La libreta del hambre
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    Breve e impreciso boceto de un partidario
    REINALDO ESCOBAR, La Habana | 03/01/2017

    Las imágenes del desfile y la marcha del pueblo combatiente de este 2 de
    enero provocaron en muchos algunas preguntas: ¿Quiénes son estos cubanos
    que asistieron a la Plaza de la Revolución? ¿Qué características definen
    a quienes se despertaron de madrugada, gritaron consignas frente a la
    tribuna o marcharon diligentes portando un cartel progubernamental?

    La prensa oficial los define con adjetivos positivos ?agradecidos,
    fieles, combativos? y los incluye en el lema de moda, ese que cada uno
    de ellos repitió durante este lunes: “Yo soy Fidel”. Pero cabe también
    dibujar los contornos de su naturaleza a partir de lo que no son, o al
    menos de lo que no deberían ser…

    Está claro que en la amplia explanada, a la sombra del Ministerio del
    Interior, no estaban aquellos que mantienen divergencias políticas con
    el Gobierno o los que no tuvieron el ánimo de simular un desbordante
    entusiasmo revolucionario. Quienes aún padecían la resaca de fin de año
    y no pudieron despegarse temprano de la cama también se cuentan en esa
    lista.

    Sin embargo, si se cree a pie juntillas la descripción que hace el
    oficialismo de fieles allí congregados, tampoco debieron concurrir los
    que conforman esa “lacra antisocial que no estudia ni trabaja”, un grupo
    cuya principal ideología es la sobrevivencia y que llama izquierda a
    todo aquello que se hace fuera de la ley para sortear los rigores de la
    cotidianidad.

    Se supone que a la Plaza no asistió ninguno de los tantos que trafican
    con el combustible de tractores y ómnibus del servicio público. No
    estaban siquiera los negociantes de gasolina o petróleo extraídos de los
    equipos de generación eléctrica, transporte de carga y vehículos
    estatales, que revenden el producto a los conductores de vehículos privados.

    En esa masa enardecida se deduce que no asomaba el rostro de nadie que
    comercializa alimentos o productos para la higiene personal extraídos de
    círculos infantiles, hospitales, escuelas, comedores obreros e incluso
    prisiones y unidades militares. Porque ese tipo de gente tampoco tenía
    cabida en una marcha convocada para intachables.

    Bajo esa lógica, entre los combativos trabajadores de la construcción no
    marcharon los que alimentan el mercado negro con cemento, arena,
    bloques, cabillas, muebles sanitarios, cables, tomacorrientes y tantas
    cosas extraídas de las obras estatales. Ni hablar de aquellos que
    incurren en el delito de receptación y compran recursos “desviados” para
    reparar sus viviendas.

    Entre las personas de la tercera edad que representaron a
    alfabetizadores, antiguos milicianos o combatientes internacionalistas,
    ninguno debió ser de los ancianos que compran periódicos en los
    estanquillos al precio de 0,20 centavos y luego los revenden a un peso.
    Ni de esos jubilados que, a las puertas de los mercados, ofrecen
    cigarros al menudeo, bolsas plásticas, café o espaguetis del
    racionamiento para completar su pensión.

    La lista de los que –bajo ningún concepto– debieron formar parte de la
    concentración organizada por el Gobierno este lunes podría alargarse
    indefinidamente. En esas apretadas filas no tenían cabida los
    improductivos, los negligentes en el servicio, los que manipulan la pesa
    en un mercado ni los administradores que maquillan los números antes de
    que llegue la auditoría.

    Entre los miles de jóvenes y adolescentes que agitaban banderas,
    portaban pancartas y coreaban lemas no había espacio para los que venden
    su cuerpo a los turistas ni los que sueñan con largarse del país, ya sea
    cruzando el Estrecho de Florida, atravesando las selvas de Centroamérica
    o pactando un matrimonio sin amor.

    Tampoco estaba previsto que participaran en la concentración los que
    compran una prueba de ingreso a la educación superior o falsifican un
    certificado médico para esquivar el servicio militar.

    Debieron faltar también los que protagonizan ese fenómeno al que los
    medios oficiales llaman “crisis de valores” y ejemplifican con el uso de
    “símbolos ajenos a nuestra cultura” como celebrar el día de Halloween,
    preferir el fútbol al béisbol o llevar una camiseta con la bandera de
    Estados Unidos.

    Si ninguno de esos excluidos del discurso oficial, estigmatizados por la
    propaganda y condenados por el sistema, marchó este lunes… entonces,
    ¿quiénes llenaron la Plaza?

    Source: Breve e impreciso boceto de un partidario –
    www.14ymedio.com/blogs/desde_aqui/Breve-impreciso-boceto-partidario_7_2138856094.html

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