La libreta del hambre
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    ¿Y qué hay con los valores?
    4 Julio, 2017 5:13 pm por Luis Cino Àlvarez

    Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) En Cuba, luego del triunfo de
    la revolución, los valores se largaron. Se los llevaron con ellos los
    burgueses, cuando se lo confiscaron todo y los echaron a patadas de sus
    propiedades, de sus casas y del país.

    Los vencedores se quedaron con todo, excepto con los valores de los
    vencidos. No les interesaban, les repugnaban y parecían obsoletos los
    usos y costumbres de la clase social derrotada.

    Los jefes revolucionarios, que presumían de su falta de distinción,
    creyeron que para que una sociedad funcionara bastaba la voluntad, las
    armas, las consignas, los aplausos y unas cuantas leyes que beneficiaran
    a los paupérrimos.

    Pero la solución que usaron con los centrales azucareros y las fábricas
    resultó imposible aplicarla en el caso de los valores, que no se
    pudieron sustituir con piezas importadas de la Unión Soviética.

    Los valores no eran burgueses, eran simplemente eso: valores. Ahora es
    imposible traerlos de vuelta con apellidos –revolucionarios,
    proletarios, socialistas- que no funcionan, y menos a fuerza de multas y
    decretos.

    Escucho los regaños de los mandamases a este pueblo chusma e
    indisciplinado y me pregunto cómo rayos se las arreglarán para meternos
    en cintura y adecentarnos luego que casi todo –excepto la represión- se
    les ha ido de la mano. Más fácil les será instaurar el capitalismo de
    estado y partido único que se proponen que conseguir el regreso de los
    valores y las buenas costumbres por las que ahora claman.

    No debe interesarles mucho el adecentamiento, es solo para que no demos
    tan mala imagen. Lo que realmente buscaban, convertir a este pueblo en
    una masa abyecta y sumisa, eso lo consiguieron con resultados
    sobresalientes.

    Últimamente, de mala gana y repitiendo el mantra en el que ya nadie cree
    de que la revolución es por y para los humildes y no los dejará
    abandonados, se empieza a reconocer oficialmente –porque ya no se puede
    ocultar la brecha, es demasiado evidente- el ahondamiento de las
    diferencias sociales.

    A menudo, periodistas oficialistas e intelectuales orgánicos del régimen
    lamentan que sean los pobres diablos con un poco de dinero a los que
    llaman “nuevos ricos” los que dicten las pautas estéticas y éticas de la
    sociedad cubana.

    ¿Acaso nos iba mejor y éramos mejores personas cuando comíamos y
    vestíamos por la libreta, vivíamos como se podía de un salario, no
    decíamos ni ji y era solo la elite gobernante, la que disponía de
    privilegios insultantes que disimulaba detrás de las rejas de sus
    mansiones climatizadas, sus villas de recreo y sus cotos de caza, la que
    dictaba esas pautas?

    En esta nave sin rumbo que es la sociedad cubana en los tiempos del
    pos-fidelismo, se enfrenta a la cultura oficial, artificial y traída por
    los pelos, a la cultura de la Coca-Cola y la cultura de la chispa de
    tren. Y con tantas culturas enfrentadas, ha triunfado la incultura.

    Se impusieron el mal gusto, la marginalidad y la chabacanería. ¡Pobre
    del que sea medianamente digno y decente, tenga dos dedos de frente y se
    atreva a pensar con su cabeza! Si no se adapta a vivir en la cochambre,
    perecerá. Así de simple.

    Después del Período Especial, sin que se produjera la caída del régimen
    socialista, se entronizaron en nuestra sociedad los males que usualmente
    se le achacan al capitalismo salvaje: el culto al dinero, el egoísmo, la
    falta de solidaridad.

    La sociedad cubana se hizo más cruel. Por partida doble. A la crueldad
    inherente a las dictaduras se sumó la crueldad del dinero. ¡Ay de los
    que no tengan! Con ellos serán todos los infortunios.

    La pacotilla, la vulgaridad y el egoísmo se han impuesto. Se agotó la
    solidaridad de la que presumíamos. Si lo poquísimo que hay no alcanza y
    cada vez es menos y más caro, ¿con qué vamos a ser solidarios?

    Es el sálvese el que pueda, y que cada cual se las arregle… Y se las
    arreglan. Hoy, los triunfadores de este torneo que se nos ha vuelto la
    vida, además de los privilegiados de la elite, son los dueños de
    timbiriches y paladares, los que alquilan habitaciones a turistas, los
    tarimeros que ponen en las nubes los precios de los frijoles y las
    viandas y que no fían hoy ni mañana tampoco, los desmerengados que
    chulean a sus parientes de Miami de los que antes no querían saber
    porque así lo orientaba el Partido, los funcionarios e inspectores
    chantajistas que se dejan sobornar, los policías convertidos en
    proxenetas, los luchadores que ya no son ladrones, las jineteras, que ya
    no son putas porque en sus afanes por un marido extranjero y una visa de
    donde sea, también pasaron a ser luchadoras…

    Los mandamases castristas, por mucho que regañen, multen y castiguen, no
    hallarán el antídoto contra la pudrición. Tampoco lograrán recuperar los
    valores perdidos. Aquellas aguas revolucionarias trajeron este espeso y
    maloliente fango de la post-revolución.

    luicino2012@gmail.com; Luis Cino

    Source: ¿Y qué hay con los valores? | Primavera Digital –
    primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/y-que-hay-con-los-valores/

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