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    El día en que Castro no pudo con los estudiantes
    Sus ocho horas de ‘glasnost’ en Cuba terminaron con un puñetazo en la mesa
    Martes, noviembre 29, 2016 | Agencias

    MIAMI, Estados Unidos.- La muerte de Fidel Castro ha hecho aflorar
    historias sobre el líder de la Revolución cubana, alguna muy poco
    conocida como una reunión que mantuvo en 1987 con estudiantes de
    periodismo en la que le dijeron en la cara lo que pensaban del control
    de los medios y el culto a la personalidad.

    Fueron ocho horas de tensión, recuerdan hoy dos de aquellos estudiantes
    que ahora viven en Miami.

    “Aquella reunión entra en el capítulo de las preguntas incómodas a Fidel
    Castro, probablemente como el episodio más destacado, porque los
    estudiantes lo acorralaron tan sinceramente, y con argumentos tan
    válidos, que a Fidel no le quedó otra opción que molestarse mucho”,
    recuerda el periodista Raúl Rodríguez Tiel.

    Aquel año de 1987, el comunismo estaba derrumbándose y el líder cubano,
    fallecido el pasado viernes en La Habana a los 90 años, debía tomar la
    decisión de seguir capitaneando su nave o sumarse al carro de las
    profundas transformaciones políticas y sociales que se daban en Europa
    oriental.

    Una de las pruebas que hizo fue reunirse con los estudiantes de
    periodismo de la Universidad de La Habana que habían asistido antes a
    una obra de teatro crítica con el sistema socialista, titulada “La
    opinión pública”.

    “Llevaron a los estudiantes de periodismo, con la finalidad de escuchar
    sus comentarios en un debate que, intencionalmente, provocaron al final
    de la función”, recuerda el comunicador Jorge Ignacio Pérez, que vive
    hace cuatro años en Miami.

    “Los alumnos recibieron una extraña convocatoria. Debían escribir unas
    preguntas sinceras que serían respondidas, personalmente, por el jefe
    del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de
    Cuba, Carlos Aldana, el ‘gurú’ de la información en Cuba en ese
    momento”, dice Pérez.

    Alrededor de 150 personas de la Facultad de Periodismo, entre
    estudiantes y profesores, se dieron cita en el palacio de Gobierno. Una
    señal de la posible presencia de Castro en el encuentro fue una silla
    diferente, más robusta, aparentemente más cómoda.

    A Rodríguez Tiel y a Pérez la muerte de Castro les ha hecho pensar en
    aquella inusual reunión en la que vieron al líder máximo de su país
    “acorralado” e “incómodo” por primera vez, tanto que dio un puñetazo
    sobre la mesa y abandonó la sala.

    Solo regresó cuando los ánimos se habían calmado.

    “Eran preguntas sobre el culto a la personalidad, directamente en su
    rostro”, dice Rodríguez Tiel, que actualmente trabaja como editor en la
    redacción de deportes del periódico El Nuevo Herald.

    Uno de los estudiantes, Alexis Triana, quien más tarde fue funcionario
    del Ministerio de Cultura, llegó a tutear y cuestionar a Fidel Castro,
    tras lo cual aclaró que “no era agente de la CIA”, la central de
    inteligencia de EE.UU.

    Según lo apuntado por Rodríguez Tiel en una libreta de notas que aún
    guarda, el auditorio estaba repleto de agentes secretos. “Todos saltaron
    de sus asientos inmediatamente que se escuchó la palabra CIA”, señala.

    Para Pérez, que trabajó diez años como reportero cultural en Granma,
    órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, aquella reunión fue
    histórica, porque “no quedó fuera del tintero uno solo de los problemas
    importantes del país”.

    “Le dijeron al dictador, en su propia cara, que en la prensa cubana
    había un culto galopante a su personalidad; que la Guerra de Angola, la
    que Cuba llevaba años gestionando y aportando personal, o sea, muertos,
    había sido un error; que la política estatal denominada
    ‘Internacionalismo Proletario’ era una falacia; que el déficit de
    viviendas se estaba convirtiendo en un problema vital”, rememora.

    Pérez señala que poco tiempo después de esa reunión, “silenciada por la
    prensa oficial”, quedaron suspendidas en Cuba las publicaciones
    soviéticas “Novedades de Moscú” y “Sputnik”, que “editorialmente habían
    dado un giro de 180 grados y comenzaban a mostrar otro país”.

    “El manejo de la prensa siempre fue importantísimo para él (Fidel). En
    los primeros años de la revolución se reunía a cada rato con
    personalidades extranjeras en el periódico Granma, mostrándoles su
    cuarto poder”, agrega.

    Para este periodista, aquel año de 1987 Castro perdió una oportunidad
    única para convocar elecciones y dejar que el país tomara su propio rumbo.

    A la semana siguiente del encontronazo con los estudiantes, que terminó
    de madrugada y duró unas 8 horas, explica Pérez, comenzaron las purgas
    en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana.

    Obligaron a cada estudiante a decir qué pensaba de lo sucedido, delante
    de una comisión enviada por el Comité Central del único partido
    permitido en Cuba, el Comunista.

    Pasarían 21 años hasta que, por enfermedad, y luego de gobernar 49 años
    ininterrumpidamente, Fidel Castro entregó el poder a su hermano Raúl Castro.

    El puñetazo del comandante en jefe sobre la mesa en aquella reunión y su
    salida abrupta del plenario, a Pérez no se le olvidarán jamás.

    “Con Castro no había casualidades, pero esa vez sí las hubo”, finaliza
    el periodista cubano.

    (Roberto P. González/EFE)

    Source: El día en que Castro no pudo con los estudiantes | Cubanet –
    www.cubanet.org/actualidad-destacados/el-dia-en-que-castro-no-pudo-con-los-estudiantes/

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