La libreta del hambre
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    La Habana, atrapada por el alto costo de vida, calles oscuras y
    pandillas juveniles
    11 de septiembre de 2016 – 15:09 – Por IVÁN GARCÍA

    Excepto las céntricas avenidas o arterias principales, la mayoría de las
    vías secundarias de la capital están oscuras o deficientemente iluminadas

    LA HABANA.-Pasada las nueve de la noche, la calle San Miguel, que enlaza
    el reparto Sevillano con la transitada y sucia Avenida de Acosta, parece
    el plató cinematográfico de una película de terror.

    Contiguo al empercudido asilo de ancianos, las luces de una heladería
    privada alumbran un pequeño tramo de la calle. Luego de pasar el Parque
    Córdoba, recién reparado e iluminado, donde decenas de personas, a
    gritos, charlan con sus parientes al otro lado del charco mediante
    internet inalámbrico, transitar por esa vía es lo más parecido a una
    caminata a oscuras por un terreno minado.

    Lionel, residente en el Sevillano, es miope y cada noche, después de
    terminar su trabajo y para llegar a su casa, debe caminar casi un
    kilómetro “entre baches, aceras destruidas y salideros de agua. Y ahora
    con la jodienda de ahorrar combustible no prenden las luces de la calle.
    El mes pasado metí la pierna en un hoyo y tuve un esguince”.

    Excepto las céntricas avenidas o arterias principales, la mayoría de las
    vías secundarias en La Habana están oscuras o deficientemente
    iluminadas, las aceras despedazadas y las calles repletas de baches o
    sin asfaltar.

    Los dueños de algunos nuevos negocios hacen más que el Estado para
    rescatar espacios públicos. Daniel, dueño de una pizzería en la barriada
    de La Víbora, no se limitó a pintar la fachada, también reparó un
    inmueble de dos plantas.

    Gerardo, quien próximamente abrirá en Santos Suárez un bar-restaurant de
    lujo, por debajo de la mesa pagó el equivalente a 800 dólares a la
    empresa de viales para que asfaltaran dos cuadras aledañas al negocio.

    “El gobierno no hace ni carajo para mejorar la ciudad. Pero si tu
    pretendes tener una buena clientela, tienes que erogar gastos en pintar
    casas aledañas al negocio, plantar arbustos y flores en los canteros,
    reparar aceras y calles y gestionar un alumbrado moderno”, apunta Gerardo.

    Para abrir un pequeño negocio gastronómico o de hospedaje se necesita de
    cuatro a cuarenta mil dólares los proyectos más ambiciosos. “Todo es
    plata, man [hombre]. Aparte del dinero de la inversión, se te va un
    chorro de pesos comprando comida y bebida, pues debido a las
    irregularidades del Estado en el suministro de alimentos, a veces los
    insumos desaparecen de las tiendas. A eso agrega la plata que se gasta
    en pagar a inspectores corruptos para que cierren los ojos y no metan
    las narices en el bisne [negocio]”, comenta Osniel, dueño de tres
    cafeterías al oeste de la ciudad.

    Pero los que más sufren el alto costo de la vida en Cuba son los que
    trabajan para el gobierno. Con un salario promedio que ronda los $27
    dólares, apenas les alcanza para adquirir un tercio de la canasta básica
    y pagar la luz eléctrica.

    Fermín, economista, cree “que para poder desayunar, almorzar y comer
    todos los días, comprar ropa y zapatos cuando tu o tus hijos los
    necesiten, hacer reparaciones menores en tu casa, los residentes en La
    Habana necesitan no menos de $300 dólares mensuales per cápita”.

    La cartilla de racionamiento garantiza alimentos como arroz, azúcar y
    una libra de pollo al mes. Pero ese subsidio alimenticio alcanza para 10
    días o menos.

    Entre el 70 y 80 % del presupuesto familiar se va en comer. Y no siempre
    lo que se desee. Sino lo que aparezca. La capital de Cuba es una urbe
    anómala y desquiciada. La comida cuesta más cara que en Miami y adquirir
    un electrodoméstico equivale a cuatro o cinco salarios mínimos.

    Josuán, un holguinero de visita en la capital se asombra de la carestía
    de vida. “Un taxis por divisas te cobra 10 o 15 cuc o por hacer una
    carrera de siete u ocho kilómetros. El aguatero te pide 100 y 150 pesos
    por llenarte un tanque de agua. Por cualquier reparación, el albañil
    cobra 100 o 200 cuc. ¿De dónde demonio los habaneros sacan tanto dinero?”

    Hay un poco de todo. Desde las remesas familiares, el desfalco
    consuetudinario en empresas del Estado hasta negocios privados, legales
    o ilegales. Ahora mismo, un destartalado Moskovich de la era soviética
    cuesta alrededor de $8,500 dólares y un metro de cristal para poner en
    una ventana ronda los $50 dólares.

    Es precisamente el alto costo de la vida, y amparados por la oscuridad
    de sus calles interiores, que pequeñas pandillas juveniles,
    mayoritariamente negras y mestizas, aprovechan para asaltar a la gente y
    despojarle de un vistoso teléfono inteligente, una cadena de oro o una
    camiseta de Neymar.

    Aunque la prensa oficial hace mutis, según un instructor policial
    habanero, “los robos con fuerza en viviendas ocupadas, robos de
    neumáticos y de motos, asaltos para robar celulares, tabletas o laptops
    han aumentado considerablemente en la ciudad. Sobre todo en los barrios
    marginales de San Miguel, Arroyo Naranjo y La Lisa.”

    Al alto costo de la vida, aumento de la violencia y oscuridad en las
    calles, añada el calor de infarto.

    Source: La Habana, atrapada por el alto costo de vida, calles oscuras y
    pandillas juveniles | Cuba –
    www.diariolasamericas.com/america-latina/la-habana-atrapada-el-alto-costo-vida-calles-oscuras-y-pandillas-juveniles-n4102640

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