La libreta del hambre
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    La libreta de racionamiento sobrevive un año más
    MARCELO HERNÁNDEZ, La Habana | Diciembre 22, 2016

    A finales de este mes se pondrá a la venta la cuota del mercado
    racionado correspondiente a enero de 2017. Los cubanos que dependen de
    los productos distribuidos a precios subvencionados conmemoran a las
    afueras de las bodegas, y con largas filas, el 55 aniversario de la
    libreta de racionamiento, cuya eliminación sigue siendo una de las
    asignaturas pendientes de Raúl Castro.

    En 2014 el salario medio mensual subió en la Isla un 24% y alcanzó los
    584 pesos (unos 24 dólares). A pesar de ese incremento, muchas familias
    dependen aún de los precios subvencionados que mantiene la cartilla de
    racionamiento. Sus entradas no les permiten costear los precios marcados
    por la oferta y la demanda ni de la red minorista de tiendas en pesos
    convertibles.

    Distintos analistas y funcionarios oficiales han advertido de que la
    eliminación de la libreta podría causar una caída del nivel de vida de
    los sectores más vulnerables de la población, entre los que se
    encuentran jubilados y familias que no reciben ningún ingreso adicional
    al sueldo estatal.

    Entre los Lineamientos aprobados en el séptimo Congreso del Partido
    Comunista, en abril pasado, se acordó “dar continuidad a la eliminación
    ordenada y gradual de los productos de la libreta de abastecimiento”.
    Sin embargo, hasta el momento la propuesta se ha incumplido, en parte
    por el escaso desarrollo económico que ha experimentado el país en los
    últimos años.

    El producto interior bruto de Cuba crecerá solo un 0,4% este año, su
    rango más bajo en las últimas dos décadas, según confirmó recientemente
    la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Ante esa
    realidad, el Gobierno no ha podido mejorar el poder adquisitivo de la
    población ni desarticular el mercado racionado.

    El Gobierno se enfrenta al dilema de mantener la enorme infraestructura
    y los abultados costos de prolongar la vida de la libreta o suprimirla,
    con la consiguiente profundización de la pobreza en varios grupos
    sociales. Una medida de ese tipo tendría un innegable impacto político
    para un proceso que se ha definido como una revolución “por los humildes
    y para los humildes”.

    El oficialismo ha repetido en varias ocasiones que es preferible
    “subsidiar personas y no productos”, pero la cuota racionada todavía se
    entrega a todo ciudadano por igual, incluso a aquellos que han alcanzado
    un nivel de ingresos superior a la media. La práctica se ha enfocado en
    retirar productos de la canasta básica subvencionada.

    Arroz, granos, aceite, azúcar, sal, huevo, pollo y pan, son algunos de
    los alimentos que aún se mantienen en el circuito subvencionado,
    mientras que otras mercancías han sido retiradas de la libreta, entre
    ellas el detergente líquido, los jabones de baño y de lavar, dentífrico,
    carne de res y cigarros.

    Durante las décadas de los 70 y 80 resultaba prácticamente imposible
    vivir sin los productos de la libreta de racionamiento. Este fenómeno
    causaba, entre otros muchos males, una baja migración interna y un mayor
    control del Estado sobre los ciudadanos.

    Actualmente, la movilidad de la población hacia las capitales de
    provincia y en especial hacia La Habana ha aumentado a raíz de la
    flexibilización de la política en materia de alquileres de viviendas. La
    posibilidad de adquirir alimentos y productos de higiene fuera del
    sistema de racionamiento también ha contribuido al fenómeno.

    La aparición de un mercado paralelo donde se incluyen establecimientos
    estatales y panaderías privadas también ha tenido una enorme importancia
    en el proceso de independencia ciudadana. El pan de la libreta, un tema
    recurrente en asambleas de rendición de cuenta del Poder Popular,
    análisis críticos en la prensa oficial y blanco de burlas de la mayoría
    de los humoristas cubanos, ha perdido su protagonismo.

    Las familias con mejores entradas económicas han renunciado a hacer la
    tradicional cola para obtenerlo por 10 centavos de pesos cubanos.
    Prefieren apelar a las panaderías privadas que ofrecen una amplia
    variedad de productos a precios no regulados.

    Las bodegas con estantes vacíos donde una pizarra anuncia los productos
    del mes se han convertido, junto a los viejos vehículos estadounidenses
    que aún circulan por las calles de la Isla y las vallas con mensajes
    políticos, en uno de los trofeos fotográficos que los turistas se llevan
    como parte del paisaje social de Cuba.

    La desaparición de la libreta tendrá que esperar a que terminen de
    aplicarse las reformas paulatinas anunciadas por las autoridades.
    Probablemente serán más los que lamenten su fin que quienes lo celebren,
    pero el día llegará en que algún nieto incrédulo escuche a su abuelo las
    repetidas historias de “aquella época en la que todos comían lo mismo el
    mismo día en todo el país”.

    Source: La libreta de racionamiento sobrevive un año más –
    www.14ymedio.com/nacional/libreta-racionamiento-sobrevive-ano_0_2131586845.html

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