿Marx sería marxista si viviera ahora?

    Una consigna revolucionaria favorita aquí es la del Che que dice “Hasta
    la victoria siempre!” Esta me recuerda el irónico proverbio polaco que
    dice desde los tiempos comunistas: “El comunismo está en el horizonte”,
    lo que significa que no se alcanza nunca. También recuerdo a alguien que
    dice que si el idioma español carecía de un tiempo futuro, entonces
    Castro tendría que callarse. Esto confirma la opinión de Toynbee de que
    la mentalidad comunista significa que se vive perpetuamente en el futuro.

    Sin embargo, paradójicamente, los Castro también están viviendo en el
    pasado. Revolución significa un cambio rápido y radical. Fidel insta
    continuamente a los cubanos a preservar y a defender la Revolución. Por
    supuesto, si no es posible alcanzar o mantener el cambio, mucho menos
    será conservarlo en una institución, como por ejemplo el Partido. Una
    revolución que tuvo lugar hace medio siglo ya no es una revolución, sino
    una reliquia. Lo que realmente él quiere decir es que quiere proteger y
    perpetuar el sistema comunista, en otras palabras, el status quo. Por lo
    tanto, como revolucionario él tiene una postura rígida. La última cosa
    que quiere en Cuba es otra revolución.

    Se dice, medio en broma, que la grandeza de un científico se mide por el
    tiempo que sostienen el progreso en el campo elegido. Si aplicamos esta
    métrica a la política, entonces Castro no tiene igual.

    Otra paradoja es que el propio Fidel haya socavado el socialismo. Ahora
    en Cuba circulan dos monedas, una para los extranjeros, la otra para los
    locales. En cualquier caso, esa es la intención. El problema es que solo
    unos pocos artículos básicos se pueden comprar con la moneda local. El
    sistema de precios dual y la afluencia de turistas, quienes son ricos
    según los estándares cubanos, han distorsionado en gran medida la
    sociedad post-revolución sin clases.

    De manera absurdo, ahora los taxistas ganan más que los médicos. La
    tarifa desde el aeropuerto internacional hasta La Habana equivale a un
    salario mensual alto. Simplemente debido a que reciben propinas de los
    occidentales, las personas que trabajan en la industria del turismo
    están mucho mejor que otros. Ellos son la nueva clase alta. Por ejemplo,
    un camarero en Verdadero puede ganar el equivalente de un salario
    mensual en un solo día, solo de propinas.

    Peter Millar escribe que entre los cubanos “… se ha aceptado ampliamente
    que es mejor que algunas personas tengan cosas buenas a que nadie tenga
    nada. Al menos de esa manera existe la posibilidad de un goteo hacia
    abajo, en lugar del estancamiento y el hambre”.

    Cuba es un país fértil, con abundantes lluvias, sin embargo, su
    agricultura es tan ineficiente que es incapaz de proveerse a sí misma.
    En el año 2008 el país importó el ochenta por ciento de sus alimentos.
    Por lo que, la Isla Cuba ha recurrido al turismo, que desde 1995 es la
    industria número uno. El turismo en Cuba está creciendo más rápido que
    en cualquier otra nación del mundo, y se espera que si se termina el
    embargo, un millón de estadounidenses la visiten en el primer año.

    Los turistas vienen a Cuba para ver las reliquias de su pasado colonial,
    y por sus playas. Pocos lo hacen porque quieren conocer al hombre con
    cuya imagen se vende alrededor de un millón de pulóveres (camisetas) o
    por simple curiosidad relacionada con su ingeniería social. Es una
    paradoja que el turismo de occidente sea el que mantenga vivo al
    comunismo, sin embargo, los turistas no están aquí por su interés en el
    comunismo, de hecho, no quieren ninguna parte de este para ellos mismos.

    Cuba exhibe los conquistas del comunismo – escasez, tiendas vacías,
    colas, precios artificiales, las cosas no funcionan, y un bajo nivel de
    vida (a excepción, claro, de los pocos elegidos).

    La libreta, un sistema complejo y burocrático de racionamiento, fue
    introducida por el Che en 1962 como paliativo temporal a una crisis, y
    se ha mantenido durante más de cincuenta años.

    Al igual que en la Polonia comunista, la mayoría de la gente lucha solo
    para sobrevivir. Las mujeres les piden jabón a los turistas en la calle.
    Por supuesto, hay un lado positivo también -la medicina, la educación y
    la vivienda son gratis para todos, y los alimentos básicos están muy
    subvencionados a través de la libreta.

    Estados Unidos, por el contrario, es un país libre con un alto nivel de
    vida, donde las cosas funcionan y las tiendas están sobre abastecidas.
    Sin embargo, aquí la medicina, la educación y la vivienda son caras, y
    hay un grupo de clase baja que no puede permitirse esos conceptos
    básicos. En Cuba, las cosas son más o menos a la inversa.

    En términos de la psicología de Jung, Cuba es la sombra de los Estados
    Unidos, es decir, la parte despreciada que los Estados Unidos no quiere
    ver y finge que no existe, aunque está justo en la puerta de al lado.
    Con todos sus defectos, el sistema cubano puede tocar la conciencia de
    los Estados Unidos, porque encarna la idea de que cada persona importa y
    debe contar con los elementos básicos de la vida, sin tener en cuenta el
    costo al estado.

    Para los cubanos, los Estados Unidos personifican al Otro, es decir, lo
    que es extraño y peligroso, pero al mismo tiempo atractivo. Es el canto
    de sirena de la búsqueda de riquezas materiales sin trabas por las
    nociones de responsabilidad social.

    El Che era tan idealista que quería eliminar el dinero por completo.
    Mientras que el capitalismo opera como si la gente no importara, el
    socialismo funciona como si el dinero fuera algo irrelevante, ignorando
    así la naturaleza humana.

    A Castro le puede servir tener al monstruoso yanqui a solo 150 km a
    través del estrecho de la Florida. Eso ayuda a unir el país y hace que
    sus advertencias para defender la Revolución sean más creíbles. Además,
    muchas de las carencias se les pueden achacar (de manera justificada) al
    embargo.

    En realidad, el Tío Sam no frunce el ceño a través del agua, pero si se
    sienta en cuclillas a la derecha del suelo cubano. La Base de Guantánamo
    parece una aberración extraña. Solía preguntarme por qué Castro permite
    que los Estados Unidos mantengan una base allí. La respuesta es bastante
    simple. Los soldados estadounidenses están allí y Castro carece del
    poder militar para sacarlos.

    Cuba es un oxímoron -una revolución congelada. Sin embargo, desde la
    caída de la antigua Unión Soviética (1991) ha comenzado a descongelarse.
    Después de dar tumbos durante todo el camino hacia la izquierda,
    cincuenta años atrás, parece que la única manera de salir de la inercia
    era avanzar hacia el centro. Solo si se permite más capitalismo, con las
    desigualdades que este engendra, se puede elevar el nivel de vida de los
    cubanos de a pie. Esa es la verdad incómoda contra la cual los Castro
    están luchando.

    Source: La congelada Revolución Cubana – Havana Times en español –
    www.havanatimes.org/sp/?p=118590

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